VÉRTIGO INFORMATIVO

Negociación con las Auc se hizo a un ritmo tan sorprendente, que primó el 'show' y faltó análisis

POR JUAN CARLOS GÓMEZ GIRALDO
Director Observatorio de Medios, U. de La Sabana.
Revista Cambio
Mayo 29 de 2008

LA MONTAÑA RUSA es un símil apropiado para ilustrar el papel que han desempeñado los medios frente al fenómeno paramilitar. Tras empinadas subidas y desenfrenados descensos, han dejado en sus audiencias una molesta sensación de mareo.

A finales de los años 70, medios y sociedad apenas sí entendieron la dimensión de las consecuencias del pacto entre el paramilitarismo y el Estado, y años después reaccionaron registrando en sus espacios informativos el surgimiento del MAS y su efectista manera de darse a conocer. En 1989, después de la masacre de un grupo de empleados judiciales en La Rochela, el presidente Barco declaró ilegales a los grupos de autodefensa y llamó la atención sobre la perversidad de la violencia que estaba siendo tolerada. Por primera vez, los medios dieron cuenta de la existencia de Fidel Castaño, Ramón Isaza y Gonzalo Rodríguez Gacha, marcas registradas del fenómeno paramilitar a partir de entonces.

Para esa época, los medios alcanzaron uno de los picos más altos en el balance de su gestión y asumieron con responsabilidad el papel de investigar e informar. Los periodistas pagaron caro su comportamiento, porque esos ejércitos ilegales amenazaron y asesinaron a reporteros y directores.

En la siguiente etapa del paramilitarismo, los medios bajaron la guardia. La atención desvió su mirada al escenario en el que Andrés Pastrana lanzaba su propuesta de paz con la guerrilla y relegaron la información sobre los paramilitares que, en el entretanto, se reorganizaban y tomaban impulso. A medida que el protagonismo guerrillero perdía audiencia por su evidente fracaso, la industria informativa buscaba nuevos elementos que le permitieran variar el espectáculo, y encontraron en Carlos Castaño una nueva estrella mediática.

Fue así como la televisión sacó del anonimato a los señores de la guerra, los bautizó políticamente y les dio tanta popularidad que se dieron el lujo de diseñar un proyecto político que, como lo reconocieron con orgullo, les permitió apoderarse en 2002 de al menos la tercera parte del Congreso y del poder local en las zonas de influencia.

En la propuesta de "mano dura, corazón grande" que llevó a Álvaro Uribe a la Presidencia, los paramilitares vieron una oportunidad histórica para reincorporarse a la vida civil a muy bajo costo. La negociación se acordó y se ejecutó la desmovilización a un ritmo tan sorprendente, que dejó perplejos a los periodistas que apenas tuvieron tiempo de registrar las declaraciones de los voceros y las anécdotas de la negociación.

Los medios, con muy pocas excepciones, no explicaron lo que ocurría, la opinión pública poco entendió sobre los alcances de la negociación y poca claridad tuvo sobre conceptos tan definitivos como Verdad, Justicia y Reparación. En la información primó el show y faltó la explicación; sobraron titulares y no hubo contexto; abundaron los directos y escasearon las fuentes. Nunca se cuestionó sobre lo que ocurría y la verdad pasó inadvertida.

En otras palabras, la mayoría de los medios se rajó, aunque tienen aún tiempo de recomponer su tarea y ofrecer a sus audiencias la información que requieren para entender un fenómeno al que explicación, análisis, debate y reflexión es lo que le hace falta.

 

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