PALABRAS DEL PRESIDENTE ÁLVARO URIBE
Consejo Comunal de Popayán
Marzo 15 de 2008
Versión editada - temas paz
Por eso nosotros creemos que el país necesita todos los días avanzar más para no tener grupos violentos. Nosotros no queremos que los pueblos vecinos, hermanos, tengan grupos violentos. Y les tenemos que pedir ayuda. Así como nosotros estamos dispuestos a ayudar, también les tenemos que pedir ayuda a los pueblos hermanos, a los gobiernos de los países hermanos, para que Colombia no tenga grupos violentos.
Esa es una verdad. Lo discutido de ahora hacia atrás, es responsabilidad mía. Yo la he asumido, porque no puedo dejar que le trasladen esa responsabilidad ni a la Fuerza Pública ni al Pueblo colombiano. El mandatario tiene que asumir esa responsabilidad.
¿De aquí en adelante qué queremos? Comprensión del mundo, especialmente de los pueblos vecinos, hermanos, y de sus gobiernos, sobre la necesidad de Colombia de no tener grupos violentos. Y tenemos que pedirles ayuda a los pueblos y a sus gobiernos, para esto, como Colombia está siempre dispuesta a ayudar.
Avancemos en esa tarea, apreciados compatriotas. Es seguridad desde la democracia. En muchos pueblos de América Latina hubo búsqueda de seguridad, pero desde la dictadura. Eran gobiernos dictatoriales, que, en nombre de la seguridad, violaban los derechos humanos, suprimían las libertades. Aquí hay una búsqueda de la seguridad, pero desde la democracia.
Alguien me dice a mí en la calle: “Presidente, pero ofrézcales la paz a estos grupos violentos”.
Sería lo mejor. Miren: cuando un presidente tiene que tomar una decisión de lanzar unas bombas, eso genera muchas dificultades y mucha controversia.
Un proceso de paz todo el mundo lo aplaude. Sería mejor estar negociando la paz con ellos. Desde Popayán, en esta víspera de Semana Santa, les queremos decir que ojalá hagan una reflexión y que estamos dispuestos a negociar la paz.
La historia de los pueblos hay que conocerla. Colombia ha sido un país muy generoso con quienes han delinquido. Siempre les ha perdonado. Lo que ha agregado nuestro Gobierno es severidad para enfrentarlos mientras estén delinquiendo, pero no ha quitado la generosidad histórica de Colombia para perdonar.
En este Gobierno se han desmovilizado 46 mil personas: alrededor de 12 mil guerrilleros y los otros paramilitares. Y creo que se les ha tratado con mucha generosidad.
El pueblo colombiano no sabe odiar. Lo que pasa es que se estaba confundiendo la generosidad del pueblo colombiano, su ausencia de odio, su capacidad de perdonar, con debilidad. Y ese es el camino que enmendamos.
Porque una cosa es perdonar y otra cosa es que crean que somos tontos. Una cosa es tenderles la mano a guerrilleros y a paramilitares, y otra cosa es que crean que nos van seguir engañando. Bobos, no. De ninguna manera. Estamos muy creciditos y hemos sufrido mucho.
Entonces si estos grupos quieren hacer la paz, para nosotros, mejor. Estamos listos.
Les pido que consideren una cosa: la tradición histórica de Colombia de perdonar. Uno como ser humano y como Presidente es un accidente, pero yo respeto esa tradición histórica.
Los colombianos pueden tener la seguridad que yo no le gasto tiempo a odiar. Al que odia le pasa lo que le ocurre a la vaca en el pantano: mientras más se pone a odiar, más se atolla. La vaca en el pantano, mientras más patalea, más se hunde, más se atolla.
El odio es muy mal negocio. Por eso uno no puede permitir que en su ser se incube el odio. Aquí hay toda la disposición, sin odio, para arreglar con estos grupos. Pero necesitamos buena fe, y rapidito. Sin malicia y sin cálculo y sin tanta teoría, que se sienten a negociar.
Es que a uno le dicen: es que se necesita una política teórica de paz. Y uno se pone a ver el pasado: ¿cuántas discusiones en el Caguán que por la agenda? ¿Cuántas discusiones que por el cronograma? ¿Cuántas discusiones teóricas de paz? Y mientras había esas discusiones allá, estaban secuestrando aviones y matando y explotando a 200 municipios que maltrataron con explosivos en ese período.
No. No. Aquí la paz necesita poca teoría y mucha buena fe. Si tienen buena fe, hablando poquito, nos sentamos y negociamos. Pero tienen que hacer esa apuesta ellos, porque el pueblo colombiano siempre la ha hecho.