PALABRAS DEL PRESIDENTE ÁLVARO URIBE VÉLEZ EN EL FORO ‘SEGURIDAD, DOLOR EVITABLE’
Bogotá, junio 13 de 2008
Versión editada – Temas Paz
“Seguridad Democrática
Y entonces déjenme llegar a la Seguridad Democrática aquí, en la compañía del Ministro de Defensa, quien ha liderado tantos éxitos recientes, pero que tiene un problema, porque me llama y me cuenta un éxito y como a mí me da mucho miedo del éxito, me dice: ‘pusimos preso a fulano’. Y antes de darle las gracias, le digo: ‘¿Y cómo va el operativo a ver si ponemos preso a perano?’.
En las sociedades con dificultades como las nuestras, muy estimados visitantes y compatriotas, los gobiernos no pueden detenerse a pensar en el éxito, es muy pasajero, es muy difícil. Hay que amanecer todos los días mirando dónde están las nuevas dificultades.
Uno resuelve un problema y le quedan mil sin resolver. Ese es el balance de todas las horas. Por eso hay que estar en ese proceso dialéctico, ininterrumpido, de mirar dónde hay dificultades, a ver cómo se corrigen.
¿Por qué democrática? Este país tenía mucho miedo en el discurso político a comprometerse con la seguridad. La asociaban a incivilidad, la asociaban a militarismo, a extrema derecha, a fascismo.
En el proceso histórico, este país vivió el Siglo XIX en guerras. Terminaron en 1902, cuando se le puso punto final, a la última, a la de los 1.000 Días. Creo, General (Manuel José) Bonett, que nos costó 100 mil muertos.
Al año de haber puesto fin a esa guerra vino la separación de Panamá, que sin duda era la cabeza. Y el país vivió una época de, yo diría que de paz, distinguidos ex ministros. Vino después la violencia partidista, que duró parte de los años 40, de los años 50. Con mucha sensatez, los partidos históricos pactaron el Frente Nacional.
Muchas de esas guerrillas se reinsertaron, parte en la administración del General Rojas Pinilla, parte en la Junta Militar, parte en la administración del Presidente (Alberto) Lleras Camargo y otras se tornaron en guerrillas marxistas, cuando vino la revolución cubana.
A mi generación en la universidad sólo se le presentaba la posibilidad de un mundo socialista, en vía al comunismo.
Yo recuerdo que entraba a clase de economía y lo primero que me enseñaban -a mí me lo enseñaron a los 17 - 18 años, me preocuparía que hoy me lo estuvieran enseñando casi a los 56, porque eso es bastante difícil- entonces la tesis era superestructura, infraestructura, en el libro de Martha Harnecker. Salíamos a estudiar ciencia política, era la lucha de clases como método político para alcanzar la sustitución del Estado burgués por la dictadura del proletariado.
Íbamos a otra clase y era el librito de (Louis) Althusser ‘Ideología de aparatos ideológicos de Estado’.
Y un día el profesor de Filosofía, de Teoría del Conocimiento, dijo: ‘he roto con 25 años de formación. No más Aristóteles, no más Santo Tomás, no más Platón, no más San Agustín, no más Santa Teresa. Aquí solamente (Georg) Hegel, pero apenas para estudiar la dialéctica. (Kart) Marx, (Federico) Engels, (Vladimir) Lennin, para saber para dónde vamos, y Mao Tse Tung ‘Cuatro tesis filosóficas’.
Difícil eso. Y entonces eso creó en muchos sectores de la sociedad colombiana, una visión bastante superable.
A mi generación nunca, nunca, le advirtieron la posibilidad de que le tocará ver el colapso de la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín, la reunificación alemana, la apertura china hacia la economía de mercado, la misma apertura de Vietnam hacia la economía de mercado. Un proceso bastante difícil.
Plantear en este país una política de seguridad era complicado. Cuando nosotros la planteábamos siempre, me decían: ‘están condenados al fracaso’.
Entonces, un día decían las encuestas: 4 por ciento. Decían: ‘tocaron el techo, aquí no prospera la seguridad’; 7 por ciento, tocaron el techo.
Nuestro planteamiento de Seguridad Democrática fue haciendo una pedagogía, demostrándole al país que era seguridad para todos, seguridad con libertades, seguridad para quitarle a Colombia esa pesadilla del terrorismo, que se convertía en la gran obstrucción del disfrute de las libertades.
Y también aparecía un tema internacional. América Latina con gran prevención, por lo que había sido la doctrina de la seguridad nacional que había recorrido el continente. En cuyo nombre se habían conculcado libertades, se había anulado el pluralismo.
Muchos Estados, por combatir el terrorismo, con sus prácticas, llegaron a hacer también terrorismo. En este caso terrorismo de Estado.
Por eso el planteamiento nuestro de Seguridad Democrática, frente al cual hemos tratado de ser totalmente fieles, en este proceso que cumplirá el 7 de agosto seis años de Gobierno. Hemos avanzado, pero por supuesto falta. Eso hay que estarlo ajustando todos los días.
El doctor Efraín Cepeda hablaba de unos logros.
Ustedes, por ejemplo en Bogotá, están en una ciudad que por estadísticas internacionales se ha convertido en la segunda más segura del continente. Dios quiera que pueda seguir en esa senda.
La seguridad ha ayudado mucho a la paz con amplios sectores del terrorismo.
Nosotros teníamos aproximadamente 60 mil terroristas. En este Gobierno se han desmovilizado 48 mil. Una cifra muy grande.
Yo recuerdo aquel Viernes Santo de 1998, cuando se lanzaba el proceso de paz de Irlanda del Norte. Se hablaba de 118 líderes de IRA. En España de 200 líderes de ETA. Aquí 60 mil. La comparación es bastante complicada.
En Irlanda se quejaban de que habían sufrido en muchos años 1.300 asesinatos. Ese año, en la ciudad de Medellín y sus alrededores, Colombia tuvo más de 3 mil 500 asesinatos.
Además un terrorismo muy rico, muy rico, financiado por la droga. Muy difícil de combatir esto.
Yo recuerdo que cuando se dio el proceso de paz de El Salvador -uno de los artífices, en nombre del Gobierno colombiano y de la Comunidad Internacional, nuestro ex Ministro (de Relaciones Exteriores), Augusto Ramírez (Ocampo), que aquí nos acompaña- hubo causas determinantes, habían llegado a un punto de avance militar estancado, tenían unos compromisos de pleno ejercicio democrático, y además habían perdido la financiación de ONGs internacionales, que durante algunos años habían financiado a la guerrilla salvadoreña.
Aquí estos grupos se han financiado por los recursos del negocio del narcotráfico. Entonces han sentido que tienen autosuficiencia financiera, por eso difícil que respondan a exigencias de la comunidad internacional. Eso marca también la diferencia en Colombia.
¿Por qué terroristas?
Muchos me preguntan: ‘¿y porque los llaman terroristas?’. América Latina calificó con la atenuante de insurgencia a grupos guerrilleros que en otros países combatieron dictaduras. Aquí no se combate una dictadura, aquí hay una democracia respetable, una democracia totalmente pluralista, de plenas libertades.
Solamente eso, obliga a denominar a estos grupos terroristas, amen de otras consideraciones: su financiación en narcotráfico, su apelación permanente a delitos de lesa humanidad.
En la Europa de la post guerra se encuentra una norma transversal en los ordenamientos jurídicos. Los ordenamientos jurídicos en Europa califican como terrorismo la acción violenta o la simple amenaza de violencia por razones ideológicas, políticas, religiosas.
Y se preguntan los profesores europeos: ‘¿Por qué tanto rigor?’. Dicen: “Porque es la manera de defender aquello que no podemos dejar que se afecte, nuestra democracia pluralista. Sólo por esa razón, por defender una democracia pluralista, de libertades, los europeos son totalmente severos en la calificación de la violencia.”
Creo que esta democracia pluralista de Colombia merece lo mismo.
Y se hace otra pregunta: ‘¿Ha hecho Colombia esfuerzos de paz?’. Muchos.
No vamos solamente al esfuerzo de paz del Presidente (Andrés) Pastrana. Hay antecedentes bien importantes, como el esfuerzo de paz del Presidente (Belisario) Betancur, para no hablar de otros esfuerzos de paz.
La zona desmilitarizada que les entregó el Presidente Pastrana era una zona de 42 mil kilómetros. Dos veces el tamaño de El Salvador, del tamaño de Suiza, cercana al tamaño de Costa Rica. Y eso tuvo una causa totalmente legítima.
En el proceso electoral de 1998, los diferentes candidatos propusieron esa zona. El país votó por eso. Yo recuerdo que el doctor Horacio Serpa también la ofreció.
¿Qué pasó? Lo repito hoy, lo he dicho con solidaridad de Patria en todos los escenarios nacionales e internacionales, el Gobierno procedió con toda la buena fe. Fue un esfuerzo, pero es que la guerrilla había aprendido en sus fuentes marxistas y de odio, la lección que finalmente les llegaba de (Nicolas) Maquiavelo. “Cuando tu recibas un gesto de generosidad del Estado al que combates, no lo tomes como generosidad sino como debilidad. Aprovéchalo para crecer y para poder avanzar hacia el propósito de destruir ese Estado”
Esa fue la respuesta que la guerrilla le dio a la buena fe con que procedió el Gobierno de la época. Muchos intentos de paz.
Esta mañana me preguntaban algunos integrantes del Parlamento Latinoamericano: ‘¿y cuál es la oferta para la paz hoy?’. Yo diría: el respeto a la democracia, es la oferta fundamental.
Permítanme, para relacionar con esta oferta, mostrar algunos eventos en los cuales esta guerrilla terrorista ha defraudado al Estado colombiano.
Primero dijo que si el país ampliaba la democracia, incorporaba la elección de alcaldes y gobernadores, elección popular directa, ellos dejarían las armas.
Estaba yo en pleno combate en la universidad y recuerdo aquello.
El país debatió durante más de un siglo la elección popular de alcaldes. No se pudo incorporar en el periodo de mayor federalización de Colombia, 1863 – 1886. Después el partido liberal la incluyó como una de las primeras reivindicaciones en el Congreso Ideológico de Ibagué, de 1923.
Y fue el Gobierno del Presidente conservador Belisario Betancourt, con autoría del doctor Álvaro Gómez, gran líder de esta nación, quien sacó adelante el acto legislativo, la reforma constitucional, que en los años 80 incorporó la elección popular de alcaldes. Empezó a practicarse, si la memoria no me falla, en el 88.
Y la reforma constitucional, la Constitución del 91 liderada por el Presidente Cesar Gaviria, incorporó la elección popular de gobernadores y una gran cantidad de mecanismos de participación democrática.
¿Cuál fue la respuesta? La respuesta fue asesinar alcaldes, asesinar actores de la democracia, penetrar corruptamente los presupuestos públicos. Lo que en este Gobierno se ha descubierto del paramilitarismo, lo practicó la guerrilla, lo originó la guerrilla y se lo enseñó a los paramilitares. Ahí tenemos una estafa ideológica de una propuesta de paz.
Después, dice la guerrilla: “hacemos la paz si en Colombia se le dan plenas garantías a la oposición política.” Las que hoy tienen.
Este país tuvo una experiencia. Aquí surgió un partido político que se llamó Unión Patriótica, y a sus líderes los asesinaron.
Nosotros reclamamos que se reconozca, y ustedes lo han hecho con creces, con exceso de bondad, lo que ha avanzado el país, pero reconocemos los problemas que hemos tenido y los que seguimos teniendo.
Asesinaron a los líderes de la Unión Patriótica. Yo creo que aquí se cometió un error, dos errores. Primero, la guerrilla quiso mantener su principio de combinación de formas luchas.
Muchos de los individuos de ese partido estaban en la acción política y al mismo tiempo estaban en la guerrilla. Por eso ahora no podemos permitir la nueva trampa que nos quieren tender.
Promueven clandestinamente lo que ellos llaman un partido clandestino bolivariano, para pretender lo mismo: otra fase histórica de combinación de formas de lucha. Eso no lo podemos permitir. El noble servicio de la política no se puede mezclar con el ejercicio de la violencia.
Faltó también, en aquel proceso de la Unión Patriótica, más decisión al Estado para dar protección.
Garantías a la oposición
Yo diría que hoy la oposición política tiene plenas garantías en Colombia, plenas garantías.
A mí me insultan sin piedad, y lo primero que tengo que hacer es llamar a las Fuerzas Militares para que den piadosa protección.
Y me atrevo a decirlo delante del representante de la OEA. El celo que ha tenido el Gobierno para proteger eficazmente a los líderes de la oposición política.
En este país asesinaban 15 periodistas, el año pasado asesinaron uno. El Espíritu Santo ayuda, pero hay que trabajar. Eso ha sido un propósito muy definido de este Gobierno desde que empezó: la protección de los periodistas, de los trabajadores, la protección de los maestros, la protección de todos los líderes políticos, como expresiones que legitimen nuestro concepto democrático de seguridad.
El periodista que asesinaron el año pasado, la justicia ha dicho que lo asesinaron por razones diferentes al ejercicio del periodismo. De todas maneras grave.
Hemos hecho un gran esfuerzo para que la oposición política disfrute de plenas garantías.
Muchos de los críticos del Gobierno vivían en el extranjero. Hoy están tranquilamente en Colombia, cómodamente en Colombia. Y al Gobierno lo honra mucho poder decir que nuestras Fuerzas Armadas, nuestros esquemas institucionales de seguridad, los proveen de seguridad. Y ellos hacen su oficio de la crítica, en todos los niveles, al Gobierno.
¿Porque, sí hay garantías a la oposición política, que reclamaban las Farc, porque no han hecho la paz? Hacen la pregunta –que hay que responder- ¿es que el Gobierno de Colombia no quiere la paz?
Cuando estaban todavía en la zona desmilitarizada del Caguán, el Gobierno y los candidatos presidenciales de la época fueron al Caguán, y allá se habló de un pacto con la guerrilla, que se desmontaría el paramilitarismo. Yo no fui. Tenía reservas en mi manera de pensar. Dije: ‘yo no voy a ir a hacer con bandido alguno, no voy a darle gusto a bandido alguno de que vamos a desmontar a los otros bandidos, eso hay que desmontarlos es a todos por parejo’.
Desmonte del paramilitarismo
Yo me atrevo a hacer otra afirmación: Colombia tiene hoy desmontado el paramilitarismo. Y les voy a decir porque. La palabra paramilitar surge en Colombia como una palabra para denominar bandas privadas criminales, cuyo objetivo era eliminar a la guerrilla.
¿De donde surgieron? Lo ha dicho Efraín Cepeda, fue una reacción contra la guerrilla, producto del avance guerrillero y del descuido estatal.
El Estado colombiano, para ser benigno, creyó durante muchos años que el avance guerrillero se frenaría, simplemente con la invitación al diálogo. No entendimos el propósito que a ellos los estimulaba, que no era lograr una paz, sino la destrucción del Estado democrático.
Hoy en Colombia el Estado ha recuperado el monopolio para combatir grupos violentos, para combatir delincuencia. Ustedes encuentran que todavía tenemos problemas. Una guerrilla debilitada, pero sigue existiendo, con capacidad de hacer daño. No nos podemos descuidar un minuto.
Narcotráfico, debilitado, pero con capacidad de hacer daño, delincuencia común. Pero hoy no hay bandas privadas de criminales, organizadas para combatir a otros criminales.
Uno encuentra que de los 48 mil desmovilizados -qué cifra tan grande y tan difícil de manejar- han reincidido en el delito 3 mil, pero no han reincidido en el delito original, han reincidido en el narcotráfico. Yo creo que quedan de esos 3 mil reincidentes actuando en el delito unos 500, porque el Estado avanza.
Así como ha sido generoso con aquellos que se han sometido a la ley, se ha sido estricto con aquellos que han reincidido en el delito.
Lo que hemos encontrado en el país es que esos reincidentes en el narcotráfico están muy aliados con la guerrilla. Y lo podemos referenciar por puntos específicos de la geografía nacional.
Yo diría, sin lugar a dudas, que Colombia ha recuperado el monopolio del Estado para combatir los grupos violentos. Yo creo que este es un logro bien importante que se le debe a la persistencia del pueblo, a esa alianza que se llama la Constitución, las Fuerzas Armadas de la nación, el pueblo.
Se ha desmovilizado el paramilitarismo, y el Estado ha combatido con toda la determinación aquellos que no quisieron desmovilizarse.
Ley de Justicia y Paz
Y se tramitó la Ley de Justicia y Paz. Esa ley exige verdad, reparación, justicia. Esta mañana me preguntaban los parlamentarios latinoamericanos: ‘¿entonces eso cómo será con la guerrilla?’. Ahí encontramos un problema.
Porque en el pasado este país perdonó -y mea culpa también, yo estaba en el Congreso, promoví y apoyé esas leyes, cuando el M- 19- perdón total, aquí se le dio la absolución, sin contrición, a los delitos atroces.
Entonces unos pasaron de la destrucción del Palacio de Justicia, a aspirar a la Presidencia de la Republica y a ser los inquisidores morales del Congreso. Nunca se les exigió la verdad, el país se quedó sin conocer cuáles eran sus relaciones con la política, porque ellos sí que sabían aquello de combinar las diferentes formas de lucha. Ellos sí que sabían aquello de delinquir y hacer política, de secuestrar y penetrar el movimiento estudiantil, de asesinar y poner explosivos y penetrar el movimiento obrero. Y nunca se les exigió que contaran eso, que lo confesaran.
La nueva ley sí lo ha exigido
Y la nueva Ley y la Seguridad Democrática han permitido todo este proceso de justicia que se adelanta en Colombia.
Aquellos que se reinsertaron en el pasado están en deuda de contarle al país la verdad. No se les exigió entregar sus patrimonios para reparar a las víctimas, antes el Estado indemnizo a esos grupos. Al Gobierno nuestro le tocó todavía pagarles saldos de indemnización a esos grupos, y ni siquiera han dado cabal cuenta de cómo manejaron ese dinero.
Hoy estamos aquí en una persecución con toda la decisión, para quitarles los bienes a las personas que se han desmovilizado, para que esos bienes se dediquen a reparar a las víctimas.
Sesgo ideológico
Y hay problemas que podemos tener en el futuro, porque todavía queda por allá un tufillo de sesgo ideológico. Hay algunos que piensan que los únicos demonios son los paramilitares, y que los guerrilleros son los arcángeles.
Entonces, cuando eran muy exigentes en el tratamiento a los paramilitares, todavía se expresan como muy indulgentes en el tratamiento a la guerrilla.
Qué aspiraría la guerrilla, por lo que hemos conocido: amnistía e indulto por todo. No se puede. Y para decir por qué no se puede, me quito una convicción doctrinaria de que hay que igualar a los guerrilleros y los paramilitares. Eso es una controversia que he tenido con la Honorable Corte Suprema de Justicia. Yo creo que las controversias no le hacen daño a las instituciones, lo importante es manejarlas argumentalmente.
Aquí todavía, en sectores de la justicia, se tiene la vieja idea de que la guerrilla es una insurgencia contra el Estado, que puede tipificar delitos políticos, y que el paramilitarismo es un socio del Estado para reprimirla.
Primero, lo segundo a mí me ha parecido muy grave. Una cosa es infiltración y otra cosa es sociedad con el Estado. Eso es muy grave haberlo afirmado. Y por eso, un correctivo que se le pide a la justicia, es que en algún momento haga un correctivo sobre eso, porque eso no está de acuerdo con el proceso histórico colombiano.
Yo he pensado que así el uno quiera destruir al Estado y el otro preservar el statu quo, ambos son violadores del ordenamiento jurídico, y esa circunstancia los pone en pie de igualdad. Ahí tenemos una controversia.
Pero me voy a despojar de esa convicción, para decir lo siguiente: no solamente a la luz de la legislación doméstica, sino a la luz de la legislación internacional, hoy no es posible dar amnistía, dar indulto, por delitos atroces. El país se tiene que preparar, porque cuando hemos hablado con el Eln, lo primero que piden es amnistía e indulto para todos.
Una aspiración de las Farc, que ha dicho históricamente, es que ellos no son sujetos pasivos del delito porque ellos desconocen al Estado colombiano. ¿De cuándo acá?, ¿de cuándo acá vamos a considerar que entonces no han cometido delitos?, ¿que asesinar y todo lo que hacen no es delito, que porque ellos desconocen el Estado que tiene el ordenamiento jurídico que describe esos delitos?
Esa es su peregrina tesis. Y entonces esto va a causar dificultades en procesos de negociación. Y son dificultades frente a las cuales se tiene que prevenir el país.
A mÍ me da mucho miedo, doctor Efraín, que cuando empiece la próxima campaña -que aquí vivimos en campaña, los únicos gobiernos que sirven son las que viven en campaña, porque son los que están sometidos diariamente a la presión popular, son los que no pueden descansar, son los que no pueden pasar los fines de semana por ahí con whisky, son los que tienen que estar a toda hora en el trabajo popular- a mÍ me da mucho miedo que cuando se entre a esa fase electoral, y tenemos que precavernos para que eso no ocurra, nos vayan a seducir con todas las garantías en contra de la legislación internacional y de nuestra propia Constitución, que habría que ofrecerle a estos arcángeles del terrorismo. Nos debemos prevenir para que eso no ocurra.
Ahora, el camino nuestro es más difícil. Es que por ejemplo este camino con los paramilitares ha sido muy difícil, pero ha fructificado. Y este camino con la guerrilla ha sido difícil, pero mire, solamente este año tenemos 1.550 guerrilleros desmovilizados. En lo que va del Gobierno ya van más de 13 mil guerrilleros desmovilizados. En todos los años 90 se desmovilizaron 4 mil.
Es más difícil cuando se les dice: ‘ustedes tienen que reparar, ustedes no pueden obtener amnistía ni indulto por delitos atroces, el beneficio que pueden obtener es una sentencia reducida, ustedes tienen que confesar la verdad’. Pero eso es lo que obliga la legislación internacional y lo que finalmente sana heridas, para que el pueblo se sienta reparado, y para evitar esa cadena de venganzas.
Extradición
Eso nos causa complicaciones, de mirada al futuro, con las Farc y con el Eln, pero tenemos que estar preparados para enfrentar esas complicaciones. Como la extradición. Cuando estábamos promoviendo la Ley de Justicia y Paz hubo muchos intentos en el Congreso de debilitar la extradición, nosotros los resistimos todos, resistimos todos esos intentos. Aquí, por ejemplo, se había prohibido la extradición en la Constituyente del 91, texto constitucional muy bueno, con algunas salvedades.
A mí me queda siempre la pregunta: ¿por qué en la Constitución del 91 prohibieron la extradición?, ¿qué había detrás? Es una investigación no hecha en Colombia, y sobre un tema grave, sobre un tema grave.
Y después eso se reestableció en la administración del Presidente (Ernesto) Samper, y nosotros la hemos aplicado rigurosamente y no la hemos dejado debilitar. Nosotros no la negociamos. No se negoció en la Constitución ni en la Ley.
Se aceptó no hacer el envío de unas 14, 18 personas, por su contribución a desmovilizar 36 mil, pero de las personas que se les había aplazado el envío, han sido enviadas, en su mayoría a los Estados Unidos, en una decisión que ha tenido controversia jurídica en Colombia, pero los gobiernos siempre hablan de carácter, como hablamos los seres humanos, y hay pocas veces de la vida cuando le dan a uno la oportunidad de demostrar que sí la tiene.
La carta que recibí anoche de la sala penal de la honorable Corte Suprema de Justicia, obliga a que el Gobierno sea muy prudente en el tema, y vamos a preparar una respuesta sobre esa extradición, pero por fortuna para Colombia se hizo, porque este país tiene que hacer respetar la paz, con la paz no se puede jugar. Y eso crea un antecedente a futuro.
Uno de los temas -porque no vamos a poder hablar de muchos- es que, lo que hace que se hizo esa extradición, se ha agilizado la confiscación de bienes para poder reparar a las víctimas. Había por allá una manipulación para esconder bienes. Yo creo que uno de los logros de esa extradición es que se ha agilizado el hallazgo de bienes para reparar a las víctimas.
Y eso es muy diciente, eso de manera elocuente nos dice cual fue una de las causas para haber definido ese envío en esa extradición.
A un guerrillero que está ofreciendo que va a entregar a Ingrid Betancourt y a otros secuestrados, se le mandó una carta que el pidió, se la mandó la Directora del Das (Departamento Administrativo de Seguridad, María del Pilar Hurtado), con mi autorización, de que si cumple con eso, de que si cumple con eso no se le extradita. Ojala, ojala fuera verdad.
Lo tenemos solamente en un caso, pero estos temas van a producir dificultades en el futuro.
Los de las Farc y los del Eln creen que van a poder llegar como los del M-19 y el Epl, de la atrocidad al Palacio de Nariño, al Palacio del Congreso de la Republica. Las circunstancias históricas son muy diferentes.
Yo creo que vamos a tener que respetar esa norma constitucional que dice que no pueden ser congresistas aquellas personas que hayan sido condenadas por delitos, salvo por el homicidio culposo o por delito político.
Los otros delitos causan un impedimento para aspirar a estas posiciones del Estado. Allí tenemos dificultades para procesos de paz que vienen.
Seguridad, un camino a la paz
O sea, yo creo que la paz finalmente nace es de la seguridad. La seguridad es un camino hacia la paz, y en eso está trabajando este país.
Miren, a uno casi todos los interlocutores del continente le dicen: “hombre, ustedes lo que necesitan es un proceso de paz con la guerrilla”, etcétera. Eso sí que lo aplauden. Yo sí que aplaudo encontrar un grupo como la Odca (Organización Demócrata Cristina de América), que nos diga a nosotros: bienvenida la seguridad.
Uno no encuentra mucha gente que le diga eso, por eso muchas gracias.
Es que, es más fácil decir, en la comunidad internacional: “déle estatus de beligerancia a las Farc”, que decir, apoyamos el proyecto de seguridad de Colombia. Estatus de beligerancia que Colombia pide que no se le vaya a dar,
¿Qué exige el estatus de beligerancia? El estatus de beligerancia exige que controlen un territorio, y ellos no lo controlan. Ellos tienen capacidad de hacer daño.
Este país todavía tiene, para fortuna del planeta, 578 mil kilómetros de selva, el 51 y medio (por ciento) del territorio. Aquí tienen mucho donde esconderse, pero no tienen territorio controlado.
Para reconocerles estatus de beligerancia se exige que tengan una jerarquía. La pudieron tener, la han perdido.
Y hay que pensar qué es la causa de qué. Si la muerte de ‘Manuel Marulanda’, es la causa de que hayan perdido la jerarquía, o la pérdida de jerarquía le causó tal aflicción a ‘Manuel Marulanda’ que le aceleró la muerte.
Eso es una reflexión que es oportuno hacer en Colombia. Ellos aparentaban una jerarquía que no tienen.
Lo otro que se exige es que respeten el Derecho Internacional Humanitario. Se burlan de él, para ellos eso no tienen ninguna importancia. Y el punto más grave: para reconocer un estatus de beligerancia tienen que administrar justicia. Eso es imposible que se de en una democracia.
¿Qué democracia del mundo permite que la justicia legítima, institucional de la democracia, sea derrotada, sea superada por la justicia de grupos violentos?
Si algún país ha sufrido la justicia privada, es Colombia. Si algún país ha hecho un gran esfuerzo para superar la justicia privada criminal es Colombia. Para que nos vengan a decir que las Farc ejercen justicia y que entonces hay que reconocerle estatus de beligerancia.
Eso es una bofetada a un Estado democrático. Fundamental en el Estado democrático es el ejercicio de la justicia, el monopolio estatal de la justicia.
Nosotros le pedimos al mundo que por respeto a esta democracia, al heroísmo de nuestro pueblo, que ha puesto tantas víctimas, a un país que está haciendo un gran esfuerzo para que impere solamente la justicia del Estado, no se vaya aceptar que los grupos violentos pueden ejercer justicia.
¿Qué tal la justicia usurpadora de los violentos, como factor para legitimarlos con un estatus de beligerancia?
Ahora que los llamamos terroristas y que negamos el estatus de beligerancia, que nos oponemos a la paz. No. La quisiéramos negociar.
Alguien me dice: ‘pero si son terroristas, ¿cómo se negocia con ellos?’. Por eso se exige que suspendan sus actividades terroristas. ¿Y qué les ofrecemos? Plenas garantías democráticas. Les ofrecemos la democracia que este país está practicando y que es para todos. En esa tarea estamos.
La verdad es que ver un auditorio como este, unos ex presidentes tan importantes encabezados por el Presidente Fox, el Presidente Calderón Sol, por el ex presidente Leslie Manigat (de la República de Haití), por el ex primer Ministro Henny Eman (de Aruba), por el ex primer Ministro Basdeo Panday (República de Trinidad y Tobago) y por el Presidente de la Odca (Organización Demócrata Cristina de América, Manuel Espino Barrientos), es muy estimulante.
Yo no se, ex Ministro, doctor Augusto (Ramirez Ocampo), a usted que le tocó bastante. Yo creo que en todo el continente le decían: ‘sí, adelante con el diálogo, con los procesos de paz’, pero no esperamos que nos dieran un apoyo tan importante como este a la seguridad.
Por eso, muchas gracias. Este apoyo sí que es importante y sí que nos compromete a no fallar, a no fallar en ese concepto de seguridad democrático e integral.
A mí fue que me animaron a este discurso tan largo, cuando escuché al doctor Efraín (Cepeda). Vicente (Fox) siempre es muy parco pero muy sustancioso. Cuando escuché al doctor Manuel Espino yo quería mejor un dialogo, pero no se opone esto a tres o cuatro comentarios que algunos ustedes quieran formular. Con el permiso de nuestros directores les ofrezco la palabra”.