LA LABOR DE LOS FACILITADORES
Luis Carlos Restrepo
Alto Comisionado para la Paz
Enero 21 de 2008

Como parte de la avalancha de propuestas formuladas en los últimos días por políticos, académicos y forjadores de opinión, el exembajador de Estados Unidos en Colombia, señor Myles Frechette, sugiere en columna de opinión del 20 de enero en El Tiempo, recurrir a un mediador internacional para sacar adelante un intercambio humanitario con las FARC. Descarta el columnista al Presidente Chávez, proponiendo en cambio una personalidad europea, latinoamericana o estadounidense que cuente con la confianza de ambas partes.

Debemos recordar que fue precisamente este el criterio con el cual se aceptó la mediación del presidente Chávez. Que contaba con la confianza de ambas partes. Desde la primera reunión sostenida con la senadora Piedad Córdoba el 15 de agosto de 2007 en la Casa de Nariño, quedó claro que se descartaba un despeje militar en Colombia y se optaría por una negociación en el exterior. Surgió después la propuesta de una reunión en Caracas entre Chávez y las FARC, en la que por solicitud del Presidente venezolano y de Piedad Córdoba no se hizo presente el Gobierno colombiano.

Los resultados de la reunión con Iván Márquez son ampliamente conocidos. Las FARC mantuvieron ante el Presidente de Venezuela su posición de exigir un despeje de los municipios de Pradera y Florida para encontrarse con el Gobierno y empezar a negociar el canje de secuestrados por guerrilleros presos. Tal como había sucedido anteriormente con un delegado del Secretario General de Naciones Unidas y con los delegados de Suiza y Francia, las FARC se negaron a tratar en Caracas con el Presidente venezolano lo relacionado con una fórmula sustantiva para proceder al intercambio.

La negativa de las FARC a tratar el tema del intercambio si previamente no se realiza un despeje militar en Colombia, es un gran obstáculo a la labor de mediadores y facilitadores. Por eso la tarea de los facilitadores se ha centrado en concretar fórmulas para una zona de encuentro, como la propuesta por Francia, Suiza y España en diciembre de 2005, que nunca fue contestada por las FARC. La estrategia de este grupo consiste en presionar a los facilitadores para que exijan del Gobierno un despeje militar sin condiciones. Esa es la razón de fondo por la cual todas las facilitaciones nacionales e internacionales terminan desgastándose.

Hoy se ha reactivado la facilitación de los delegados europeos, quienes actuarán de manera conjunta con la Iglesia Católica colombiana. Su tarea, en principio, está centrada en concertar con las FARC una zona de encuentro, que permita el diálogo de ese grupo al margen de la ley con el Gobierno. Se trata de recorrer de nuevo este camino tortuoso que las FARC han bloqueado en los últimos años, manteniendo inamovible su exigencia de despeje.

Sin embargo, dadas las nuevas condiciones nacionales e internacionales, la Comisión de los delegados europeos y la Iglesia puede explorar otro camino. Como las FARC nunca han exigido despeje para recibir a los facilitadores –como si sucede con el Gobierno-, bien pueden aprovechar su encuentro para convencer a ese grupo que entregue la lista de los presos que buscan sacar de las cárceles. Hasta ahora, y en lo que va corrido del gobierno del Presidente Uribe, se han negado a hacerlo, para ejercer presión en torno a su exigencia de despeje. Pero si lo hacen, podríamos entrar en el tema sustantivo del acuerdo humanitario sin enredarnos en asuntos de procedimiento.

Si se necesita un interlocutor permanente de parte de las FARC, bien puede esa organización delegar al señor Rodrigo Granda, quien goza por parte del Gobierno colombiano del reconocimiento de la condición de Miembro Representante, lo que le permite adelantar gestiones de paz sin ser capturado por las autoridades. Granda es hombre de confianza de Manuel Marulanda, razón por la cual su labor podría facilitar la concreción de un acuerdo. Buena manera, por demás, de retribuir la generosidad del Gobierno francés que pidió su excarcelación y la del Gobierno colombiano que la aceptó esperando que fuera útil para la liberación de los secuestrados.

 

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