PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, ÁLVARO URIBE VÉLEZ, EN LA REUNIÓN DEL PARLAMENTO LATINOAMERICANO
Noviembre 23 de 2007
Versión editada – temas paz
Seguridad Democrática
¿Por qué Seguridad Democrática, apreciados parlamentarios del continente? Por razones del continente, de la historia y por nuestras propias particularidades.
Cuando propusimos desde el año 2000 que nuestro proyecto político sería de Seguridad Democrática, esa proposición la fundamos sobre muchas bases. Una de ellas, establecer claramente la diferencia con lo que había sido la doctrina de la seguridad nacional en el continente.
Una Seguridad Democrática que profundizara el pluralismo, que en dirección opuesta a la doctrina de la seguridad nacional, no introdujera a la censura.
Una Seguridad Democrática para las libertades, no para la eliminación del disenso que vivió el continente durante la época de la doctrina de la seguridad nacional.
Seguridad Democrática para todos los ciudadanos: para los empresarios y para los trabajadores, para los agricultores y los campesinos, para los amigos de las tesis del Gobierno y para los opositores de las tesis del Gobierno.
Seguridad Democrática cuya sostenibilidad depende de su credibilidad, credibilidad que tiene que fundamentarse en la lucha diaria por la eficacia de la Seguridad Democrática, en la lucha diaria por su transparencia, y su transparencia es la adhesión a los derechos humanos.
Seguridad Democrática para que el país se mantenga abierto. En muchos países las puertas se han cerrado no solamente al disenso interno, sino a la vigilancia internacional.
Colombia, enfrentando un problema de seguridad, quizá el más grave que haya vivido el continente, ha mantenido las puertas abiertas al disenso interno y a la crítica internacional.
Aquí, a las ONG críticas no se les exige ni visa. Hoy el único riesgo que corren, es de pronto tener un debate con el Presidente de la República, pero son rodeadas de todas las garantías.
Yo creo que la vivencia de libertades en Colombia no se aprecia lo suficiente, porque se goza lo suficiente.
Es difícil encontrar un país enfrentando el desafío del terrorismo, que nosotros enfrentamos, con la vivencia de libertades que rodea a todos los ciudadanos.
Hemos avanzado en materia de seguridad, pero no hemos ganado. Hay que persistir en esta tarea. Y además de los delitos atroces del terrorismo, tenemos la lucha por la seguridad cotidiana.
Recientemente este Congreso aprobó una ley que da mejores posibilidades para enfrentar el tema de la seguridad cotidiana. Ejercemos una labor diaria de trabajo con la Fuerza Pública, con las autoridades locales y de todas las regiones, para avanzar en el tema de la seguridad ciudadana.
También se ha aprobado la nueva ley para proteger a las familias contra la violencia, que consideramos de fundamental importancia. En esa ley se incluyen unos artículos bien importantes, especialmente para proteger a la mujer y para proteger a los niños.
Seguridad, el camino hacia la paz
Nosotros creemos que la seguridad es el camino a la paz. Estamos convencidos que los terroristas no hacen la paz por convicción sino por necesidad.
La historia de este país ha demostrado que los pocos que han hecho la paz la hicieron cuando estaban militarmente derrotados.
Nosotros creemos que el apaciguamiento es una manera de fortalecer el terrorismo. Pensamos que la seguridad aplicada con eficacia, es el camino que obliga al terrorismo, en algún momento, a aceptar que tiene que negociar la paz.
Este Congreso, en medio de un gran debate nacional e internacional aprobó la Ley de Justicia y Paz. Primero se le criticaba mucho, diciendo que era un acto de legalización del narcotráfico y del paramilitarismo. Por fortuna ahora, los críticos de ayer lo que piden es más celeridad en su aplicación.
Fue una bella discusión democrática de un tema muy difícil, muy controversial. Una de nuestras prácticas democráticas es mantener las cartas sobre la mesa.
Hace pocos días, un congresista de los Estados Unidos me preguntaba: “¿Presidente es verdad que el Gobierno de Colombia ocultó en el proceso electoral de 2006 la negociación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos?”.
Y le contesté: eso es opuesto a nuestra práctica democrática. Al contrario, pedimos que se acelerara la negociación, para que hubiera suficiente tiempo para que el electorado conociera ampliamente lo que habíamos negociado y el electorado pudiera llegar al día de elecciones con clara conciencia sobre el tema.
Lo mismo ha pasado con el tema de seguridad: gran controversia, pero nada se ha ocultado. Hemos preferido la controversia intensa y permanente, que el ocultamiento, apreciados parlamentarios.
Esa Ley, a mi juicio, es bien importante porque ayuda a la desmovilización, pero es muy exigente en materia de justicia y de reparación.
Este país, como en tantos países del mundo, tiene experiencia en leyes de perdón, amnistías e indulto, desconociendo delitos atroces.
En nombre de procesos de paz, de leyes generosas que yo mismo ayude a aprobar en este recinto como Senador de la República, aquí pasaron delincuentes comprometidos en atrocidades, a ser miembros de este parlamento y a aspirar a la Presidencia de la República.
Eso en la Ley de Justicia y Paz no se repitió. La Ley de Justicia y Paz es un buen balance entre la paz, la justicia y la reparación; no permite la amnistía ni el indulto para delitos atroces.
Tampoco desafió la provisión constitucional de venir a este parlamento, a aquellas personas condenadas por delitos diferentes al delito político o al homicidio culposo.
La Ley de Justicia y Paz ofrece a los responsables de delitos atroces, el beneficio de una sentencia reducida, sin amnistía, sin indulto, sin que puedan ejercer el derecho político de ser elegidos, pero les obliga confesar los crímenes y les obliga a entregar su patrimonio para reparar a las víctimas.
Un gran desafío, un gran precedente para este país y para el mundo.
Pero tenemos un problema: muchos de los críticos han dicho que esa Ley es laxa, indulgente con el paramilitarismo, y al mismo tiempo dicen que es muy dura e inaplicable frente a la guerrilla.
Yo he sido de la tesis, en la discusión con mis compatriotas, que nosotros no podemos seguir buscando pretextos históricos o motivacionales, para darle un tratamiento diferente a guerrillas y a paramilitares.
Creo que les tenemos que dar un tratamiento igual, y que eso tiene que provocar al interior del país y con la comunidad internacional, una muy constructiva discusión sobre los estatutos legales que se adopten, en el momento en que se den acuerdos de paz con las guerrillas que persisten.
Tendremos que mirar también las limitaciones de los tratados internacionales. Y tendremos que aceptar que, al darle el mismo tratamiento a la guerrilla que a los paramilitares, hay que ser igualmente severo con la guerrilla o igualmente concesional con los paramilitares.
Estos temas son de mayor cuantía, generadores de debate, pero deben ser agitados permanentemente, como se obliga en la democracia, para que la opinión pueda hacer una permanente reflexión sobre los mismos.
La Ley de Justicia y Paz, que es una segunda etapa de la Seguridad Democrática. La primera etapa ha sido el enfrentamiento radical al terrorismo, imparcial, desde la hora cero de Gobierno, por igual a guerrillas y a paramilitares.
Esta Ley ha permitido desmovilizar 46 mil personas. Este año estamos llegando ya a la desmovilización de 3 mil personas.
Cuando nuestro Gobierno empezó, Colombia tenía cerca de 60 mil integrantes de los grupos terroristas. Comparen eso con lo que ha pasado en otros países del mundo.
Recuerdo en aquel Viernes Santo de 1998, cuando se firmaba el acuerdo de paz de Irlanda. Registraban allí que en casi 100 años de esa confrontación, en 80 años, se habían producido 3 mil 300 asesinatos.
Solamente en el año 98 en mi ciudad y los alrededores, hubo 5 mil asesinatos en Colombia. Solamente en 10 años, 23 mil secuestros denunciados en Colombia. Ven ustedes la dimensión del problema.
Se han desmovilizados 46 mil terroristas. Unos 10 mil de la guerrilla y el resto de los paramilitares. Yo creo que es un gran avance, pero todavía falta mucho, y falta que se produzcan las sentencias de la Ley de Justicia y Paz, está en los procesos de audiencia.
Hay un proceso muy esforzado de reinserción de los desmovilizados. Es un proceso complejo, es un proceso costoso. Este país tiene 1.099 municipalidades, de ellas, casi 800 son municipalidades en promedio con menos de 25 mil habitantes.
La complejidad del problema la da esta comparación: imaginen ustedes dos municipalidades con la totalidad de la población, como población desmovilizada de grupos terroristas en plan de reinserción.
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Y el tema de las víctimas. Hasta ahora han aparecido 87 mil víctimas. Antes, las víctimas se quejaban en el extranjero o aquí en voz baja.
La Seguridad Democrática, la protección, el avance de la política de seguridad, de la política de aplicación de la Ley de Justicia y Paz, le ha dado valor a las víctimas para que aparezcan a reclamar. Han aparecido 87 mil.
El Ministro del Interior y de Justicia (Carlos Holguín Sardi) y el Alto Comisionado (para la Paz, Luis Carlos Restrepo) están preparando un decreto que aspiramos expedir en diciembre, para buscar un mecanismo de conciliación con las víctimas por la vía administrativa, que tiene unos costos fiscales y unos costos no fiscales.
En materia de costos fiscales, el tema es enorme. Preferimos enfrentarlo por la vía de la conciliación administrativa, que esperar que todo vaya a los estrados judiciales.
Denominación de terrorismo
Muchos comentaristas de la comunidad internacional y aquí, dicen que por qué el Gobierno nuestro desconoce el fenómeno con la guerrilla y con los paramilitares como un fenómeno de conflicto, y por qué los señala como terroristas.
Cuando uno lee las legislaciones europeas, encuentra que en muchas de ellas se define terrorismo como el uso de la fuerza o la simple amenaza del uso de fuerza por razones ideológicas, políticas o religiosas.
Y se le pregunta a los profesores europeos: “¿ustedes por qué tan severos?” Y contestan: “porque tenemos una democracia pluralista que tenemos que defender con todo el rigor, y nos vamos a permitir que contra ella se atente por la fuerza”.
Acuerdo humanitario
Estamos ahora en el tema del acuerdo humanitario. Este Gobierno ha disminuido enormemente el secuestro. Este país llegó a tener 3 mil secuestrados por año. Este año todavía hay muchos, puede haber alrededor de 300 casos de secuestro, pero el país ha mejorado enormemente.
Se mantienen secuestradas estas personas, estos compatriotas, donde está la doctora Ingrid Betancourt, de nacionalidad también francesa, y tres norteamericanos.
El Gobierno ha hecho grandes esfuerzos. Les voy a hacer una enumeración de esfuerzos.
Primero, aquí hubo un delegado, durante dos años y medio, de las Naciones Unidas. Infructuoso. Después, se autorizó la facilitación del señor ex presidente Alfonso López, fallecido, del señor ex presidente Ernesto Samper. Facilitación infructuosa. La facilitación de la Iglesia Católica. Facilitación infructuosa.
Hemos tenido una facilitación de 2 delegados de Francia, de España y de Suiza, una facilitación que lleva más de 3 años. Infructuosa.
Ellos propusieron una zona de encuentro para hacer el acuerdo humanitario, el Gobierno la aceptó. La guerrilla primero dijo que no había sido comunicada y después dijo que no la aceptaba.
Después la guerrilla les ofreció liberar una persona. Los europeos le pidieron al Gobierno crear un corredor sin presencia militar para esa liberación. Incumplieron.
Nosotros hemos hecho todos los esfuerzos.
En el último esfuerzo muchos compatriotas me decían: “Presidente, ese es un riesgo político muy grande, porque usted ha permitido esta mediación y entonces les van a entregar los secuestrados, y eso lo van a tomar aquí como una bandera de la oposición. Y se va a utilizar contra las tesis de Gobierno en las elecciones de 2010”.
Yo dije: ‘tengo que mirar dos aspectos. Por un lado, el cálculo de ese riesgo político que me señalan muchos compatriotas; y por otro lado, si noblemente estamos buscando o no el acuerdo humanitario”.
Entonces dije: “voy a ignorar el supuesto riesgo político, si hay que correrlo lo corremos, para demostrar toda nuestra buena fe en la búsqueda del acuerdo humanitario”. Lo hicimos.
Además, en la idea de que el último procedimiento era un procedimiento frente al cual la guerrilla tenía que cumplir la obligación de entregar esos secuestrados.
Yo me pregunté: “si no es ahora y a los ciudadanos que están mediando, a quienes les van a entregar los secuestrados, no hay a quien en el mundo se los puedan entregar”.
Yo les pido a ustedes reflexionar sobre eso. El Gobierno no se detuvo en cálculos políticos. Dejó el cálculo político a un lado, e hizo todo el esfuerzo para que se diera la liberación de los secuestrados.
Es que las Farc a todo el mundo le ha incumplido. Miren todos los esfuerzos que hemos hechos. Súmenle otros. Nosotros liberamos unilateralmente hace 3 años, 27 integrantes de las Farc, hace 3 meses ordenamos la liberación de 150 integrantes de las Farc, unilateralmente. No fácil. Hasta hoy la Corte Suprema nos ha revocado 6 resoluciones de indulto.
A pedido del Presidente (Nicolas) Sarkozy de Francia liberamos a Rodrigo Granda, con dificultades legales para proceder con esa liberación. ¿Y cuales son las respuestas que nos han dado las Farc? Mentiras, dilaciones y asesinatos.
Primero asesinó al Gobernador de Antioquia, que lo tenían cautivo. A un ex Ministro de Defensa, a unos oficiales de la Fuerza Pública, y después asesinó a los 11 diputados vallecaucanos.
Y permítanme detenerme un poco allí, porque ustedes integran un auditorio muy respetable del continente, y yo no puedo como Presidente de Colombia, desaprovechar esta oportunidad para darles detalles y versión. Por supuesto que procuro que sea lo menos subjetiva posible.
Estábamos intentando rescatar al Gobernador de Antioquia, en plena selva, recuerden, este país tiene 578 mil kilómetros de selva.
En ese operativo los asesinaron. Yo hablé esa misma noche con dos sobrevivientes, oficiales del Ejército. Me contaron lo siguiente: cuando los helicópteros militares sobrevolaban la selva, de abajo del campamento prácticamente no se veían los helicópteros por el espesor de la selva, árboles de 40 metros de altitud, con una gran densidad. Y de los helicópteros se veía todo el follaje, la estructura de ramas de los árboles, pero no se veían los campamentos.
Cuando se oyó el ruido, los terroristas se espantaron. Y al ver que no llegaban los soldados, regresaron al cambuche que tenían allí, a un campamento precario, y asesinaron en el suelo, asesinaron en el suelo a los cautivos.
El Gobierno ha dicho: íbamos en una operación de rescate, pero no hubo un combate. No habían llegado los soldados, no se había disparado un tiro. Cómo los mataron.
Y me contaban los suboficiales, porque este país -en mi concepto- tenía una gran inclinación a dialogar con los terroristas y a no dialogar con la gente que vive respetando la ley.
Nosotros tenemos un concepto de Estado Comunitario para abrirle toda participación a la ciudadanía. Creemos en eso, creemos que entre más participe la ciudadanía en la definición en las tareas del Estado, en su ejecución y en su vigilancia, hay más eficiencia, más equidad en la apropiación de los recursos, y hay más transparencia.
Entonces, nosotros hemos tenido una actitud más fuerte contra el terrorismo, y más abierta con la ciudadanía que vive dentro de la ley.
El ex gobernador y el ex ministro trabajaban mucho en el diálogo con la guerrilla. Y en ese cautiverio tuvieron estas conversaciones con los jefes guerrilleros que los tenían secuestrados: “¿Por qué nos secuestran a nosotros, si nosotros hemos sido sus amigos y los amigos del diálogo?
Siempre les contestaron con ese viejo odio que sembraron las guerrillas de la dictadura del proletariado en nuestro país: “ustedes no son nuestros amigos, ustedes son nuestros idiotas útiles”.
¡Cuidado comunidad!
Estos terroristas colombianos han sabido convertir en idiotas útiles a todos aquellos que les han dado la mano. Parecen la fiera carnívora, que cuando se le da una coliflor o una verdura la recibe, pero en la cuarta ocasión, en la cuarta ocasión ya le aparece su rabia, y le devora la mano a quien generosamente le extiende la mano para entregarle una verdura.
Y asesinaron a los diputados vallecaucanos y mintieron. Produjeron show y mentira. Y no fueron capaces de sostener la mentira.
Prepararon una noticia, que la liberaron cuando era media noche en Colombia y amanecía en Europa, para hacer allá el show, de que los diputados habían sido asesinados en un combate con las fuerzas del Gobierno. ¡Mentiras, mentiras, los asesinaron estos terroristas de las Farc!
Esa es la única respuesta que hemos tenido, porque siempre las Farc han incumplido.
Cuando se abrió una zona de encuentro, en un municipio que se llama La Uribe, las Farc engañó a todos los que por allí pasaron. Engañó a la administración del Gobierno del Presidente (Andrés) Pastrana, cuando les entregó durante casi 4 años 42 mil kilómetros cuadrados.
Una zona despejada del tamaño de Suiza, dos veces El Salvador, que la guerrilla lo convirtió en un lugar de cautiverio de secuestrados, en un cuartel de terrorismo, en una zona de cocaína.
Han incumplido. Dijeron cuando yo era estudiante universitario: “si Colombia amplia la democracia, introduce medidas como la elección popular de alcaldes y gobernadores, las guerrillas cesamos nuestras actividades violentas”. ¡Mentiras!
Después de un debate centenario, Colombia abrió su espacio de ampliación democrática, y estos bandidos se convirtieron en los sicarios de las autoridades locales.
Han incumplido. Dijeron: “el día que Colombia le de garantías a la oposición, ese día cesamos la lucha armada”. ¡Mentiras!
La oposición, en este Gobierno, ha tenido garantías no retóricas, garantías eficaces gracias a la Seguridad Democrática.
Muchos de mis críticos vivían en el extranjero. Hoy están en Colombia y ejercen plenamente su libertad, hasta el extremo de llevarla a difamar del Gobierno. Aquí protegidos por la Seguridad Democrática.
Este Gobierno ha presidido las elecciones de 2003, referendos regionales, elecciones de Congreso y Presidenciales de 2006, y acaba de presidir unas elecciones regionales, con un gran avance en materia de garantías efectivas a todo el mundo, gracias a la Seguridad Democrática.
Los que ayer prometieron que dejaban las armas si había garantías a la oposición, son los mismos que hoy siguen matando, matando a los actores de la democracia.
Dijeron estos bandidos que si se desmontaba el paramilitarismo cesaban sus actividades violentas. ¡Mentiras!
Este Gobierno es el primero en haber enfrentado el paramilitarismo en Colombia, y es el que ha desmontado el paramilitarismo. Nosotros hemos desmovilizado más de treinta y pico mil paramilitares. La mayoría de esos jefes están en la cárcel.
Tenían un poder inmenso hace 5 años. Hace 5 años no era anticipable que 5 años después, ese poder tan grande, pusiera estar reducido, desmantelado como hoy está.
Acabamos de tener unas elecciones sin paramilitarismo, un gran avance de este país. Este país mantiene hoy guerrillas debilitadas, narcotráfico, casi siempre juntos, pero ya no tiene paramilitares.
¿Por qué lo digo? porque la palabra paramilitar se usó en Colombia para denominar las bandas privadas de criminales, organizadas con el propósito de enfrentar a la guerrilla.
Ustedes recorren Colombia hoy, y encuentran que el Estado ha recuperado el monopolio que nunca debió perder: el monopolio en enfrentar a cualquier organización criminal, por eso digo que este país ha desmontado el paramilitarismo.
Y miren la reacción de estos terroristas: persistir en su terrorismo.
Estos bandidos le introdujeron a Colombia la combinación de las formas de lucha, crearon la reacción paramilitar, el problema del asesinato de los trabajadores y quieren revivir eso con motivo del acuerdo humanitario.
Las guerrillas marxistas de los años 60 – 70, trajeron a Colombia la combinación de las diferentes formas de lucha.
Era yo estudiante universitario, y ellos asesinaban y penetraban el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, sectores del periodismo, sectores de la política.
Los gobiernos nos las enfrentaban debidamente, engendraron la reacción paramilitar que vino a competir con las guerrillas en crueldad.
Y entonces los paramilitares dijeron: “este líder obrero es colaborador de la guerrilla”. Lo asesinaban.
Después vino la guerrilla y dijo: “este líder obrero es cómplice de los paramilitares”. Lo asesinaban.
El problema que hoy estamos superando, y que hoy nos cobran los Estados Unidos, porque es lo que invocan allí algunos sectores políticos para negarnos el TLC, justamente al Gobierno que ha venido a superar ese problema.
El problema de la Unión Patriótica, un partido de oposición que lo exterminaron. Ahora que hay unas reclamaciones ante cortes internacionales por indemnizaciones, el mundo tiene que saber que allí hubo falla en el servicio público de seguridad del Estado y combinación de formas de lucha.
Muchos integrantes de ese partido político estaban en este Congreso y también en la guerrilla.
Combinación de formas de lucha. Ellos practicaban violencia y eran víctimas de la violencia.
Las Cortes Internacionales, la Justicia Nacional, al definir el tema de los reclamos de la Unión Patriótica, tienen que conocer eso.
Y miren otro tema: ¿por qué la preocupación de Colombia ahora con el Acuerdo Humanitario? Porque estos bandidos han abusado de los buenos oficios internacionales, del dolor del pueblo colombiano por los secuestrados, y han querido volver a las diferentes formas de lucha, mientras hacen protagonismo político en las capitales internacionales.
En Caracas, abusando de la necesidad del acuerdo humanitario. Aquí, en las semanas anteriores, asesinaban candidatos a las elecciones locales. Y el lunes de esta semana intentaron, en un ataque terrorista, asesinar al Gobernador del departamento del Cauca. Eso no lo acepta ningún país del mundo.
Por eso, nosotros hemos dicho: necesitamos el acuerdo humanitario, lo hemos buscado de todas las maneras, pero no podemos permitir que el acuerdo humanitario sea una oportunidad para que la guerrilla terrorista se posicione políticamente, y aquí continúe cometiendo crímenes en nombre de la combinación de las formas de lucha.
Necesitamos encontrar un procedimiento para que se libere a los secuestrados, sin que implique un retroceso en Seguridad Democrática.
A mí me da mucho miedo la confusión babilónica. Este país ha ganado un intangible, apreciados parlamentarios. Este país ha vuelto a recuperar confianza.
Este país estaba en el ejercicio del poder estatal totalmente desinstitucionalizado hace cinco años.
Recuerdo la discusión de los teóricos del derecho, cuando la invasión alemana a Francia. Se preguntaban: “¿quién ejerce el poder estatal en la nación francesa?” Y finalmente concluyeron: quien tenía la capacidad de tomar decisiones y hacerlas cumplir coercitivamente, el estado invasor alemán, no obstante que se mantenían intactos los elementos sociológicos constitutivos de la nación francesa.
Algo parecido le pasaba a Colombia hasta hace cinco años. Se mantenían intactos los elementos constitutivos de la nación colombiana, pero, en muchas áreas de este país el Estado colombiano había sido derrotado por los usurpadores terroristas de la guerrilla y de los paramilitares.
Este país ha ganado el intangible de pensar que se puede recuperar la ley y el orden, la seguridad como servicio del Estado, que es factor de convivencia. Eso no lo podemos perder.
A mí me da mucho miedo que el protagonismo político del terrorismo, abusando del acuerdo humanitario, mientras sigan asesinando en Colombia, nos cree una confusión y nos haga pasar de la claridad que se ha obtenido en las grandes mayorías colombianas sobre la Seguridad Democrática, como valor democrático, nos haga pasar a una nueva confusión, que sería un motivo de retroceso.
¿Qué sigue hacia delante? El Gobierno va a seguir buscando por todos los medios la liberación de los secuestrados.
Y voy a expresarle, como punto final, al Parlamento Latinoamericano: si los terroristas liberan los secuestrados en una decisión unilateral, al Presidente Chávez de la hermana República Bolivariana de Venezuela, o al Presidente Sarkozy de Francia, o a la Cruz Roja Internacional, o simplemente los liberan, el Gobierno de Colombia desde ya dice: bienvenida esa liberación.
Y les pido a ustedes, tomar nota de lo siguiente: tenemos todo el interés en la liberación de los secuestrados, pero tenemos que tener todo el cuidado, para evitar el abuso del terrorismo, que nos lleve a crearle confusiones a la política de Seguridad Democrática.
Muchas gracias estimados parlamentarios latinoamericanos”.
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