PALABRAS DEL PRESIDENTE ÁLVARO URIBE EN HOMENAJE AL LÍDER CAFETERO LUIS IGNACIO MÚNERA CAMBAS
Medellín
Noviembre 22 de 2007
Versión editada – temas paz

Esfuerzos por la liberación de los secuestrados

Sé que a ninguno de ustedes, apreciados compatriotas y coterráneos, escapan esta noche preocupaciones de la nación. Permítanme referir a algunas de ellas.

Hemos hecho todos los esfuerzos por el acuerdo humanitario. Primero tuvimos aquí a un delegado durante dos años y medio del Secretario General de las Naciones Unidas. Sin resultados. Autorizamos la facilitación de los ex presidentes Alfonso Michelsen (q.e.p.d.) y Ernesto Samper Pizano. Autorizamos la facilitación de la Iglesia Católica. Liberamos, primero, a 27 integrantes de las Farc, de manera unilateral. Recientemente ordenamos liberar a 150, en difíciles circunstancias legales. A petición del Presidente Sarkozy de Francia se liberó, también con dificultades legales, a Rodrigo Granda.

Hemos hecho todos los esfuerzos. ¿Y qué resultados obtenidos hasta el momento? El asesinato del Gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria Correa, el asesinato del ex ministro Gilberto Echeverri, el asesinato de integrantes de la oficialidad y de suboficiales de la Fuerza Pública, el asesinato de los diputados vallecaucanos.

En aquel amanecer en Colombia, cuando ya era la mañana en Europa y las Farc anunciaron la muerte de los diputados, mintieron y fueron incapaces de sostener la mentira. Le dijeron al mundo que los diputados habían muerto en un enfrentamiento con el Ejército colombiano. Falso de toda falsedad. Mintieron y fueron incapaces de sostener la mentira.

Hemos hecho nuevos esfuerzos. En relación con el último esfuerzo, los colombianos, muchos, me decían: “Presidente, ¿por qué ese riesgo político?”. Algunos compatriotas han apreciado que se corrió un riesgo político. Hacían cálculos y me decían: “Ese premio se lo puede llevar una tendencia política totalmente opuesta a la tendencia que rige hoy el curso de la nación, con un impacto muy difícil de administrar en el proceso electoral de 2010”. Compatriotas con muy valederas preocupaciones.

He dicho: nosotros hemos puesto en un lado de la balanza el riesgo político, y en el otro lado la necesidad del acuerdo humanitario para superar el dolor que causa en las familias, en la comunidad en general, el secuestro de estos compatriotas.

Prescindimos del riesgo político, nos olvidamos del cálculo político y nos jugamos a plenitud por el acuerdo humanitario. Pensamos que el procedimiento adoptado en los últimos dos meses y medio, las decisiones tomadas en los últimos dos meses y medio, necesariamente tendrían que conducir a la liberación de los secuestrados, como quiera que habíamos puesto la tarea de liberarlos en manos de personas a quienes la guerrilla no podía negarles esa aspiración.

¿Qué ha pasado? La guerrilla, en lugar de proceder en consecuencia, con reciprocidad, con proporcionalidad, volvió a sus viejos comportamientos dilatorios, a la combinación de las formas de lucha. Mientras hacían protagonismo político en la comunidad internacional, asesinaban a 12 candidatos en las recientes elecciones regionales. Mientras esta semana regresaban al protagonismo político internacional, intentaban asesinar al Gobernador del Cauca, hecho repudiable en cualquier país del mundo.

No sé qué habría pasado en otro país, con una tentativa de acuerdo humanitario facilitada por el Gobierno, cuando el actor terrorista a quien se pide la liberación de los secuestrados, en medio de la búsqueda de ese acuerdo humanitario asesina a candidatos a unas elecciones e intenta asesinar al Gobernador de un departamento.

Hemos hecho todos los esfuerzos. Han sido infructuosos.

Nosotros tenemos que preservar nuestra institucionalidad democrática autónoma, y no podemos crear confusiones en la conciencia nacional sobre la seguridad democrática. Por eso hemos debido tomar unas decisiones, porque lo que no podemos permitir es que la guerrilla abuse de buenos oficios, abuse del dolor de las familias, abuse de la angustia del pueblo colombiano que quiere la liberación de los rehenes, dilate decisiones, simplemente quiera tener protagonismo político, a tiempo que continúa con sus actos terroristas y cree confusión en el país.

Esa confusión nos crea el peligro de que se haga el tránsito de una conciencia colectiva que hoy de manera mayoritaria y clara favorece la seguridad democrática, a una conciencia babilónica, de confusión, que empezaría a producir el negativo resultado de minar la confianza que se ha venido consolidando en Colombia.

Por eso las decisiones que hemos debido tomar. Una guerrilla que sigue aprovechando las circunstancias que ella misma crea, no para avanzar hacia la paz sino para crear caos, para crear confusión, para crear dolor.

Hoy como ayer, han querido apelar a la combinación de todas las formas de lucha. Era yo estudiante universitario y presenciaban cómo las guerrillas en nuestro medio a tiempo que asesinaban y secuestraban, penetraban el movimiento obrero, sectores del movimiento estudiantil, sectores del periodismo y de la política.

Eso nos causó el problema del asesinato de los líderes sindicales. Ese terrorismo creció. No se le enfrentó con contundencia, a tiempo. Ese terrorismo guerrillero engendró la reacción paramilitar, que vino a competir con la misma crueldad. Y entonces los paramilitares asesinaban a líderes sindicales, acusándolos de ser colaboradores de la guerrilla. Y en venganza, la guerrilla empezó a asesinar a líderes sindicales, acusándolos de ser cómplices de los paramilitares.

El problema que estamos superando, el problema que invocan hoy sectores del Congreso de Estados Unidos, para negarnos el TLC, justamente ahora que ese problema se está superando.

Esa combinación de formas de lucha, que le causó al país el terrible episodio del exterminio de la Unión Patriótica. Ahora que hay esa reclamación internacional tan intensa por el exterminio de la Unión Patriótica, es importante recordar a la comunidad nacional, a la comunidad internacional, a los jueces de jurisdicciones nacionales y de jurisdicciones supranacionales a las cuales Colombia está vinculada, que en el exterminio de la Unión Patriótica hubo combinación de formas de lucha, que no se puede ignorar. Hacían política muchos de ellos y se mantenían en las actividades terroristas.

El señor Iván Márquez, que ahora sale del terrorismo a posar de señorón de la política, en esa época estaba en las Farc y también ungía como representante a la Cámara por la Unión Patriótica. Y lo propio sucedía con el señor Braulio Herrera.

Lógicamente el país conoce que a ese exterminio concurrió también la falta de una efectiva política de seguridad.

Pero esa combinación de formas de lucha es lo que no podemos permitir que ahora se repita. Qué tal que nosotros todos los días, por intentar el acuerdo humanitario, permitir que siga el protagonismo político de la guerrilla en el exterior, y simultáneamente los actos de violencia en el país. Eso nos crearía una confusión que haría mucho daño en la opinión pública, que mayoritariamente ha entendido que la seguridad democrática es un camino de felicidad de las nuevas generaciones de colombianos.

Hoy me preguntaban compatriotas: “Presidente, ¿la reciente decisión de las últimas horas quiere decir que no habrá esfuerzos del Gobierno por el acuerdo humanitario?”.

Y esta noche, ante esta audiencia de compatriotas y coterráneos, que nos hemos congregado para acompañar a Luis Ignacio Múnera a recibir la Medalla Manuel Mejía de la Federación Nacional de Cafeteros, desde aquí, desde esta tierra, debo decirles a todos los compatriotas y a la comunidad internacional, que así como el Gobierno no pierde un segundo en la brega por la seguridad democrática, también seguirá haciendo todos los esfuerzos por la liberación humanitaria de nuestros secuestrados.

Que Dios nos dé luces a ver cómo encontramos un mecanismo mediante el cual la guerrilla libere a los secuestrados y empiece la construcción de la paz, en lugar de dedicarse al protagonismo político combinado con el terrorismo, lo que llevaría a que simplemente, en lugar de avanzar hacia la paz, retrocediéramos en aquello que hemos ganado de seguridad democrática.

Buscaremos hacer todos los esfuerzos, pero sin poner a riesgo, apreciados compatriotas, la seguridad democrática. Estos bandidos hay que derrotarlos. Las nuevas generaciones de colombianos tienen derecho a vivir en un país sin terroristas. Nosotros no podemos seguir con esa idea con que se formó a mi generación, el mal entendido de hacerle creer a la gente que todo delito tenía una causa social, cuando hoy se demuestra que este tipo de delitos son causa de la problemática social.

Nosotros no podemos seguir en la equivocación de asimilar la civilidad a la debilidad. Lo que el país ha ganado en fortaleza para enfrentar a los terroristas, no lo podemos poner a riesgo.

 

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