PALABRAS DEL PRESIDENTE URIBE ANTE LA SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA
Cartagena de Indias
Marzo 18 de 2007
Versión editada - Temas Paz

“¿Qué proponemos? Avancemos hacia el futuro alrededor de la regla democrática y una democracia moderna, una democracia con seguridad democrática, con libertades, con cohesión social, con transparencia, con instituciones independientes.

La seguridad con alcance democrático todo el mundo la requiere, izquierdas y derechas. ¿Cómo prosperan las izquierdas sin seguridad? ¿Cómo aquellos que piensan que pueden tener un pensamiento de derecha, lo defienden sin seguridad?

Las libertades: en algún momento europeo las reclamaban unos, los de izquierda, y las negaban los de derecha. Pero también en otro momento los de izquierda decían que esas libertades eran las libertades de las clases dominantes, que lo que se necesitaba era suprimirlas y poder impulsar las reivindicaciones sociales.

La cohesión social: se requiere en todas las democracias. De lo contrario no se garantiza su estabilidad. Sin transparencia, no hay confianza ciudadana en los procesos democráticos. Y sin instituciones independientes no se evitan los excesos de ramas del poder que contradicen la democracia.

Hemos avanzado en nuestra Seguridad Democrática. No hemos ganado todavía, pero vamos ganando.

¿Por qué democrática? Porque es seguridad para todos los colombianos, porque es seguridad para profundizar el pluralismo, porque nosotros en nombre de la seguridad no hemos suprimido las libertades, porque América Latina fue recorrida por el fantasma de la doctrina de la seguridad nacional y en nombre de la seguridad se sustentaron dictaduras, se cercenaron las libertades.

La nuestra es democrática, contraria a la doctrina de la seguridad nacional, porque la nuestra ha sido para profundizar las libertades, para rescatar las libertades suprimidas por el terrorismo. La nuestra no ha conculcado sino profundizado el ejercicio de esas libertades.

¿Por qué nosotros decimos que los grupos armados de Colombia son terroristas? Cuando uno lee las legislaciones de Europa Occidental encuentra una muy severa definición de terrorista. Allí definen como terrorismo el uso de la fuerza o la simple amenaza del uso de fuerza por razones ideológicas, religiosas o políticas.

Y uno les pregunta a los profesores de ciencia política de Europa por qué tanta severidad en la calificación del terrorismo, y su respuesta es clara: porque una democracia pluralista, que da opción de que todos los días haya un conflicto de ideas, no puede permitir el uso de la violencia.

Esta democracia colombiana tiene la misma razón, tiene la misma autoridad moral. Por eso nosotros calificamos de terroristas a aquellos que atentan contra ella por la vía armada. Además se financian con la droga, además sus acciones contra las libertades, contra la sociedad civil, sus acciones contra la Fuerza Pública, permiten calificarlos de terroristas.

¿Negamos el diálogo por la razón de que los calificamos de terroristas? No. No negamos el diálogo, pero exigimos que el diálogo se adelante por lo menos con una buena fe de cese de hostilidades.

¿Por qué negamos que con ellos hay conflicto? Porque en alguna forma en América Latina a los grupos insurgentes se les dio ese nombre calificativo porque estaban amplios sectores de la sociedad en conflicto con las dictaduras.

Aquí hay una democracia, una democracia que opera. Aquí el conflicto no se puede reconocer con los alzados en armas. El conflicto que nosotros reconocemos es el conflicto de las ideas entre todos los actores de la democracia, que hay que resolverlo no de vez en cuando en un proceso electoral, sino todos los días ante la opinión pública.

En el conflicto de las ideas que se permite en la democracia, no es admisible calificar como conflicto la acción armada del terrorismo contra la democracia.

INDICADORES

Hemos avanzado, pero no hemos ganado. Ustedes conocen las cifras de descenso de actos terroristas, las cifras de descenso de homicidios, las cifras de descenso de masacres.

Déjenme referir algunos indicadores bien importantes para esta reunión. Algunos indicadores bien importantes que interesan a nuestro concepto democrático de seguridad.

En este país hace pocos años, por año llegaron a ser asesinados 168 integrantes de organizaciones de sindicatos de trabajadores. Hemos tenido un proceso descendente. Quisiéramos decirle al mundo que ya no se asesina a uno solo. Todavía se nos presentan asesinatos. Este año ha sido asesinado un integrante del Sindicato de Trabajadores del Sistema Nacional Carcelario.

La reducción es muchísima. El incremento de la protección efectiva es bien importante, pero todavía no hemos conseguido lo que queremos: cero asesinatos contra estos grupos tan importantes de la democracia.

Hubo un año reciente en Colombia cuando fueron asesinados 15 periodistas. Hemos hecho un esfuerzo para proteger la vida de los periodistas. No en vano. Este año, en lo corrido hasta ahora, no ha sido asesinado un solo periodista en Colombia.

Además encontramos que nuestra política de Seguridad Democrática contra las guerrillas, contra el paramilitarismo, contra todas las expresiones del terrorismo, han devuelto la seguridad eficaz, no retórica, la seguridad eficaz al periodismo en muchas regiones del país.

Recuerdo recorriendo el país como candidato a la Presidencia, en unas regiones el periodismo amordazado por las guerrillas, en otras, amordazado por el paramilitarismo. Hoy se respira un periodismo más libre en todas las regiones de la Patria.

Los profesores públicos han sido otro objetivo del asesinato del terrorismo en Colombia. Tuvimos años del asesinato de 100 maestros sindicalizados del Estado. Son 360 mil. Este año todavía nos han asesinado tres.

Las comunidades indígenas, las comunidades afrodescendientes, las minorías étnicas de la Patria, son también objetivo de nuestra política de Seguridad Democrática para recuperarles plenamente su seguridad eficaz.

Colombia en el 2002 asistió al triste episodio del asesinato de 196 indígenas, de una población indígena de 800 mil personas. Este año todavía han sido asesinados dos.

PROCESO DE PAZ

Estamos trabajando un proceso de paz. Hemos abierto la posibilidad de la negociación. Nosotros creemos que la negociación seria surge del ejercicio de autoridad. Nuestra política de Seguridad Democrática ha conducido a una negociación con los mal llamados paramilitares, y creo que en el futuro si Colombia persiste en ella, con los ajustes respectivos, conducirá a una negociación eficaz con las guerrillas. Hasta ahora se han desmovilizado aproximadamente 43 mil personas. eso no tiene antecedentes.

Cuando nosotros comparamos esta cifra con desmovilizaciones del pasado, o el número de integrantes de los grupos armados de Colombia con los integrantes de ETA en España o del IRA en Irlanda o de otros grupos que actuaron en América Latina, el número de los nuestros es descomunal.

Esa política de abrir las puertas de la negociación, ha estado apoyada en la Ley de Justicia y Paz. Es la primera ley en Colombia, en el mundo, como lo destacan analistas internacionales, que en nombre de la paz exige que no haya impunidad, exige reparación a las víctimas con dinero de los victimarios, y exige la verdad.

En el pasado en Colombia y en el mundo, en nombre de la paz se amnistiaron delitos atroces. Se olvidó la gravedad de los delitos con tal de conseguir la paz, y se concedió la amnistía o el indulto. Esta ley nuestra exige que no puede haber amnistía ni indulto para delitos atroces. Así la estamos aplicando.

Sé que esa circunstancia va a crear problemas adicionales para futuros procesos de paz con las guerrillas. El Eln exige amnistía o indulto para cualquier clase de delitos, y las Farc históricamente han dicho que ellos no son sujetos del derecho penal colombiano, porque desconocen el Estado colombiano.

Quiero llamar la atención de la comunidad internacional sobre la necesidad de dar a todos los delitos la misma aplicación de la norma, independientemente de la orientación ideológica que hayan querido invocar los criminales.

En el mundo los casos de verdad han sido muy espectaculares, pero pocos. Esta ley exige la verdad. Todas las políticas del Gobierno van orientadas a que se conozca la verdad.

Nosotros hemos estimulado que las audiencias ante los jueces y fiscales se transmitan directamente en los medios de comunicación. ¿Por qué queremos la verdad? Por muchas razones.

Déjenme invocar ante ustedes una sola: porque en la medida en que conozcamos la verdad total de la tragedia colombiana, eso nos ayudará a que este país tome una decisión en el alma de cada ciudadano para lograr una futura Colombia sin guerrillas, sin paramilitares, sin narcotráfico, sin corrupción.

Solamente dos países suramericanos adoptaron decisiones para indemnizar a víctimas de dictaduras, una indemnización con recursos fiscales, no completa.

Este es el primer caso del mundo donde se exige a los beneficiarios de la Ley de Justicia y Paz, entregar sus bienes para indemnizar a las víctimas. Creo que es un paso bien significativo.

Y hemos tomado la decisión de que la Policía, aprovechando una ley bien importante que tenemos para decomisar riqueza ilícita, preventivamente decomise esas riquezas, a fin de que no haya manera de eludir el derecho de las víctimas a la reparación.

LOS PARAMILITARES

El tema de los paramilitares. Permítanme referir a él con una introducción: en este momento Colombia está gozando de una disminución de la violencia paramilitar, que es casi una eliminación de la violencia paramilitar, pero hay una gran discusión pública. Qué paradoja: en el momento del alivio de esa violencia aparece la mayor discusión.

¿Cuál es la génesis de ese problema? Las guerrillas partidistas de Colombia cesaron rápidamente en los procesos de paz de finales de los años cincuenta, con la creación del Frente Nacional. Algunas de ellas y los nuevos militantes se incorporaron en las doctrinas marxistas.

Treinta años de guerrillas marxistas en Colombia penetraron la universidad, el movimiento obrero, el movimiento campesino, sectores de la prensa, de la política. Practicaron la tesis de la combinación de todas las normas de lucha. Todavía lo hacen.

A mí me parece muy preocupante que el Partido del Trabajo de México, que hace poco convocó a un foro, en la lista de convocantes hubiera presentado partidos políticos de la región. Está bien que presenten el Partido Comunista, todos los partidos políticos que quepan en el espectro de la democracia. Pero también presentaron como convocantes a las guerrillas colombianas Eln y Farc, que son conjuntamente con los paramilitares actores terroristas declarados por la Unión Europea.

Se combinaron las formas de lucha. Un sentido de civilidad colombiana llevó a los diferentes gobiernos, con pocas excepciones, a buscar superar el problema a través de diálogo, de la búsqueda de las razones que sustentaban esa insurgencia.

Pero esa insurgencia marxista respondió a los actos de generosidad de los gobiernos con la lección que habían tomado de Marx, y él a su vez de Maquiavelo: los gestos de generosidad del adversario debes interpretarlos como debilidad para golpearlo y avanzar hacia la toma del poder.

Cuando aquí había gesto de generosidad de los gobiernos con las Farc, las Farc los aprovechaba para avanzar hacia la toma violenta del poder.

Muchas comunidades colombianas se sintieron desprotegidas durante tres décadas. Y apareció el paramilitarismo como un proceso de autodefensa, y terminó en los mismos crímenes de la guerrilla. Y ambos terminaron financiados por el narcotráfico.

Nosotros nos hemos propuesto desmontarlos a todos, tratarlos de igual a igual. Miren: cuando uno está cerca de cumplir cinco años en el gobierno, no hay discurso que valga sino está sustentado en los hechos.

Un paramilitarismo creciente, por primera vez se le ha enfrentado con toda la contundencia. En este Gobierno tenemos 1.700 integrantes de las organizaciones paramilitares dados de baja, varios miles en las cárceles.

Y me preguntan algunos compatriotas y entrevistadores de la comunidad internacional: ¿Y el riesgo del reamarme? Sí hay riesgos, indudablemente.

Hay el riesgo de que no sea exitosa la reinserción. Estamos haciendo todo esfuerzo para que lo sea. Pero también hay el riesgo de que se rearmen.

Déjenme decir de manera simple: la única manera de evitar el rearme de grupos terroristas, la única manera de evitar que acudan nuevos militantes a reforzarlos, es sosteniendo una política severa de autoridad del Estado, de Seguridad Democrática que los detenga.

Parece una respuesta simple. Pero por falta de ello fue que crecieron en Colombia. Y la aplicación de esa política será la que permitirá que no renazcan después de este proceso.

 

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