PALABRAS DEL PRESIDENTE URIBE EN SEMINARIO SOBRE CAN – MERCOSUR
Marzo 2 de 2007
Bogotá
Versión editada – Temas paz

Pregunta estudiante: Los representantes de la Unión Europea y usted, han dejado claro que este acuerdo de asociación entre la CAN y la Unión Europea no solo incluye y revisa temas de carácter comercial y económicos, sino que no los temas vinculados al derecho internacional humanitario, los derechos humanos, tiene gran importancia e interés. En este orden de idea, Usted ha solicitado una ayuda económica a la Unión Europea, entonces, ¿qué interés hay en la Unión Europea y en el Gobierno Nacional de invertir parte de esos recursos en una eventual búsqueda de un acuerdo humanitario?

Aparte de eso, algunos estudiantes de la universidad redactamos una carta la cual queremos que usted reciba con el mayor respeto y con la mayor sutileza.

R.- Sutiliza no, ustedes no están en edad de ser sutiles. Con toda claridad. Resúmamela y me refiero al tema del acuerdo humanitario y al tema de la carta, pero no la lea, dime la tesis central.

Estudiante: Principalmente nosotros estudiantes de ciencia política, en su mayoría, retomamos muchas ideas de las que ya se han planteado en el debate público, a propósito del acuerdo humanitario. Una de esas ideas es que el radicalismo que ha tomado tanto la guerrilla de las FARC, porque no podemos dejar eso a un lado, y el radicalismo que también ha tomado el Gobierno Nacional, deberíamos cambiarlo por comenzar a pensar en un acuerdo serio, donde tanto la Unión Europea, Colombia, la CAN, MERCOSUR, todas las comunidades, todos los bloques regionales, se interesen en buscar un acuerdo humanitario, y más allá del acuerdo humanitario y más allá del acuerdo humanitario, buscar un acercamiento de paz, pero creemos que no podemos confundir el acuerdo humanitario y lo que es la búsqueda de la paz. Una cosa no depende de la otra, en nuestra perspectiva.

Además recogemos esta propuesta de lo que hemos estudiando, hacer un plebiscito donde se le pregunte al colombiano, ya que Colombia es un país democrático, donde la democracia nos rige, preguntarle al pueblo colombiano ¿qué piensa a cerca del tema del intercambio humanitario? Usted un Presidente popular y por consiguiente creemos que tal pregunta a las personas que eligieron, pero preguntarle al pueblo para ver qué opina, algo muy sencillo, sencillo en mi leve ignorancia, pero preguntarle al pueblo qué pensamos. Esa es nuestra mayor tesis, proponerla, estudiarla, y como digo, la comunidad andina de naciones, la Unión Europea, Estados Unidos, MERCOSUR, Centro América, todos tenemos que ayudar en esto porque es un problema que eventualmente pone en peligro tanto a la Unión Europea por las drogas como a Estados Unidos por las drogas, y a nosotros que nos están matando poco a poco.

R.- Yo quiero al final de la respuesta que te voy a dar, hacer énfasis sobre lo siguiente: Me parece que la ciencia política moderna, la que se viene estudiando, está desconociendo, en el caso del problema colombiano, el origen ideológico del grupo narco-terrosista de las FARC. Lo que pasa es que las ideas que simularon a las FARC marxista parecen en la ciencia política moderna muy obsoletas, anquilosadas. En alguna forma la ciencia política moderna la miran con desprecio, no les asigna toda la importancia. Lo que ignora la ciencia política moderna es que un grupo anquilosado como las FARC tiene todavía mucho poderío militar y terrorista por las drogas. Entonces, hay que estudiar ¿qué le enseña la vieja fuente marxista a las FARC para que ellos hagan uso de una negociación como la del acuerdo humanitario? Cuando eso se mira, la conclusión política es muy diferente a aquella conclusión política a la que se arriba, simplemente viendo como con facilidad el acuerdo humanitario.

Cuando yo era candidato en el 2001, 2002, y siendo Presidente electo y en las primeras semanas de Gobierno, dije: no hay acuerdo humanitario si no se permite que al mismo tiempo empiece un nuevo proceso de paz a través de un cese de hostilidades. Me reuní con Kofi Annan, entonces Secretario de las Naciones Unidas, con el Presidente de Francia, con la Iglesia Católica, con familiares de los secuestrados y ha pedido de ellos acepté cambiar la posición, acepté desvincular un acuerdo humanitario de la exigencia de un cese de hostilidades y del inicio de un proceso de paz.

Hemos dado muchos pasos. Inclusive cuando lo oigo a Usted decir que ustedes no están de acuerdo con el radicalismo de la guerrilla ni con el radicalismo del Gobierno, me parece que la sociedad colombiana no puede ser imparcial entre el guerrilla y el Gobierno. La sociedad colombiana, y mas su juventud, está obligada a asumir una actitud de defensa del Gobierno, así sea crítica del Gobierno, cuando se trata de comparar al Gobierno con el terrorismo. Yo respetuosamente hablándoles con toda franqueza las pediría hacer esa reflexión.

El Gobierno ha dado muchísimos pasos. Ha autorizado cualquier cantidad de facilitadores para que busquen el acuerdo humanitario con la guerrilla. Hoy hay dos obstáculos para ese acuerdo humanitario. Un obstáculo es la zona de despeje, y otro obstáculo es la solicitud, la exigencia de que aquellos guerrilleros que llegaren a salir de la cárcel, sean entregados a las FARC.

La zona de despeje. La historia hay que mirarla desapasionadamente y mientras uno más la haya podido vivir con más seriedad la tiene que contar. A mi me parece que sin haber estado yo de acuerdo, la administración presidencial de entonces hizo un gran esfuerzo de buena fe con la zona de despeje del Caguan. ¿Qué pasó? la guerrilla de las FARC, narcoterrorista, obsoleta, anquilosada, retardataria, aplicó muy bien sus conceptos marxistas, de odio de clases, de combinación de formas de lucha; aquello que Marx tomó de Príncipe de Maquiavelo, cuando tu adversario de clase te de una posibilidad no la tomes como una generosidad sino como una oportunidad para derrotarlo. Esa fue la respuesta práctica del narcoterrorismo de las FARC a la oferta que el Gobierno de entonces hizo y que se derivaba en alguna forma de las elecciones, del resultado de las elecciones y de un sentimiento colombiano, en ese momento, para darle una nueva oportunidad a las FARC. Dicho eso, ¿cuál es el resultado? Es la época en que más han crecido las FARC y los paramilitares. Ahí están las tendencias históricas.

Nosotros hemos venido en la tarea de recuperar el control territorial para las instituciones democráticas. Muchas regiones del país estaban en poder efectivo, me parece que ustedes en ciencia política ya deben estar estudiando lo que es la diferencia entre el poder real y el poder retórico. El poder real en muchas regiones de Colombia lo estaban ejerciendo guerrilleros y/o paramilitares… en la tarea de recuperación institucional de la nación, falta, pero el recorrido logrado es bueno.

Llegar ahora a una zona de despeje a mí me parece un exabrupto. La misma comunidad de Florida y Pradera, muchas veces abiertamente, muchas veces con pánico, en voz baja dicen, Presidente, ni riesgos una zona de despeje.

Nosotros nos hemos atrevido a autorizar zonas de encuentro. El año pasado la Unión Europea, a través de tres países, Suiza, España y Francia, nos hicieron la proposición de una zona de encuentro de 180, 220 kilómetros de la cordillera central vallecauca, donde reside muy poca población. Allí no habría guerrilleros ni paramilitares, solamente observadores internacionales. Nos dijeron que le habían entregado esa propuesta a las FARC, al Gobierno y nos dijeron que el Gobierno contestara de inmediato, el Gobierno contestó de inmediato, afirmativamente.

Esos bandidos de las FARC después dijeron que a ellos no les había llegado la propuesta. Es que engañan a todo el mundo. Y el engaño hace parte de la forma histórica de proceder de las FARC. El engaño hace parte del terrorismo, el engaño hace parte de las fuentes ideológicas que nutrieron a estos bandidos, el engaño hace parte de ese concepto de dictadura del proletariado que es su modelo de estado, en ese concepto de lucha violenta y de odio de clases que su dialéctica política.

Y hace poco volvieron a engañar a los europeos. Aquí llegó una misión de Europa a decirnos que las FARC iban a liberar una persona, que el Gobierno tenía que dar facilidades, y de inmediato dimos facilidades. A los tres días las FARC llamó a los europeos y les dijo que era un mal entendido. Engañan permanentemente. Por eso nosotros no vamos a permitir engaños, por eso somos cuidadosos.

La verdad es que nosotros aceptamos y eso da una señal, que diría que podríamos aceptar zonas de encuentro, zonas de despeje no, de ninguna manera.

Lo otro es, condición necesaria que exige el Gobierno, y no es caprichosa, no es radicalismo, es una condición racional: que los guerrilleros que lleguen a salir de la cárcel no vuelvan a delinquir. Mire, nosotros tenemos en los pabellones de sanidad de Ejército y Policía, más de 1.700 compatriotas que han sufrido mutilaciones por las acciones terroristas. ¿Qué puede pasar en la psicología de ellos cuando vean que después de haber capturado con muchos esfuerzos a personas de las FARC, esas personas salen de la cárcel y regresan a delinquir? En los inicios del Gobierno yo dije que la garantía de que no regresarían a delinquir, la garantía sería que se fueran a Francia, que Francia los albergara, les diera allí todas las garantías, pero la exigencia de no incorporarse a las tareas de las FARC. La Iglesia Católica se reunió con las FARC, y vino y me dijo, Presidente ellos no aceptan eso. Le dije entonces a monseñor Luis Augusto Castro, el actual presidente de la Conferencia Episcopal, busquemos una alternativa, y de ahí surgió la alternativa de que la garantía de que no vuelven a delinquir necesariamente no tiene que ser que se vayan al extranjero, puede ser que entren aquí al programa de reinserción. Nada de eso han aceptado.

Pero miren, los pueblos por su democracia, por el bienestar de sus compatriotas, por la necesidad de la lucha contra el terrorismo no pueden asumir posiciones de apaciguamiento. Creo que lo mejor que yo puedo hacer por el pueblo colombiano es evitar una negociación que implique pasos atrás, como el paso de llegar a una zona de despeje, o como el paso de que salgan de la cárcel, 500 o 600 guerrilleros para volver a delinquir. Eso sería desastroso. El país lo vivió en el pasado y eso fue desmoralizante.

Yo les voy a dejar a ustedes como estudiantes de ciencia política una reflexión: Colombia no ha tenido una Fuerza Pública golpista, pero sí ha tenido unos tiempos en que la Fuerza Pública ha estado desmotivada. Ahora hemos logrado la mayor motivación en la Fuerza Pública. Eso es fundamental para la recuperación institucional de Colombia. No la desmotivemos. A mi me preocuparía muchos que una zona de despeje o una liberación de guerrilleros para que vuelvan a la guerrilla, se constituyeran en causas determinantes de un periodo de desmotivación de nuestra Fuerza Pública.

Finalmente, tú hablas del plebiscito. La verdad es que yo llegué a los procesos electorales del 2002 con todas las cartas sobre la mesa. Y el año pasado con el proceso electoral del 2006 no solamente hablé con toda la franqueza del tratado de libre comercio con Estados Unidos y la voluntad de buscarlo con Europa, sino con toda la franqueza del acuerdo humanitario. Colombia frente a mí, frente a estas tesis ha hecho plebiscitos, pero también te quiero pedir una cosa que te debe plantear en ciencias políticas, los Gobiernos tienen la responsabilidad constitucional de dirigir el orden público. Muchas veces por ser demócrata no pueden ser cobardes. A mi me parecería que consultar algunas decisiones de orden público a la comunidad, cuando quien tiene que asumir la responsabilidad es el Gobierno, sería no democracia sino cobarde democraterismo.

Estoy dispuesto a dialogar con ustedes cuantas veces sea necesario apreciados estudiantes sobre este tema y sobre todos los temas en los cuales tengan inquietudes.

 

COPYRIGHT © 2003 PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA OFICINA ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ