PALABRAS DEL PRESIDENTE, ÁLVARO URIBE VELEZ, EN LA XX CONVENCIÓN CARISMÁTICA INTERNACIONAL
Enero 25 de 2007
Versión editada – Temas Paz
“Encuentran ustedes a Colombia en un momento bien importante, nuestra política de seguridad ha avanzado, pero todavía falta mucho. En estos años se han desmovilizado más de 40 mil alzados en armas, el número superaba 60 mil. Hemos avanzado con una política de seguridad firme, democrática.
Democrática porque es para favorecer a todos los colombianos, independientemente de su credo político, de su ubicación social, de su nivel de riqueza o de pobreza.
Democrática porque esa política de seguridad es para favorecer a todos los colombianos, independientemente de su identificación o su desacuerdo con el Gobierno. Va por buen camino, pero falta mucho.
Avanzamos en un proceso de paz con los grupos llamados paramilitares y se ponen las bases para un proceso de paz con la segunda guerrilla, el ELN –que ojalá fructifique-. No obstante que no ha habido todavía procesos de paz con las guerrillas, nuestra política, que es firme en el ejercicio de la seguridad y generosa en la oferta de la reconciliación, ha logrado ya que dentro de esos 40 mil desmovilizados, haya cerca de 10 mil que provienen de las guerrillas.
Es una política democrática y es un proceso de paz que es de reconciliación, de justicia, de reparación y de perdón.
Ustedes encontrarán que se están adelantando unos juicios. Esos juicios son la expresión de una ley, nuestra Ley de Justicia y Paz. Una ley que busca la reconciliación pero no permite la impunidad. Una ley que busca el perdón pero no permite la impunidad. Una ley de reconciliación, pero también de reparación a las víctimas.
Esta mañana me decía un periodista: ‘Presidente ¿qué opina de los escándalos?’, le dije: veamos la parte positiva. ¿Cuántos años estuvo Colombia dominada por paramilitares y guerrilla? En unas regiones, la gente sometida a la guerrilla y en otra a los paramilitares y el Estado brillaba por su ausencia o por su debilidad.
Estamos recuperando la vigencia del Estado, de la democracia, de la justicia y le estamos dando un ejemplo al mundo. La Ley que hoy aplicamos y cuya aplicación empieza a revelar la verdad, es muy conveniente frente a Colombia y frente al mundo.
En el mundo ha habido muchos procesos de paz, de perdón y olvido, sin justicia y sin reparación. Los anteriores procesos de paz en Colombia, no tuvieron justicia, no tuvieron reparación. Muchos responsables de delitos atroces, simplemente recibieron perdón y licencia para aspirar a las grandes posiciones de la democracia.
Este proceso de paz marca la diferencia porque es un proceso de reconciliación, con sentencias reducidas sí, pero un proceso con justicia, un proceso buscando la verdad, un proceso con reparación.
Y así como contrasta con procesos anteriores que se llevaron a cabo en Colombia, también es un punto de referencia para procesos que se den en Colombia en el futuro.
Así como con los paramilitares se adelanta un proceso de paz que es de justicia sin impunidad, de paz que es de reparación, de reconciliación con verdad; en el futuro, cuando se adelanten procesos de paz con las guerrillas, no se podrá volver a procesos de paz con impunidad.
Este proceso marca una referencia, da una pauta, por eso es muy importante que los colombianos pensemos en este proceso para marcar la diferencia con anteriores y para fijar el marco a los que habrán de venir.
Y es muy importante que la Comunidad Internacional lo mire, porque cuando miramos procesos surtidos en América Latina, procesos surtidos en África, procesos adelantados en Asia, aquellos en nuestro Continente y en otros continentes, han sido generalmente procesos de reconciliación sin justicia, escasamente la verdad se ha agitado en alguno de ellos y no total. El proceso colombiano marca la diferencia con procesos internacionales.
Y cuando el mundo ha sido tan crítico de Colombia, ahora el mundo va a tener que aprender de Colombia.
Cuando el mundo le pedía a Colombia luchar contra la impunidad, ahora el mundo va a tener que aprender que Colombia ha sido capaz de sacar adelante un proceso de paz sin impunidad.
Antes éramos enjuiciados por el mundo, ahora el mundo tendrá que aprender de nosotros, porque hemos dado ejemplo en adelantar un proceso democrático con todas las libertades, con todas las posibilidades para la crítica, buscando la justicia, la reparación, la verdad, como presupuestos para una reconciliación verdadera, sólida.
Esto nos va ayudar mucho para que el país haga una reflexión: todas estas escenas que el país ve hoy en ese proceso no nos pueden tomar por sorpresa, fue que vivimos muchos años con el imperio de la ley burlado.
La debilidad de los gobiernos frente al terrorismo dejó que el terrorismo se enseñoreara de Colombia.
Este proceso no nos puede tomar por sorpresa. En muchas regiones de Colombia donde desaparecían la eficacia del Estado, los ciudadanos, los políticos, los periodistas, fueron sometidos por la guerrilla y en otras regiones por el paramilitarismo.
Este proceso no nos puede tomar por sorpresa. Durante cuatro largos años discutimos la ley que hoy se aplica y las mayorías del Congreso definieron que tenía que ser una ley de reconciliación pero también una ley de justicia, de verdad y de reparación.
Y que florezca la verdad, para que en Colombia emerja una reflexión, para que los colombianos al conocer toda esa verdad, tomemos la íntima determinación, en cada ser individual y en el colectivo de la Nación, de luchar por una Colombia en la que nunca más haya guerrillas, en la que nunca más haya paramilitares, en la que se acabe el narcotráfico y se elimine la corrupción. Esa es la gran reflexión.
Por eso la agitación de la verdad, el florecimiento de la verdad, no debe escandalizarnos sino provocarnos reflexiones. La reflexión de dejar atrás las épocas del dominio terrorista. La reflexión de construir una Nación con instituciones democráticas que impidan guerrillas, paramilitares, narcotráfico, corrupción.
Por supuesto, ahora estamos en el juicio de la verdad sobre el paramilitarismo y la parapolítica. En algún momento, también tendrá que hacerse el juicio de la verdad sobre la guerrilla y la política al servicio de la guerrilla.
La verdad no es para estimular odios, la verdad es para que la reconciliación repose sobre bases sólidas. Por eso, no hay que temerle a la verdad, no hay que temerle a la verdad sobre el paramilitarismo y no hay que temerle a la verdad sobre la guerrilla. No hay que temerle a la verdad sobre la parapolítica y no habrá que temerle a la verdad sobre el apoyo político a la guerrilla.
Estimular la verdad no es estimular el odio, es estimular que la reconciliación se de sobre bases sólidas. Cuando la verdad se tapa, los pueblos no hacen reflexión. Cuando la verdad florece pero también se construye alrededor de la verdad un ánimo de reconciliación, los pueblos hacen reflexiones y rectifican los caminos.
Todo esto, toda la tragedia colombiana –que con la ayuda de Dios vamos a superar- ha sido una tragedia financiada por el narcotráfico. Por eso lo tenemos que derrotar”.
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