HORA DE DECISIONES CON EL ELN
Editorial
El Espectador
Abril 14 de 2007
El país no aceptará sino anuncios claros sobre cese del fuego y liberación de secuestrados.
Después de 16 meses de iniciadas las “reuniones formales exploratorias” en La Habana, entre el Gobierno Nacional y el ELN, las cosas parecen estar lo suficientemente maduras como para que el país espere avances significativos, hechos concretos de paz. El sexto encuentro actual estuvo precedido de una seguidilla de declaraciones en los medios de comunicación por voceros de ambas delegaciones, en las cuales se reflejaron puntos de vista, expectativas y, también hay que anotarlo, altos niveles de desconfianza mutua.
Las dos delegaciones tienen entonces como primer gran desafío superar la desconfianza, en lo cual pueden ayudar la Iglesia, los países acompañantes y las comisiones de ciudadanos que han estado acompañando los acercamientos. A la par con eso, deben acompasar sus expectativas y lograr incorporarlas en un texto de acuerdo, que sea firmado con presencia de testigos para mayor seriedad y que incluya de manera simultánea la “agenda de contenidos” a discutir, así como los componentes del “acuerdo base”, que incluyan el cese del fuego y de las hostilidades y el estímulo a la participación de la sociedad.
La experiencia internacional enseña que uno de los factores que inciden en el éxito o fracaso de la solución negociada de conflictos armados es la desconfianza de las partes en el cumplimiento de los acuerdos, y en esa medida, mecanismos de testigos y de verificación serios, con presencia internacional, son un apoyo fundamental. Afortunadamente en los acercamientos con el ELN se ha contado con la participación de un significativo grupo de países dispuestos a dar su colaboración y apoyo.
La sociedad colombiana no espera ni aceptará de esta nueva reunión nada diferente de anuncios precisos alrededor de temas como el cese del fuego y de las hostilidades y el inicio de la liberación de las personas secuestradas, así como acciones más generalizadas de desminados humanitarios conjuntos en las zonas en las cuales el ELN ha adelantado esta práctica. Por supuesto que las dos delegaciones deben acordar las modalidades precisas del cese del fuego y de las hostilidades, así como los mecanismos de verificación con participación internacional, para que el mismo genere confianza en las partes y en la sociedad.
El ELN tiene ante sí el gran reto de demostrar que está dispuesto, avanzando hacia la paz, a contribuir a la consolidación de la democracia, retomando de esta manera el hilo histórico de personajes como Camilo Torres Restrepo que se sacrificaron en sus filas. Una actitud dilatoria o huidiza de compromisos serios acentuaría la desconfianza en que sus verdaderas intenciones están solamente en la dirección de utilizar los procesos de paz para sus propósitos estratégicos.
El Gobierno Nacional, a su vez, tiene el desafío de mostrarles a los incrédulos —nacionales y extranjeros— en su política de paz, que está listo para avanzar en procesos serios y ciertos no sólo con los grupos paramilitares, sino también con la guerrilla, con lo cual, además, les estaría enviando un mensaje a las FARC sobre su disposición para llegar a un acuerdo humanitario.
Las dos delegaciones, reunidas con la hospitalidad del gobierno cubano, no tienen otra alternativa que hacer todos los esfuerzos para dar un paso adelante y concretar acuerdos que expresen hechos de paz y que sean un aliciente de esperanza para la sociedad colombiana. Ojalá que los problemas que han antecedido este nuevo encuentro entre las partes sean, paradójicamente, sólo el preludio de resultados positivos para el país. Porque ya es hora de pasar a los acuerdos concretos. |