CITA EN LA HABANA
Por Rafael Nieto
Revista Semana
Abril 14 de 2007
Las conversaciones sin acuerdos sustantivos son el diálogo, no como mecanismo hacia la paz, sino como otra de las formas de lucha.
Aunque el proyecto de acto legislativo propuesto por el gobierno para establecer sanciones a los políticos con vínculos con grupos armados ilegales es bocado merecedor de una buena masticada, no puedo escaparme a la tentación de escribir sobre el plantón que el ELN dio al gobierno en Cuba. Recordar la silla vacía de 'Tirofijo' en el Caguán fue inevitable.
Que pasada la crisis se haya comprobado que Antonio García, el jefe militar del ELN, no irá a La Habana es, sin duda, un mal augurio. En su momento, el gobierno presentó el hecho de que García se hubiera sumado a la mesa como un buen auspicio. Tenía razones para ello. Por un lado, García es la figura emblemática del ala dura de los elenos y su presencia parecía significar que los más radicales veían de manera positiva las aproximaciones con el gobierno. Además, conocida la distancia entre García y Pablo Beltrán, otro de los históricos del comando central de ese grupo subversivo, tener a los dos era tener a todo el ELN. Que ahora sólo Beltrán esté presente en Cuba puede significar que los halcones ya no le ven más ventajas al diálogo o que, aun más grave, hay una fractura en el interior de la organización. Las dos hipótesis son abiertamente negativas.
Pero aun si se parte del supuesto de que en los elenos hay unidad, las otras posibles explicaciones a la ausencia de García tampoco son positivas. Una es que el ELN quiere reservar una instancia de decisión, en cuyo caso es inexplicable que se sostenga que Beltrán tiene plenos poderes para representar a la agrupación guerrillera. En otras palabras, el ELN no querría comprometerse y mantendría abierta la posibilidad de desconocer las decisiones que tome su 'plenipotenciario'. Ya hay antecedentes en este sentido, como cuando los elenos, con una curiosa interpretación, hicieron inoperantes los compromisos alcanzados con Beltrán en la cuarta ronda de conversaciones. El otro motivo de la ausencia podría ser que el ELN, si bien no quiere romper el diálogo con el gobierno, tampoco desea llegar a ningún acuerdo sustantivo.
Quedarse en la mesa y no asumir compromisos serios no son objetivos contradictorios. Basta ver la reacción pública frente al plantón para comprobar lo evidente: levantarse de las conversaciones tiene siempre un alto costo de imagen y el ELN no querría pagarlo. Además, hablar con el gobierno le da un espacio político a los elenos que de otra manera no tendrían. No fue gratuito que el diálogo se iniciara apenas unos meses después de que en abril de 2004 la Unión Europa declarara al grupo guerrillero como una organización terrorista. Desde entonces, las conversaciones le han servido al ELN para acercarse a la Iglesia Católica, a algunos países de la comunidad internacional y a ciertos sectores de la llamada sociedad civil. Y, sobre todo, han permitido a sus comandantes estar legalmente en Venezuela y aprovechar las ventajas que eso les da. En fin, en este supuesto de conversaciones sin acuerdos sustantivos, estaríamos ante una instrumentalización típica: el diálogo, no como mecanismo para alcanzar la paz, sino como otra de las formas de lucha, tal y como sucediera con las FARC en la 'zona de distensión'.
Sin embargo, que el gobierno haya aguantado el desplante y le apueste a no levantarse de la mesa da alguna luz de esperanza. Aunque sea sin García, habrá una sexta ronda. No queda sino ser pacientes, esperar el desarrollo de las conversaciones y confiar en que los negros presagios de la ausencia de 'Antonio García' no se cumplan.
Al final, lo importante estará en el contenido de los acuerdos que se alcancen. La opinión pública está harta de que los diálogos no lleguen a ninguna parte. El gobierno debe perseverar en su intención de obtener del ELN un acuerdo de cese de hostilidades o, como mínimo, el compromiso de que se pondrá fin a los secuestros, se liberará a los rehenes y se impulsará el desminado de las áreas en que opera. Esos objetivos estratégicos no pueden ser, otra vez, relegados al congelador.
Puntilla: Esperanzadora la marcha de los vallunos contra la violencia. Doscientas mil personas gritaron que "unidos somos más fuertes que nuestros enemigos". Avanzamos. Ya no sólo clamamos por la paz. Ahora también repudiamos a los violentos.
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