DE ESPALDAS A LA REALIDAD
Por: Francisco José Lloreda Mera
El Pais de Cali
Abril 8 de 2007

Una vez más, los diálogos entre el Gobierno y el ELN parecen estar en un punto muerto. No podía ser distinto, pues para alcanzar la paz se requiere el interés de las partes, y eso es lo que le ha faltado al grupo guerrillero. La reacción de ‘Antonio García’ a la última declaración del Comisionado, en la que pide avanzar hacia la negociación, lo evidencia.

El Comisionado ha dicho, y con razón, que al proceso con el ELN le llegó la hora decisiva. Señaló que no hay más que hablar y que ha llegado el momento de firmar un acuerdo que permita avanzar en temas como el cese de hostilidades y la liberación de los secuestrados en poder del grupo armado, al tiempo en que el Gobierno se compromete a impulsar las reformas de ley que permitan abrirle un espacio político. “Necesitamos hechos de paz, pues de lo contrario se perderá la fe en este proceso”, anotó.

La respuesta destemplada del vocero del grupo guerrillero no se hizo esperar. Tergiversó al Comisionado y acudió a la misma retahíla con la que suele evadir los compromisos. Indicó que no habrá un cese de hostilidades mientras el Gobierno no cese las hostilidades “contra la sociedad”, que no liberarán a los secuestrados mientras no suelten a los “presos políticos”, que no se someterán a lo que “quiera el Gobierno” y que Luis Carlos Restrepo es un “soberbio” que les ha dado un “ultimátum” que no están dispuestos a considerar.

Lo que el ELN no ha entendido es que las palabras del Comisionado de Paz representan el sentir de la mayoría de los colombianos cansados de su tomadura de pelo. Que luego de cinco rondas exploratorias que se han prolongado casi dos años, y en las que los cabecillas de ese movimiento han contado con todas las garantías, es hora de avanzar. Pasar de la retórica a los resultados concretos y de iniciar en firme la negociación de paz, que ha de contemplar, por supuesto, los puntos planteados por el Gobierno y la guerrilla.

Llama entonces la atención que ese paso elemental le cause erisipela al grupo insurgente. Pero no debe sorprender, puesto que el ELN aspira a salir en hombros del proceso de paz. De ahí su insistencia en una convención nacional que ellos mismos no saben cómo sería y la exigencia de una generosa amnistía en lugar de la ley que se aplica a los paramilitares. Es decir, aspiran a salir como héroes que no son y como los voceros de un pueblo que no se siente interpretado por ellos y que aborrece sus crímenes y falta de seriedad.

Lo ideal, es la salida negociada al conflicto, que pasa por el fortalecimiento del Estado. De ahí el respaldo que la sociedad le ha dado al Gobierno en la búsqueda de caminos de paz con los grupos alzados en armas. Por eso ha sido paciente con el ELN, esperanzada en que esta vez resulte cierta su intención de paz y que no se trate, como ya es costumbre, de una estrategia dilatoria para oxigenarse militar y políticamente, olvidando por momentos su debilidad táctica, el vacío de liderazgo y la pérdida de control sobre varios de sus frentes.

Ante ese panorama enrarecido, el Gobierno ha actuado de manera clara y consecuente al ratificar la cita del 12 de abril próximo en Cuba. “No nos pararemos de la mesa hasta que no haya acuerdos concretos y esperamos que el ELN tampoco se levante”, dijo Restrepo, a lo que respondió ‘Francisco Galán’, en un tono conciliador, quizá fruto del rechazo que produjo las palabras de ‘García’, que van a Cuba “con la responsabilidad de trabajar para encontrar hechos de paz” y que “es justo el clamor para que se suspendan los secuestros”.

Ojalá sea cierto y no se trate de un enunciado hueco propio de la época de Semana Santa. El país aguarda el inicio formal de la negociación de paz con el ELN, que debe incluir el anuncio de un cese de hostilidades y el compromiso de liberar pronto a los secuestrados. De no ser así, la poca confianza que aún le resta al proceso terminará por desvanecerse. Y no por culpa del Gobierno, como algunos lo sostendrán con claro interés político, sino de una guerrilla extraviada en su egolatría y de espaldas a la realidad.

 

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