DISCURSO DEL ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ, LUIS CARLOS RESTREPO, DURANTE LA DESMOVILIZACIÓN DEL BLOQUE NORTE
Caserío El Mamón, vereda La Mesa, Valledupar – Cesar
Marzo 10 de 2006
En este acto emotivo, lleno de vitalidad y esperanza, vale la pena recordar, así sea brevemente, el camino recorrido. Después de muchos años de hecatombe y desbarajuste nacional, cuando se iniciaba la presente administración, asistíamos al espectáculo de una Colombia fracturada. En la parte norte del país, un predominio de las Autodefensas. En la parte sur un predominio de la guerrilla. y en el centro, un Estado bobalicón que había perdido toda capacidad de contención de la violencia y que durante años se había mostrado incapaz de defender los derechos, libertades y garantías básicas de los ciudadanos.
No podemos olvidar hoy lo que fue la indolencia de una clase dirigente que desconoció los principios básicos del Estado de Derecho. El Estado moderno es legítimo, ante todo y básicamente, por su capacidad para defender la vida, honra y bienes de los ciudadanos. Cuando un Estado se desentiende de este principio fundamental, pierde entonces toda legitimidad y las constituciones y las leyes quedan como mera palabrería consignadas en los libros y los códigos. Allí hay que ubicar el origen histórico de las Autodefensas.
Durante estos tres años de conversaciones con los miembros de las Autodefensas en la mesa de diálogo de Santa Fe Ralito, y de cientos de reuniones con comunidades en las zonas donde han operado los grupos de Autodefensas, he podido constatar con claridad esa razón simple que nos debe horrorizar y que nunca debemos olvidar, la razón por la cual aparecieron las Autodefensas: la incapacidad del Estado para cumplir lo básico, lo mínimo, cual era defender la vida de los ciudadanos.
Ante la arremetida brutal de una ideología totalitaria, ante la arremetida brutal de una guerrilla feroz, ante la incapacidad del Estado para contenerla, aparecieron estas organizaciones de Autodefensas que, poco a poco, se fueron extendiendo por el territorio nacional.
No fue este Gobierno el que se inventó las Autodefensas. Fue la indolencia y la incapacidad de administraciones anteriores las que permitieron el crecimiento del paramilitarismo, a tal punto que cuando empezó la actual administración ya las Autodefensas superaban en número a la guerrilla y tenían tal poder que incluso se habían declarado la guerra entre sí mismas.
Lo que nació como un propósito de Autodefensas, poco a poco y por la razón de actuar en la ilegalidad, se fue convirtiendo en un mal secundario y en nueva fuente de violencia y de terror.
Durante la administración pasada se hicieron enormes esfuerzos por negociar con las guerrillas. Cada vez que los comisionados de paz se sentaron con las Farc o con el Eln, inmediatamente saltó la liebre de las Autodefensas. Y las guerrillas pusieron como condición para avanzar en un proceso de paz, el desmonte del paramilitarismo.
Habíamos caído en un auténtico círculo vicioso. Mientras las Autodefensas crecían en todo el país, con apoyo de amplios sectores de la población, las guerrillas se negaban a negociar en una mesa de diálogo argumentando la existencia de las Autodefensas.
Nos tocó a nosotros, durante esta administración, salir de ese círculo vicioso y encontrar un camino creativo. Lo obvio, lo lógico, terminó por imponerse. Era necesario avanzar primero en un proceso de paz con las Autodefensas.
Nadie creyó al comienzo. Durante meses, durante años, hemos adelantando una labor solitaria, encontrando todo tipo de obstáculos, encontrando todo tipo de críticas, muchas veces sin fundamento. Pero con fe y convicción hemos persistido en nuestro propósito, porque creemos que es lo que la Patria necesita.
Con firmeza, con corrección, con claridad y con transparencia, expuse a los jefes de las Autodefensas en la mesa de Santa Fe de Ralito, que era hora de pasar a la seguridad institucional. Que un Gobierno y un Estado legítimos, no podían permitir la existencia de Autodefensas. Y que la mejor contribución que las Autodefensas podían hacer a la paz nacional, era entregar sus armas y vincularse de nuevo a la vida civil.
Después de muchas discusiones, después de muchos forcejeos, después de superar muchos temores, los máximos jefes de las Autodefensas entendieron el llamado patriótico y dijeron: estamos dispuestos a dar ese paso por la paz.
Se firmó entonces el Acuerdo de Santa Fe de Ralito del 15 de julio de 2003. Es un acuerdo sencillo, es un acuerdo simple, como son las cosas que de verdad valen en la vida: las armas deben estar sólo en manos del Estado. Las Autodefensas avanzan hacia el desarme y la reincorporación, hacia la civilidad, como contribución a la paz del país. Y queda en manos del Gobierno la seguridad de los territorios.
La tarea logística de desmovilización de las Autodefensas no ha sido fácil. Hemos desmovilizado al día de hoy 33 estructuras, que copaban cerca del 25 por ciento del territorio nacional. Hoy esos 280 mil kilómetros cuadrados donde actuaban las Autodefensas, han sido plenamente integrados a la legalidad institucional.
Nunca se había visto en el país un proceso de paz de tales dimensiones. Al día de hoy se han entregado 15 mil armas, sesenta veces más el número de armas que se entregaron durante el proceso con el M-19, el más recordado hasta la fecha.
Al día de hoy han ingresado a la civilidad 28 mil miembros de las Autodefensas. La relación hombre-arma es de 1 a 2. La más alta relación hombre-arma en la historia de los procesos de desmovilización de grupos armados ilegales en Colombia.
Nuevamente en la tan recordada y celebrada desmovilización del M-19, se contabilizaron 960 hombres que dieron el paso a la civilidad y se entregaron 250 armas. Es decir, una relación 1 a 4.
Cuando más alto ha subido esta relación en las demás desmovilizaciones, ha sido de tres desmovilizados por un arma entregada. Sin embargo, algunos críticos ligeros que no conocen la realidad de la dinámica del conflicto y la violencia en Colombia, pretenden imponernos una correlación que no tiene ningún asidero en la realidad.
En el caso de la Fuerza Pública colombiana, por cada hombre que está armado en el frente, hay cinco en la parte administrativa y de apoyo.
Cuando en el proceso de desmovilización de las Autodefensas se establece una correlación 1 a 2, entonces empiezan las sospechas y las preguntas que tratan de desvalorar este esfuerzo.
Toca celebrar que 15 mil armas se hayan silenciado y que hoy esas 15 mil armas estén en manos del Estado. Esas armas, después de haber sido individualmente identificadas, verificada su procedencia, han sido depositadas en distintas unidades militares del país. En la actualidad estas armas están en depósitos de 21 distintas unidades militares, con actas de entrega, debidamente verificadas por la OEA.
Algunos nos preguntan por qué esas armas no han sido destruidas. La razón es simple. La ley colombiana lo prohíbe de manera expresa. Esas armas deben permanecer allí en esos depósitos, por si alguna autoridad judicial las requiere.
No es entonces una falla ni una improvisación que ese armamento no haya sido destruido. Es una precaución considerada por la ley y una forma de contribuir a las autoridades judiciales en sus futuras investigaciones.
Del total de desmovilizados a la actualidad, hay 325 que han sido capturados porque han vuelto a incurrir en conductas delictivas. Es un porcentaje relativamente bajo. Pero en cada caso la autoridad ha actuado como corresponde: ajustada a la ley.
Hasta el presente hemos establecido que un 2 por ciento de los desmovilizados incurren nuevamente en actividades delictivas. Porcentaje muy bajo. Muy por debajo de los promedios internacionales.
No podemos entonces empañar la solidez de un proceso, por algunos miembros de las Autodefensas que han vuelto a incurrir en actividades delictivas, cuando por miles los demás miembros de las Autodefensas se mantienen activos dentro del proceso de desmovilización.
Hasta la fecha 15.643 desmovilizados han pasado por los módulos de capacitación del Sena. Y en el momento se acaban de abrir 230 nuevos módulos a nivel nacional, que serán complementados, dentro de los próximos 20 días, con 120 módulos más, para atender a los desmovilizados en todo el país.
Desde septiembre del año pasado, la Policía viene adelantando una labor pionera y ejemplar. Ha estado capacitando a los desmovilizados como auxiliares cívicos. En la actualidad ha capacitado a 3.180 desmovilizados como auxiliares cívicos, para vincularlos a los programas de salvavías y observadores viales. Y hay ya más de mil nuevos desmovilizados seleccionados para entrar en capacitación en el próximo mes.
El Gobierno, igualmente, ha cumplido. Hasta el presente hemos entregado en ayuda humanitaria a los desmovilizados 49.780 millones de pesos. Tenemos certeza de la ubicación exacta del 95 por ciento de los desmovilizados que reciben la atención humanitaria. No es cierto que se desconozca dónde están los desmovilizados. Mensualmente cada desmovilizado para cobrar la ayuda humanitaria, tiene que identificarse con su respectivo documento de identidad y tiene que dejar su huella plasmada.
No es posible entonces suplantarlo. Y sabemos también qué pasa con el 5 por ciento que no recibe la ayuda humanitaria. De ese 5 por ciento, un 2 por ciento ha sido capturado por haber vuelto a incurrir en acciones delictivas y, por lo tanto, han perdido la ayuda humanitaria. Otro 2 por ciento corresponde a aquellos que han muerto o han renunciado voluntariamente a la ayuda. Y apenas de un 1 por ciento tenemos dificultad para establecer su ubicación. Porcentaje ínfimo en relación al total de desmovilizados.
Durante todo este proceso hemos generado una metodología de concentración y desmovilización altamente tecnificada. En cada proceso de concentración y desmovilización se cumplen varias fases: desde la sensibilización a la comunidad y la coordinación con las autoridades y la Fuerza Pública, hasta todo el montaje logístico para el funcionamiento de una zona de concentración y desarme.
En promedio, en cada una de estas zonas trabajan 250 funcionarios, que permanecen durante cerca de un mes en la zona escogida. Durante este tiempo se reactiva la economía regional y se generan, en los corregimientos o municipios, cerca de 100 empleos temporales que benefician directamente a los miembros de la comunidad. Siempre en estos casos buscamos dejar obras para la ayuda de las comunidades. Preferimos por eso llevar adelante los circuitos de los desmovilizados en instalaciones públicas y ojalá educativas.
Aquí mismo, en el corregimiento de La Mesa, la institución educativa queda notablemente mejorada al terminar esta desmovilización, con una aula nueva y con mejoras de tipo locativo, de tipo eléctrico, con mejoras en su servicio sanitario, que van a beneficiar en el futuro a los estudiantes.
Así pasó también en Chimila, así pasó también en San Martín, así ha pasado en cada uno de los sitios donde hemos estado adelantando estas labores de concentración-desmovilización, como una forma también de reconciliar al Estado central con las comunidades donde se dan estos procesos.
Nos estamos vinculando igual a las zonas de desmovilización con proyectos productivos. Aunque lleva apenas un año, con la oficina de Proyectos Productivos para la Paz, impulsada desde Presidencia de la República, hemos generado catorce empresas asociativas y 1.156 empleos directos dentro de estos proyectos productivos.
En la actualidad el 28 por ciento de los desmovilizados está vinculado laboralmente, y contamos con una gerencia nacional de empleo que está activamente coordinando proyectos y programas con los diferentes sectores del país, para avanzar en la vinculación productiva de la totalidad de los desmovilizados.
Vemos entonces un panorama consolidado y alentador, que no puede ser, bajo ninguna circunstancia, empañado por algunos problemas puntuales y focales, donde han aparecido bandas delictivas en territorios donde antes actuaban las Autodefensas.
Hemos recibido, con la mayor humildad y el mayor respeto, el informe presentado por la OEA, de manera reciente. Algunas de esas quejas habían sido recibidas por el Gobierno y ya le estábamos haciendo seguimiento.
Después de la presentación del informe, hemos avanzando mucho más para adentrarnos en la realidad y tener un diagnóstico certero de lo que acontece.
Hemos ubicado que, en efecto, en zonas como Tierradentro en Córdoba, en algunas zonas del Medio Catatumbo, en el norte de Nariño y en el norte de Casanare, han aparecido grupos delincuenciales dedicados al narcotráfico, allí donde antes operaban las Autodefensas.
Pero no podemos magnificar el asunto. Me asombré esta mañana al leer un periódico respetable a nivel nacional, decir que, según el informe de la OEA, cuatro mil miembros de las Autodefensas habían vuelto a tomar las armas. Jamás el informe de la OEA dijo eso. Y no es posible especular con un tema tan sensible.
Que nosotros tengamos certeza, no más de 60 ó 65 desmovilizados son los que se han vinculado en estos lugares puntuales a actividades delictivas. Que nosotros tengamos certeza, allí no se están conformando nuevos grupos de Autodefensas, razón por la cual no admitimos esa hipótesis de la aparición de una nueva generación de Autodefensas. Allí lo que están apareciendo son fenómenos delictivos relacionados con el narcotráfico. Y que nosotros tengamos certeza, ningún comandante desmovilizado de las Autodefensas está comprometido con esos fenómenos.
En honor a la verdad, señor Vicente Castaño, señor Salvatore Mancuso, le tengo que decir al país que desde el comienzo ustedes en la mesa dijeron con claridad que ese era un fenómeno que se podía presentar. Con claridad debo decirle al país que los comandantes desmovilizados han actuado siempre como activos y diligentes cooperadores de las autoridades, para detectar esos nuevos fenómenos de delincuencia.
Debo decirle con claridad al país que la problemática que allí se vislumbra, tal como fue señalado por Rodrigo Tovar Pupo, es una problemática que tiene que ver con un fenómeno mucho más hondo, mucho más difícil, que se llama narcotráfico.
Hay veces he dicho que mi cargo sería tal vez el más fácil de la Nación si no existiera el problema del narcotráfico. El narcotráfico es la auténtica desgracia de esta Nación.
Hemos desmovilizado las Autodefensas. Me consta que en cada uno de los actos se han entregado las armas y se han desmovilizado los hombres que, según informes de inteligencia, nosotros sabíamos que existían. Pero eso no quiere decir que desaparezca el fenómeno del narcotráfico. Allí está vivo y coleando. Y de allí la importancia de unirnos alrededor del Gobierno y con la comunidad internacional, en una lucha frontal contra el narcotráfico. Porque de lo contrario podemos avanzar en este proceso de paz, pero la Nación se sigue desangrando.
De manera puntual, en conjunto con los altos mandos militares, hemos decidido poner en marcha un programa nacional de atención a los que llamamos corregimientos vulnerables. Porque el pulso de la Seguridad Democrática, el pulso de la guerra y de la paz, pasa en este momento en Colombia no por las cabeceras municipales ni por los grandes centros urbanos, sino por corregimientos apartados de esas cabeceras municipales y articulados a corredores de movilidad de los grupos ilegales, a economías ilícitas. Corregimientos que durante mucho tiempo estuvieron en manos de la guerrilla y después de las Autodefensas.
Esos pequeños corregimientos, como La Mesa, como Chimila, como tantos otros de la geografía nacional, son corregimientos que deben obtener, por parte del Estado, la máxima atención en los próximos años. Si nosotros perdemos el pulso por el control territorial de estos corregimientos, se habrá perdido la Patria. El Estado tiene que hacer una presencia integral.
Con el apoyo de la Policía, y contando con cinco mil patrulleros que salen en los próximos días de las escuelas para cubrir los territorios donde actuaban las Autodefensas, tenemos ya un primer listado de 50 corregimientos donde hará presencia permanente la Policía.
Pero no es suficiente la sola presencia de la Policía. Allí habrá que priorizar también las acciones sociales del Estado. Allí habrá que priorizar también proyectos productivos y, por supuesto, tendremos que avanzar de manera eficaz en la erradicación de los cultivos ilícitos, con los diversos programas planteados por el Gobierno Nacional.
Este es un trabajo que exige una gran coordinación con los gobiernos departamentales y municipales. Señores gobernadores, señor Gobernador del Cesar, señores gobernadores del Magdalena y de La Guajira: he encontrado en ustedes un altísimo espíritu patriótico y de cooperación. He encontrado en ustedes una solidaridad a toda prueba con esta política de paz. He encontrado en ustedes amor por este terruño.
Espero, señores gobernadores, señor Alcalde de Valledupar y demás alcaldes presentes, que seamos capaces de constituir una alianza y un propósito nacional, para proteger estos territorios vulnerables, para proteger estos corregimientos olvidados de la Patria, donde ahora el Estado tiene que hacerse presente con toda su eficacia. Tiene que hacerse presente con todos sus programas, para reinstituirle la dignidad humana a sus pobladores.
Hoy culminamos, dentro de la historia de esta dolorida patria colombiana, una larga e importante jornada por la consolidación de la paz nacional.
Señores ex comandantes de las Autodefensas, señor Rodrigo Tovar Pupo: ustedes le han cumplido al país. Sé, como nadie, de sus preocupaciones y de sus dudas. Sé, como nadie, de los temores que los asaltan ante una opinión pública, a veces demasiado crítica, demasiado ácida, ante generadores de opinión que no comprenden la realidad de lo que ha acontecido en esta Nación.
Y por eso valoro mucho más su decisión. Por eso valoro mucho más su gesto. Y por eso valoro mucho más su patriotismo.
Quisiera desde aquí, en este momento, hacer un llamado para que cese la pugnacidad. Hacer un llamado para que se mire lo obvio. Hacer un llamado para que no se sospeche más de un proceso que, como ninguno, ha contribuido y contribuirá a la paz de la Nación.
Quiero hacer un llamado constructivo, quiero hacer un llamado esperanzador, quiero hacer un llamado para que generemos el clima de confianza que nos permita pasar, entonces, a una adecuada aplicación de la justicia y a una adecuada implementación de una política de reparación.
En medio de la pugnacidad, en medio de la sospecha, es muy difícil avanzar. Hemos dado un paso importante, pero faltan muchos más pasos. Soy optimista. Creo que hemos empezado a sacar a esta Nación del abismo.
A ustedes señores, señoras del Bloque Norte que hoy ingresan a la civilidad, quiero darles las gracias por ese acto de valor patriótico que permite consolidar la esperanza de una paz nacional.
Me corresponde como funcionario y, en representación del Presidente de la República, decirles a ustedes que no vamos a ser inferiores a las exigencias. Que cumpliremos con lo prometido. Que no se volverá a caer en un vacío de autoridad. Que vamos a responder con nuestra Fuerza Pública por la seguridad de estos territorios. Y que vamos a avanzar, de manera decidida y significativa, en procesos de paz con las guerrillas, siempre y cuando estos procesos de paz sean útiles y le convengan a la Nación.
Mantendremos la combinación de mano firme y corazón grande. Mantendremos la firmeza institucional, pero también la disposición para labrar, conjuntamente, la reconciliación de una Nación que necesita cicatrizar sus heridas.
A los habitantes de La Mesa, a los habitantes de este querido pueblo vallenato, que en medio de este proceso he aprendido a admirar y por el cual siento un profundo cariño, quiero darles igualmente las gracias.
A diferencia de las historias simplistas que se cuentan a veces sobre la problemática del conflicto, me ha tocado constatar el arraigo que las Autodefensas tienen en muchos sectores de la comunidad donde han actuado. Y he podido ver en los últimos días en algunos corregimientos y municipios, la conmoción de los ciudadanos pidiendo la presencia de la Fuerza Pública al momento de salir de las Autodefensas.
A todos los habitantes de la región quiero decirles, igualmente, que este es un Gobierno comprometido con la vida, con la seguridad y con la libertad de ustedes. La cuota inicial que ustedes colocan hoy para la pacificación de la región, será reconocida por la historia.
¡Bienvenidos, bienvenidas a la civilidad! |