DISCURSO DEL ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ, LUIS CARLOS RESTREPO RAMÍREZ, DURANTE LA DESMOVILIZACIÓN BLOQUE NORTE
Corregimiento de Chimila, El Copey – Cesar
Marzo 8 de 2006.

Cumpliendo su compromiso con la paz del país y en desarrollo del Acuerdo de Santa Fe de Ralito del 15 de julio de 2003, hoy el Bloque Norte de las Autodefensas da un paso definitivo para la consolidación de la paz regional y nacional.

Un primer grupo, conformado tanto por fuerzas de choque como por los frentes de apoyo social, se incorpora hoy a la legalidad democrática de la Nación.

Ochocientos ochenta miembros de las fuerzas de choque de la vertiente noroccidental de la Sierra Nevada de Santa Marta, entregan hoy sus armas: 615 armas en total entre largas, cortas y de apoyo, discriminadas en 346 fusiles, 31 escopetas, 1 carabina, 3 subametralladoras, 163 pistolas, 33 revólveres, 5 ametralladoras, 17 lanzagranadas y 16 morteros.

Se entregaron igualmente 391 granadas que, siguiendo el protocolo de manejo de explosivos, han sido ya destruidas ante las autoridades y veedores competentes. Y 40.269 unidades de munición con 702 proveedores de armas largas y cortas. Igual se han entregado 98 radios portátiles.

Adicionalmente ingresan hoy a la legalidad democrática 1.335 miembros de los frentes de apoyo social que actuaban en el plan productivo de los departamentos de Atlántico, Magdalena y Cesar.

Se han entregado además seis motos de diferente cilindraje, dos vehículos tipo campero, dos vehículos tipo camioneta y una volqueta, que servían de apoyo logístico a la organización.

Con este paso, señor Rodrigo Tovar Pupo, le cumple usted a la región y al país. Se comprometió solemnemente en avanzar hacia la paz. Hoy da ese primer paso. Y el próximo viernes en el corregimiento de La Mesa, municipio de Valledupar, dará usted el paso definitivo, cuando al frente del resto de la organización deponga definitivamente las armas.

Tengo muy claro sus planteamientos, inquietudes y temores, expresados durante tantos meses de conversaciones en Santa Fe Ralito, en las montañas del Perijá y en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Sé de su preocupación por la seguridad de la zona y el futuro de las poblaciones. Pero igual en todos esos momentos le reiteré, y lo reitero hoy en público, que la decisión de este Gobierno es una sola, indeclinable e inquebrantable: que la seguridad no puede estar en manos de civiles o de particulares, que la seguridad debe estar en manos del Estado. Que un Gobierno comprometido, como ninguno en la historia de la Nación, con la recuperación de la Seguridad Democrática, no puede permitir la existencia de Autodefensas ilegales, porque esto deslegitima al Estado y porque esto quebranta el principio de la autoridad legítima.

Que, por lo tanto, la responsabilidad de la seguridad es nuestra. Que por instrucciones del Presidente de la República, debo decirles a los habitantes de Chimila, a los habitantes de El Copey, a los habitantes de los departamentos del Cesar, Magdalena, La Guajira, Atlántico y Norte de Santander, donde actuaba el Bloque Norte, que es la hora de recuperar la seguridad institucional. Es la hora de que las armas estén única y exclusivamente en manos de la Fuerza Pública. Y es la hora de que los ciudadanos cooperen estrechamente con las autoridades legítimas, para que nunca más se vuelva a repetir en Colombia la hecatombe y el horror que hemos vivido.

He escuchado en estos días afirmaciones fatalistas, premoniciones de mal agüero, que de una u otra forma deslegitiman el esfuerzo que venimos adelantando. Se dice que se desarman los paramilitares, pero que no se acabará el paramilitarismo. Se habla ahora de unas supuestas Autodefensas de tercera generación. Y se volvió corriente recurrir a ese término, como si eso fuese una evidencia. Suponen muchos que en diversas partes del país se están reorganizando las Autodefensas y nuevamente copando territorios.

Debo decirlo hoy con claridad: jamás había visto la Nación un proceso de paz de tanta enjundia. Jamás había visto la Nación un proceso de paz con tanta entrega de armas. Jamás había visto la Nación un proceso de paz donde la institucionalidad ganara de manera tan significativa, como ha ganado con este proceso.

Cuando se inició el Gobierno y me senté en la mesa en Santa Fe Ralito, las Autodefensas eran una organización nacional en expansión, que controlaba territorio y que superaba ya en número de hombres a los miembros de la guerrilla.

Se habían vuelto tan poderosas las Autodefensas que incluso se habían declarado la guerra entre ellos. Comenzando el proceso de diálogo, tuvimos que enfrentar un nuevo desastre nacional, cuando las autodefensas de Miguel Arroyave y de Martín Llanos se enfrentaron, ensangrentando los departamentos de Casanare, Meta, Arauca y Guaviare, y cuando las Autodefensas del Boque Central Bolívar, aliadas al Bloque Cacique Nutibara, se enfrentaron con las Autodefensas al mando de ‘Doble Cero’.

Hoy eso es cosa del pasado. Miles de kilómetros cuadrados se han recuperado para la institucionalidad democrática. Hemos duplicado, triplicado y cuadruplicado la Fuerza Pública en los territorios donde se han desmovilizado las Autodefensas.

Existen algunos fenómenos puntuales de rearme de algunos desmovilizados, pero esos no son Autodefensas. Son delincuentes vulgares, delincuentes dedicados el narcotráfico. Un puñado de hombres que se dejó tentar nuevamente por el dinero fácil y cuya actitud no puede empañar el esfuerzo colectivo de miles y miles de desmovilizados de las Autodefensas, que, como lo decía ahora Sergio Caramagna, tienen claro el camino de reincorporación a la civilidad.

Y que, en asocio con gobernaciones y alcaldías, como lo venimos haciendo con los señores gobernadores del Magdalena y del Cesar, como lo hemos hecho con los gobernadores en el Llano, como lo hemos hecho en Antioquia, como lo hemos hecho en Norte de Santander, están labrando adecuadamente el camino de la reconciliación.

Si surgen pequeños focos armados, les pido que no los llamemos Autodefensas. Aquí no va a ver tercera generación de Autodefensas. Las Autodefensas son cosa del pasado. Nuestra voluntad para recuperar la institucionalidad es total. No vamos a permitir bajo ninguna circunstancia que se vuelva a repetir la hecatombe histórica de un Estado y un Gobierno indolente, que no es capaz de defender la vida de los ciudadanos y que, por lo tanto, motiva la organización de civiles que por fuera de la ley toman las armas para defenderse.

Si eso aconteciera, entonces Colombia no sería viable. Si eso aconteciera, entonces no tendría sentido nuestra historia. No hay que caer en el pesimismo. Nosotros tenemos confianza en que estamos transitando el camino correcto.

Cuando se comenzó este proceso, muchos de los que hoy lo critican, me decían: es imposible negociar con las Autodefensas, es imposible hacer algo con las Autodefensas si antes no se ha desmovilizado la guerrilla.

Hoy siguen incrédulos, pero con diferentes argumentos. Qué importante entender que las cosas deberían ser exactamente como las hemos hecho. El primer paso para la pacificación del país debía ser precisamente la desmovilización de las Autodefensas. Debía ser la demostración clara y fehaciente del Estado de que era posible una seguridad institucional. Debía ser esta primera cuota para la paz del país que, de una u otra forma, manda un mensaje a los grupos guerrilleros y les dice: señores, ustedes, que siempre tuvieron como excusa para avanzar en un proceso de paz, la existencia de las Autodefensas, ya no tienen esa excusa.

Todo esto acompañado de la decisión firme de recuperar la autoridad legítima.

Colombia se engolosina con falsas dicotomías. Durante años nos propusieron un dilema inexistente. El dilema entre la guerra y la paz. El dilema entre la mano firme y la negociación. Esos caminos no son contrapuestos. Esos caminos son convergentes. Sólo cuando hay una decisión firme de recuperar la seguridad institucional, sólo cuando hay un Gobierno decidido a derrotar a los violentos, sólo cuando hay un Gobierno que hace uso de las competencias constitucionales y legales para imponer la autoridad legítima, sólo entonces es posible un diálogo útil.

Hay que saber combinar la mano firme con el corazón grande. Y lo hemos venido demostrando con claridad. Al dar este paso hoy hacia la civilidad, ustedes, señores de las Autodefensas del Bloque Norte, nos comprometen. Nos comprometen con la seguridad de estas regiones. Y está bien que así sea. Está bien, Rodrigo Tovar Pupo, que usted señale personalmente responsabilidades. En Colombia los funcionarios no pueden seguir eludiendo las responsabilidades que les competen. Por supuesto, en nombre del Presidente de la República y como funcionario, nos comprometemos, señores gobernadores y señores de las comunidades, a velar por la seguridad de estos territorios.

Hemos adelantado en los últimos días muchas coordinaciones con la Fuerza Pública para cubrir, en las estribaciones de la Sierra Nevada y en Perijá, todos los puntos vulnerables, de tal manera que no corramos ningún riesgo frente a los posibles ataques de aquellos que persisten en el terror.

Concomitantemente con este proceso y respondiendo al clamor de las comunidades, se han montado los puestos de Policía en Villa Germania y Chimila. Y seguiremos con los señores gobernadores, con el señor Gobernador del Cesar, con el señor Gobernador del Magdalena y de La Guajira, los tres funcionarios comprometidos con esta tarea de la reinstitucionalización, monitoreando paso a paso la seguridad en la zona.

Qué bueno es ver a las comunidades clamando por la presencia de la Fuerza Pública. Desconoce en gran parte el país el arraigo cultural que han logrado las Autodefensas en las zonas donde han operado y el enorme temor que sienten las comunidades con su desmovilización.

El domingo en la noche, cuando fuimos a traer hacia la zona de concentración a los miembros del Bloque Norte que estaban en zona de Villa Germania, nos encontramos con un hecho y una realidad, que se ha repetido muchas veces en los últimos meses en todo el país: la comunidad impidió la salida de los hombres del Bloque Norte, exigiéndonos presencia permanente de la Fuerza Pública en la región.

Nosotros entendimos constructivamente ese pedido de la comunidad. Nosotros valoramos positivamente esa exigencia de la comunidad. Y por eso, atendiendo al requerimiento de esa comunidad, copamos adecuadamente con Fuerza Pública, copamos adecuadamente con Ejército y con Policía el territorio, de tal manera que esos ciudadanos pudieran estar tranquilos. Porque cuando no hay tranquilidad en los ciudadanos, cuando no hay confianza en los ciudadanos, cuando los ciudadanos se sienten desprotegidos, allí entonces se genera la fisura por donde aparecen los retoños de ilegalidad que tanto daño le han hecho al país.

Qué bueno que recuperemos esa confianza entre la Fuerza Pública y los ciudadanos. Qué bueno que ustedes nos exijan a nosotros, y que nosotros, autoridades civiles, miembros de la Fuerza Pública, de la Policía y del Ejército, les respondamos como es debido responderles. Pero entendamos también que este es un matrimonio difícil de llevar. Hay que hacerle ajustes permanentes. Y como sucede en la vida de pareja, muchas veces hay problemas de comunicación. La ciudadanía no le entrega adecuadamente la información a la Fuerza Pública o la Fuerza Pública no responde con la rapidez y eficacia que quiere la ciudadanía.

Lo que hay que hacer en este caso es ajustar los comportamientos, avanzar en el mutuo aprendizaje, porque lo que no tiene sentido es caer en el despecho. Es que la ciudadanía diga que la Fuerza Pública no sirve o que la Fuerza Pública diga que la ciudadanía no le colabora y protege a los ilegales. Ese fue el camino que nos llevó al abismo. Se trata ahora de fortalecer ese matrimonio, ese binomio Ciudadanía y Fuerza Pública. Y que la Fuerza Pública aprenda a valorar, aprenda a tratar, con el cuidado correspondiente, cada pedido y cada información que le entregan los ciudadanos. Pero que también los ciudadanos aprendan a comprometerse con la Fuerza Pública y a brindarle el apoyo que necesita y que merece para poder mantener su moral en alto.

En este aprendizaje habrá que hacer ajustes. Es posible, como ya hemos visto en otras regiones del país, y aprovechando la desmovilización, que tres o cuatro o cinco guerrilleros, que se mueven de civil, lleguen a una comunidad a tratar de arengarla y a decirle que van a volver por el territorio.

No se dejen intimidar. Mantengan en alto el valor. Mantengan en alto la confianza y la convicción. En este momento la guerrilla está recurriendo al terrorismo sicológico, porque es incapaz de mover sus efectivos para copar el territorio.

Recurren a la intimidación telefónica o recurren a pequeños comandos que se mimetizan para tratar de intimidar a uno u a otro tipo de pobladores. Tengan bien presente que la hecatombe comienza cuando nos dejamos atemorizar de aquellos que persisten en el terror.

Téngalo claro: vamos por el camino correcto. Téngalo claro: el acto de valor de ustedes el día de hoy es una gran contribución para la paz del país. Téngalo claro: el de hoy es el mayor acto de valor, de patriotismo y de heroísmo que ustedes han hecho. Y tengámoslo claro todos los colombianos: si persistimos en nuestro propósito de avanzar en la institucionalización, de consolidar la Seguridad Democrática, cada vez tendremos más frutos en el campo de la paz.

Los colombianos han visto de qué manera este proceso de desmovilización de las Autodefensas empieza a complementarse con un sendero apenas incipiente, pero que esperamos que dé frutos, de negociación con el Eln. Y como el día de ayer una compañía completa de las Farc, con sus jefes militares y políticos, entregó las armas en Alvarado, Tolima, y en su intervención, el jefe político señalaba de qué manera esa organización estaba profundamente equivocada, resquebrajada internamente y de qué manera ellos entendían que había llegado el momento de la reconciliación.

Como dice nuestro Himno Nacional: empezamos a salir de la larga noche. Y gracias a ustedes, gracias al gesto que hoy se materializa en Chimila, podemos decir entonces ahora, con certeza, que vemos cercana la reconciliación de la Patria y que la paz es posible.

Muchas gracias.

 
 

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