HOMENAJE AL PRIMER COMISIONADO DE PAZ

PREFACIO

John Agudelo Ríos era un hombre de talla menuda y espíritu altivo. Sus gestos y palabras trasmitían esa corrección que nos enseñaron nuestros abuelos, y que se ha perdido en el gusto por las transacciones del mundo contemporáneo. Ya enfermo y agotado, a pocos días de su muerte, trasmitía todavía su estampa de Quijote de la paz. Él fue pionero de la labor que desde entonces hemos desempeñado los consejeros de paz, o comisionados, como se los conoce desde el gobierno de Ernesto Samper.

Tuve oportunidad de conversar largamente con John cuando apenas se iniciaba el gobierno del presidente Uribe. Me confesó que era el primer Comisionado de Paz que se mostraba atento a escuchar sobre su experiencia. Aun más, que seguía esperando una respuesta a su carta de renuncia como Presidente de la Comisión de Paz del gobierno Betancur. Cosa curiosa, no obstante su esfuerzo, para las esferas oficiales John parecía haber caído en el olvido.

Escuchándolo me convencí aun más, de lo que ya intuía. Que el esfuerzo de paz con las FARC, durante el gobierno Betancur, había sido el más serio intento por encontrar una salida negociada con ese grupo guerrillero. Pero que dicho esfuerzo se había diluido en medio de la indiferencia colectiva. El experimento novedoso de la Unión Patriótica terminó en un baño de sangre. Cuanta muerte y dolor nos hubiésemos ahorrado si el esfuerzo de John hubiese dado frutos.

Repasando los acuerdos de La Uribe, creo mantienen plena validez. Bastaría devolvernos y ponerlos en vigencia, así de simple. La solicitud de este gobierno de un cese de hostilidades, como única condición para el inicio del diálogo, está allí contenida de manera sencilla. Y como se lo dijo el presidente Uribe a Fidel Castro hace más de un año en Quito: con él no se repetiría la experiencia dolorosa de la Unión Patriótica.

Por supuesto hoy ya estamos maduros para entender que la política no se puede combinar con las armas. Queda claro en el Continente que la izquierda tiene las mejores condiciones para llegar al poder por las vías democráticas. El paramilitarismo, que se levantaba como feroz enemigo de una alternativa política para las FARC, hoy se muestra dispuesto a desmovilizarse y respetar esta alternativa. No puede existir un mejor momento para intentar de nuevo un proceso con las FARC. Ojalá ellos lo entiendan.

Entre tanto, me siento en una paradoja similar a la que vivió John. He logrado sentar a la mesa a la derecha armada, al temible ejército paramilitar. Pero curiosamente esos mismos sectores que durante años se han mostrado favorables a una salida dialogada con la guerrilla, hoy se levantan críticos frente al proceso con las autodefensas.

Ese espacio que John logró abrir con la izquierda armada, hoy lo he logrado yo con la derecha armada. Ojalá la historia no se repita. Y no se vean frustradas de nuevo las esperanzas de paz.

 

LUIS CARLOS RESTREPO
Alto Comisionado para la Paz
Febrero 15 de 2005

 

LA ÚLTIMA CHARLA CON JOHN AGUDELO RÍOS

Introducción

Hace treinta años se firmó el Acuerdo de la Uribe, luego que el abogado laboralista John Agudelo Ríos tejiera una red de relaciones públicas entre el gobierno, los empresarios y los guerrilleros de las FARC. Esa fue una tarea mediada por la confianza, la que, según palabras de Jhon Agudelo Ríos, no contó con el acompañamiento ni el respaldo de los sectores dirigentes de la nación.

Agudelo Ríos habló largamente el 21 de agosto de 2002, con el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, acompañado de Juan Sebastián Betancur y César Caballero Reinoso. Diez y siete días después falleció, convirtiéndose esta conversación en su último recuento del papel que jugó en las negociaciones de paz con las FARC, el M-19 y el EPL.

El expresidente de la Comisión de paz recordó que las Farc en 1984 condenaron las prácticas del secuestro y el terrorismo, e incluso, dos años después se pronunciaron contra el narcotráfico, el boleteo y la justicia por mano propia.

"En aquellos años, durante el gobierno de Belisario Betancur, todos los esfuerzos se concentraron en propiciar acuerdos con los grupos insurgentes, los cuales se tradujeron en un primer intento de inserción política de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia a través de la Unión Patriótica y en un cese el fuego por parte de la agrupación guerrillera", recordó Agudelo Ríos .

"Lo que hoy se busca negociar con la guerrilla ya se había conseguido hace veinte años, pero el proceso de paz en ese momento no tuvo el suficiente respaldo. Diversos sectores de la sociedad tenían celos políticos por los dividendos que el éxito de esta tarea le pudieran generar al presidente Betancur. La paz no se pudo hacer, y yo lo dije textualmente a "El Mundo" de Medellín, porque no colaboraron ni los partidos políticos, ni el congreso, ni los gremios, ni la Iglesia, ni nadie."

Reconoció que la realidad de la guerrilla hoy es distinta a la que él vivió, pues en su época no existían tantos frentes guerrilleros.  En efecto, en 1986 cuando se firmó el último acuerdo de paz con las FARC existían en el país 27 frentes y hoy sobrepasan los 60.

Comentó que en su momento él tuvo que atravesar montañas para hablar con los guerrilleros, sin tener servicios de seguridad ni infraestructura burocrática de apoyo, tal como se presenta en la actualidad.

Defendió la tesis que a los guerrilleros había que convencerlos que la paz les conviene a ellos. También vio la necesidad de partidos distintos al liberal y el conservador, porque muchas personas no cabían en ellos, lo cual se convertía en una solución alternativa a la violencia y al desorden. Su gran habilidad fue negociar sin ofrecer nada distinto a la voluntad de paz del Gobierno.

En su remembranza, recordó sus largas jornadas de conversaciones con Manuel Marulanda, le echó un vistazo al recorrido que hizo para acordar los términos de cese al fuego con las FARC, contó intimidades de sus reuniones con el M-19, analizó la actitud de las fuerzas militares frente a este tema y se detuvo en el proceso de paz emprendido por el gobierno Pastrana.

Agudelo hace un llamado a entender a fondo los acuerdos de paz firmados con anterioridad, porque allí esta pactado más de lo que el país hoy anhela.

ANTECEDENTES DE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ

C.C/ Usted participó en la primera Comisión de Paz durante el gobierno del presidente Turbay. ¿Cómo se desarrollaron esos acontecimientos?

J.A.R/
 El expresidente Carlos Lleras estaba horrorizado por lo que ocurría con el orden público del país durante el gobierno de Turbay, y escribió en Nueva Frontera un editorial pidiendo que se hiciera una reunión o se conformara una comisión para avocar en serio el problema de la paz. Entonces el doctor Turbay creó una Comisión de Paz, y encargó a Carlos Lleras de su presidencia. Yo estuve en ella como su Coordinador General.

C.C/  ¿Cuál era el objetivo de la Comisión?

J.A.R/ La Comisión tenía como objetivo buscar los medios jurídicos a través de los cuales los alzados en armas pudieran reincorporarse a la vida democrática del país. Es decir, era un paso trascendental porque no teníamos parámetros para zarpar. La pregunta era cómo nos ingeniábamos los procedimientos para que los guerrilleros pudieran reingresar a la sociedad.

L.C.R/  ¿Cómo trabajaba la Comisión?

J.A.R/
 La Comisión de Paz, presidida por Lleras se reunía en el Club Militar. Allí escuchábamos a los militares quienes nos daban la información que en ese momento habían acumulado sobre el proceso de paz y la guerra. Nos contaban dónde estaban disparando, cuáles eran sus problemas, cuántos hombres tenían y qué armamento utilizaban. Llamó la atención en ese momento lo expresado por el General que comandaba las operaciones: "la única cosa cierta en este proceso, es que ni nosotros somos capaces de acabar con la guerrilla, ni la guerrilla es capaz de acabar con nosotros". Días después fuimos a la primera reunión con "Tirofijo" en el Huila. Fueron cinco horas en jeep, después cuatro horas a caballo, atravesamos el desierto de La Tatacoa, luego llegamos a un pantanero gigantesco, donde nos pudieron haber cazado como a patos, y al otro lado estaba Marulanda con su Estado Mayor. Después de varios días, en una casita campesina, terminó la charla con una intervención de Marulanda, quien dijo: "lo único que hay de cierto en esto, es que nosotros no somos capaces de tumbar el gobierno, ni el gobierno es capaz de acabar con nosotros". Es exactamente lo que había dicho el General unos días antes.

C.C/ ¿Ustedes por qué renunciaron a la Comisión?

J.A.R/
  El doctor Lleras le envió una carta al doctor Turbay, a petición de la Comisión de Paz, proponiéndole algunas iniciativas para avanzar en las negociaciones. Pero el Presidente nos contestó una carta muy destemplada diciendo que en realidad eso no era tan grave como nosotros lo veíamos, pues el General Camacho Leyva había dicho que esa situación la acababa él en una semana. Cuando llegó esta respuesta, Lleras y toda la Comisión renunciamos, pues nos quitó el asiento.  Ahí está la carta de Turbay.

L.C.R/  ¿Hubo tal vez motivaciones de carácter político?

J.A.R/ Sí. En ese mismo momento en que ocurre el hecho con el Presidente Turbay, se intensificaba la campaña Betancur - López, cuyo tema central, según las encuestas y los editoriales de los periódicos, era la paz.  Para mi, Belisario ganó porque los electores le creyeron más a sus propuestas de paz. Ya como Presidente, Betancur no solo nos dio un espaldarazo a los miembros de la Comisión, sino que la recompuso, amplió su número y le dio amplios poderes para que adelantara diálogos y acuerdos con los grupos alzados en armas.

C.C/ ¿Cómo fue el arranque de la primera conversación en esta nueva etapa en el gobierno Betancur?

J.A.R/
 Había que ser positivo de entrada.  La ruptura de los diálogos en el gobierno Turbay pesaba, sin embargo, un tema que empezó a ser fundamental en ese momento era el Plan Nacional de Rehabilitación, que tenía un fuerte componente político, en el buen sentido de la palabra, porque contribuía a construir lo que hoy se llama el componente social.  A ellos les cayó muy bien el programa. En ese momento el presidente de la Comisión de Paz era Otto Morales Benítez, quien tenía atravesada la idea de la candidatura presidencial.  Entonces un par de meses después se retiró. Las conversaciones eran directamente con Marulanda y a ellas asistían otros guerrilleros que resultaron muertos en el camino, porque nuestra gestión no era bien vista por las Fuerzas Armadas, pues pensaban que se estaba construyendo la paz en contra de ellas. Yo estaba haciendo la paz en contra de las Fuerzas Armadas.

J.S.B/ ¿Esas reuniones de Colombia - Huila, fueron previas a los acuerdos de La Uribe?

J.A.R/ Si claro

J.S.B/ Es decir estas eran confidenciales frente a la opinión.

J.A.R/ Obvio

J.S.B/  ¿No hubo ningún protagonismo de nadie?

J.A.R/
 Nunca

L.C.R/  ¿Pero la opinión sabía que ustedes se estaban reuniendo? ¿La prensa daba información?

J.A.R/ No.

L.C.R/ ¿Ni el Ejército sabía?

J.A.R/
 No, no sabía el Ejército

C.C/  ¿Quiénes hacían parte de la Comisión de Paz en que Usted participó?

J.A.R/
 Inicialmente éramos como 40, de los cuales habían 7 exministros, que actuaban como acompañantes, porque no sabían qué estaban haciendo allí. Yo era el que me reunía con Marulanda, quien manifestaba que era mejor que ellos no entraran.

J.S.B/  El presidente Betancur, hasta donde yo recuerdo, hizo una Comisión grande, con muchas personas, porque él necesitaba que el país entendiera que en ese proceso tenían que estar todos los matices y corrientes políticas. Y no ser excluyente con nadie. Pero el negociador eras tu.  Que es distinto. La comisión no negociaba absolutamente nada. Esa era un poco la diferencia.

J.A.R/ Sí. Sobre todo una cosa, que he visualizado con el tiempo, yo fui más que todo un mediador. Yo mediaba con Betancur también.

C.C/  ¿Cómo era la rutina de las negociaciones?

J.A.R/ Nos levantábamos por la mañana. Nos sentábamos Marulanda y yo a conversar solos, lo cual es muy importante. Un hábil negociador no se deja poner testigos para cosas que no le convengan.  Y creamos una empatía muy rara.  Él no sabía quién era yo. Cuando le dijeron que era conservador, el tipo no podía creer. Lo que quiere decir que existían prejuicios entre los dos. Entonces yo hablaba con él como con un bandido. En esa época no era viejo. Yo le puse quejas sobre comandantes de frentes, a quienes los cambió inmediatamente.  

L.C.R/ ¿En aquella época bastaba la discrecionalidad del Presidente para encomendarle a Usted adelantar estas conversaciones, y eso no implicaba ni responsabilidad penal ni compromisos insalvable?

J.A.R/
 Esa es una de las  cosas más importantes. Yo no podía firmar por el Presidente.  Como dijo un francés: "es lo más hábil que yo he visto para no dar nada". La Comisión daba fe de que el gobierno tenía una amplia voluntad de paz y de promover la desmovilización de los grupos alzados en armas.

C.C/ ¿ Pero sí se firmaron acuerdos de paz?

J.A.R/
 Yo redacté todos los acuerdos de paz. Allí se decían cosas como por ejemplo: "4. Las FARC ratifican su condena contra el secuestro y la extorsión hecha en el Acuerdo de La Uribe, y en otros documentos suyos. Condenan, también el chantaje o boleteo en cualquiera de sus formas, el narcotráfico, el atentado personal, la desaparición de personas, la tortura, la justicia por mano propia, provengan de donde provengan, así como el reclutamiento de adeptos con fines militares, y la presencia de hombres suyos portando armas o uniformes de uso privativo de las Fuerzas Armadas, en reuniones públicas, en lugares poblados, o frente a ciudadanos inermes". 1

L.C.R/ Esta es una carta enorme, entre otras cosas porque ellos hoy remiten todas las negociaciones al 84. "Desde el 84 firmamos unos acuerdos...", dicen.

J.A.R/
 El quinto punto de los acuerdos de La Uribe dice: "5. Las partes firmantes de este documento instan a todos los hombres y mujeres de Colombia, sin distingos de ninguna clase, a movilizarse y luchar contra el terrorismo de cualquier procedencia, para defender el bien colectivo" 2   En este último punto puso el grito en el cielo Jacobo Arenas, porque yo escribí "el bien común" y lo cambiamos por "el bien colectivo", aunque no suena bien.  Y luego el documento recomienda: "el patrimonio público y la tranquila convivencia en una patria que pertenece a todos por igual".  Y escuchen lo de las elecciones: "3. Las FARC colaborarán a que los debates electorales que se avecinan se desarrollen en forma ordenada y pacífica, de modo que todos los ciudadanos, independientemente del partido y movimiento político al que pertenezcan, puedan expresar sin temores y sin coacción física, moral o económica, su libre voluntad en las urnas" 3

L.C.R/  Mucho de lo que estamos pidiendo ya esta firmado.

J.A.R/
 Ya se había pactado.  Por ejemplo, el acuerdo comenzaba así: "Con el fin de afianzar la paz nacional, que es el prerrequisito indispensable para la prosperidad general del pueblo colombiano, y para lograr el desarrollo de la actividad social y económica, sobre bases de libertad y de justicia, la Comisión de Paz y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), acuerdan los siguientes puntos: 1. Las FARC-EP ordenaran el cese al fuego y demás operativos militares a todos sus frentes en el país, a partir del día 28 de Mayo de 1984 a las cero horas. Hecho que podrá posponerse como máximo hasta por dos meses, si fuere necesario. La orden de que antes se habla se mantendrá indefinidamente, si el señor Presidente de la República, doctor Belisario Betancur, corresponde a este gesto efectivo de paz con una orden semejante suya, dada a todas las autoridades civiles y militares bajo su jurisdicción, en la oportunidad debida" 4

L.C.R/ Ahí existe una simultaneidad.

J.A.R/ Sí. Pero obligatoria para ellos, no obligatoria para el Presidente. Además, el punto cuarto decía: "4. Una comisión nacional amplia y representativa de las fuerzas implicadas en los enfrentamientos, designada por el señor Presidente de la República, será encargada de la verificación de todas las disposiciones contenidas en este acuerdo, con la finalidad de consolidar el proceso de pacificación." 5

L.C.R/  ¿Hasta dónde llegaba el alcance de esta Comisión?

J.A.R/
 En el texto se acordó que "La Comisión creará subcomisiones en Florencia (Caquetá), Vista Hermosa (Meta), Barrancabermeja (Santander), Saravena (Arauca), Santa Marta (Magadalena), Medellín (Antioquia), Neiva (Huila), Orito (Putumayo) y Calí (Valle), y  podrá asesorarse de personas extrañas a ella, para estudiar con su concurso, en las regiones o sitios en que fueren conducentes sus servicios, las quejas o reclamos por hechos que pudieren interferir el anhelo nacional de paz y seguridad. La comisión funcionará por todo el tiempo que fuere necesario, y podrá acordar sus propios reglamentos. 5. La Comisión Nacional de Verificación funcionará en Bogotá, y se trasladará periódicamente para sesionar, cumplir las garantías de acceso y libre tránsito a una de las siguientes localidades, a elección del señor Presidente de la República: a) San Juan de Arama, Granada y Vista Hermosa en el Meta; b) San Vicente del Caguán (Caqueta); c) Colombia (Huila); d) Dolores y Prado (Tolima); y e) La Uribe (Meta)". 6

L.C.R/ ¿Las reuniones de la comisión de verificación contaban con la presencia de Marulanda?

J.A.R/
 El no se metía ahí.  La Comisión duró más de un año. Pero hay una cosa que es cierta, estos caballeros fueron a sitios donde se disparaba, mientras trataban de hacer la verificación. Yo entré a Miranda - Cauca en medio de los disparos, y oyendo a miembros del Ejército diciendo, "hay varios hijueputas de la Comisión de Paz".

J.S.B/  Lo que me parece más sorprendente, como activo de ese proceso, es que ellos dejaron de ser víctimas y mitos.

J.A.R/ Claro. Y además que los conociéramos a todos.

L.C.R/ En aquella época hubo una critica grande por parte de sectores dirigentes, empresariales y militares al proceso de paz.

J.A.R/
 Decían que yo había otorgado mil cosas bajo cuerda.  Porque como no encontraban nada, suponían que yo había dado cosas por debajo de la mesa.

L.C.R/ ¿La tregua se rompió durante el tiempo pactado?

J.A.R/
  No se rompió, por que siempre fuimos a donde había un conflicto a desvanecerlo.

J.S.B/ ¿Se comprometió mucho la institucionalidad con la firma de la tregua?

J.A.R/ Cuando redacté un borrador de acuerdo para lograr la tregua, tenía claro que yo estaba proponiendo cosas que no comprometían en nada al Estado, y que debía llevar las propuestas al extremo para luego empezar a ceder.

C.C/ Ante la primera versión de ese borrador ¿Cuál fue la reacción del país?

J.A.R/ Nadie se dio cuenta. Los acuerdos de paz se despreciaron porque no se leyeron. No pude obtener nunca de los periódicos liberales o conservadores comentarios sobre el particular.

L.C.R/  ¿Cuál fue la metodología para llegar al acuerdo con las FARC?

J.A.R/
 Al año de iniciadas las conversaciones, Marulanda me mandó un pliego de peticiones y se lo devolví con una nota a mano que decía: "Manuel, como decimos allá en nuestra tierra, rebaje la mitad y vuelva y pida" Como ustedes saben, yo dediqué 40 años a negociar más de 2.000 convenciones colectivas de trabajo, y como tal siempre discutía y pedía rebaja, y eso mismo lo apliqué en la negociación con las FARC.

L.C.R/  Hoy todavía no se entiende por qué se rompió la tregua.

J.A.R/ La Comisión de Paz se reunió luego de la posesión de Barco, para renunciar y dejarlo en libertad.   Él designó a Carlos Ossa, y Marulanda me decía que no estaba de acuerdo con que el Presidente mandara a Ossa cada seis meses a leer un discurso de 40 hojas. Un año después de haberse posesionado Barco, incluso, ordeno que quemaran los folletitos que habíamos publicado en una edición grande con los Acuerdos de Paz para embajadas, universidades, bibliotecas que nos lo habían pedido y la lista donde se mandarían, y abandonó totalmente el proceso de paz hasta las FARC rompieron la tregua durante un asalto en Florencia. La tregua duró dos años después de firmada en 1984.

L.C.R/ ¿En los comienzos de la administración Barco es dónde empieza el exterminio de la Unión Patriótica?

J.A.R/ Claro, después del éxito electoral de la Unión Patriótica.

RELACIÓN CON MILITARES

L.C.R/  ¿Ustedes no tenía un apoyo logístico de las Fuerzas Armadas?

J.A.R/  No. Inclusive les cuento una vaina tristísima.  María Inés, la hija del Presidente Lleras se casó y el general Matamoros le hizo una comida, porque la quería mucho y era muy buen amigo de Lleras. Estábamos sentados Lleras, Matamoros y yo, y sobre algo que dije en torno a las negociaciones, él me contestó: "Cómo se le ocurre maestro estar por esa zona del Huila, pues yo tenía ciento veinte hombres allí con orden de dispararle a todo el que pasara".

C.C/ ¿Entonces los helicópteros en los que se movilizaban no eran de las Fuerzas Militares, eran helicópteros privados?

J.A.R/ En eso nos ayudó mucho el gobernador de Antioquia Alberto Vásquez, así como algunas empresas privadas.

L.C.R/ ¿Eso quiere decir que no hubo un respaldo institucional del Ejército en estos esfuerzos?

J.S.B/ Quizás el gran error del presidente Belisario, aunque tuvo muchos más, fue no haber conquistado a las Fuerzas Armadas para el proceso de paz.

C.C/ ¿Habían muchos matices sobre el tema de la paz en el Ejército?

J.A.R/ La verdad es que la paz nos dividió a todos por igual, había amigos y enemigos, incluyendo a los Generales. El General Landazabal me amenazó personalmente. Yo estaba haciendo la paz contra las Fuerzas Armadas.

C.C/ ¿Usted encontraba más respaldo de la Policía?

J.A.R/
 Sí, tengo un gran concepto de la Policía en esa materia.

UNIÓN PATRIÓTICA

L.C.R/ ¿Cómo fue esa decisión de crear la Unión Patriótica?

J.A.R/  La Unión Patriótica es hija legitima mía. Porque yo fui el que más hablé en organizarse políticamente, y además quedó en los acuerdos de paz. La Unión Patriótica incluso quedó nombrada expresamente en esos documentos. Por ejemplo, el documento dice:  "Cuando a juicio de la Comisión Nacional de Verificación, hayan cesado los enfrentamientos armados,  se abrirá un periodo de prueba o espera de un (1) año, para que los integrantes de la agrupación hasta ahora denominada como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), puedan organizare política, económica y socialmente, según su libre decisión.  El Gobierno les otorgará de acuerdo a la Constitución y las leyes, las garantías y los estímulos permanentes. Durante este mismo periodo el gobierno tomará las medidas necesarias  para reestablecer en las zonas de violencia la normalidad civil". 7

L.C.R/ ¿Y cómo fueron los resultados de ese proceso?

J.A.R/  Ellos organizaron el Partido y obtuvieron 400.000 votos en las elecciones del 86. Es que si los dejan se hubiera creado un partido de izquierda fuerte y las FARC le estaba jugando a eso.  Por ejemplo, este documento es muy diciente: "6. Las FARC como lo han venido haciendo al desplazar a muchos de sus hombres, intensificarán el proceso de incorporación de sus efectivos a la vida política y social, a la actividad civil productiva, de modo que en un periodo de tiempo razonable, sus actuales integrantes se vinculen a la plena normalidad institucional. Para lo cual deberán existir amplias libertades y plenas y reales garantías para el ejercicio de la actividad política. 7. El gobierno de acuerdo con lo establecido por la Constitución y las Leyes, otorgará a la Unión Patriótica y a sus dirigentes, las garantías y seguridades indispensables para que puedan desarrollar, en forma idéntica a las de las demás agrupaciones políticas, su acción tanto proselitista como electoral.  El gobierno hará recaer todo el peso de la Ley sobre el ciudadano o la autoridad que conculque sus derechos o niegue, eluda o desconozca las garantías que le corresponden. También otorgará el gobierno a las FARC, las garantías y libertades que requieren para el proceso de incorporación de sus efectivos a la actividad política." 8

L.C.R/ ¿El éxito de la Unión Patriótica es simultáneo con las elecciones de Barco?

J.A.R/ Claro, Pardo Leal fue su candidato. A propósito, Pardo conoció a Tirofijo gracias a mis gestiones.  De todas maneras, lo que ocurría era que Marulanda no les ponía mucha atención ni a Pardo ni a Vieira del Partido Comunista.

C.C/ ¿Por qué no les paraba bolas si sabía que eran dirigentes de izquierda?

J.A.R/ Le importaba un carajo.

UNA VISIÓN DE LOS AGENTES EN CONFLICTO

L.C.R/ ¿En qué momento aparece en las FARC la obsesión por el despeje de los municipios para volver a negociar?

J.A.R/ Las FARC tenían de facto un territorio bajo su mando y ellos consideraban que ese era un país y un gobierno en gestación. Y rápido entendieron que requerían de autoridades propias, para cumplir con su cometido.  Esa es la razón para que expulsaran de esos territorios a los curas, los médicos, los educadores, en fin, a todo el mundo.  Luego del paso de los años me impresiona que los guerrilleros se hubiesen dedicado a la filosofía, a la economía, a la política y a las finanzas. Y es que Marulanda sigue con su pretensión de crear un Estado, utilizando para ello una sutileza y un orden jurídico que no ha visto el país. Él quiere a los maestros, médicos, jueces y curas de su propio país y no a los provenientes de otro. En esencia, está reafirmando actos de soberanía.

C.C/ ¿Cómo era la guerrilla en su época?

J.A.R/   A mi me tocó una guerrilla débil. Cuando empecé los primeros contactos con ellos, el 76% de los colombianos simpatizaban de alguna forma con sus actividades, aunque ideológicamente no los identificaban. A los guerrilleros la gente nunca los había escuchado y tal vez por eso surgía la solidaridad con su causa. Todos queríamos oírlos para saber qué querían y si era verdad que existían.

L.C.R/ ¿Se podía afirmar que la guerrilla era un mito?

J.A.R/  Para contestarle le recuerdo mi controversia con Víctor Mosquera, quien dijo que yo me estaba dejando engañar.  Que Tirofijo no existía. Después le conté esta anécdota a Marulanda, quien conocía a Mosquera como Gobernador del Cauca, desde los tiempos en que trabajó en su gobierno como inspector de obras públicas veinte años atrás. Y le dije: -Víctor dice que no te reconoce. Y él dijo con muy buen humor: - dile que yo tampoco, con el paso del tiempo nos estamos deteriorando ambos.

C.C/ ¿Las FARC son una organización fraccionada?

J.A.R/ No.

C.C/ ¿Durante los diálogos de paz del gobierno Pastrana Usted fue consultado?

J.A.R/ No. Yo no le creí a Víctor G., ni a Pastrana.  Un día me llamó Víctor G. y me dijo: - maestro, es que Manuel Marulanda quiere verte, y si no tienes nada que hacer, porque no me acompañas mañana que voy para el Caguán.  Le dije que no, porque estaba recién operado y no era capaz de ir. Era cierto.  Aunque no niego que pude haber hecho el esfuerzo.  Yo hubiera ido si Marulanda se hubiera comprometido a entregarme un grupo de niños, de mujeres y algunos militares de los que tiene secuestrados.  Pero gratis no iba a ir. Lo peor es decir sí a todo. Por ejemplo, si Pastrana aguanta un cuarto de hora la ausencia de Marulanda y también se levanta y se viene, se hubiera arreglado la paz.

L.C.R/ ¿Conociendo Usted a Marulanda, este desplante fue calculado?

J.A.R/  Puedo responder por el Marulanda de mi tiempo, no por el Marulanda de hoy. Le dije a mi mujer: - Marulanda no va. Me dijo: -cómo no va ir si va a estar el Presidente.  Él le tiene pánico a loa periodistas, a las preguntas que le van a hacer, y a que lo envuelvan y lo embolaten. Ese es el Marulanda conocido por mi. Por eso nunca llevé un periodista a las negociaciones de paz, porque estas deben ser clandestinas. Nada exige más sigilo que la paz, especialmente en un país donde los periódicos inventan lo sucesos. Yo desconfío mucho de eso.

L.C.R/  ¿Cuál fue la actitud hacia Usted de Víctor G?

J.A.R/  Víctor G. estuvo conmigo en esa época, él era secretario de la Presidencia. Siempre estaba listo para los tintos. El iba por parte del gobierno.

L.C.R/  ¿El conocía sobre los textos de la Uribe?

J.A.R/  Sí, pero no se los leyó.

C.C/  ¿Y durante Samper o Gaviria fue consultado?

J.A.R/  Tampoco. Una vez le propuse a García Peña, quien en mi tiempo era un bandido del M-19, que nos reuniéramos algunas de las personas vinculadas con las negociaciones de paz y habláramos de las experiencias adquiridas. Pero nunca fue posible. Habían muchos celos sobre la paz. La gente no quería que la paz fuera de Betancur por miedo al giro político que eso le iba a dar al Presidente.

L.C.R/ ¿Se puede convencer a los guerrilleros que la paz les conviene a ellos ?

J.A.R/  Tu te imaginas constituir un grupo que nos ayude a responder esta pregunta: ¿por qué le conviene la paz a los grupos alzados en armas?  Eso es muy importante. Las circunstancias me ayudaron en ese tiempo a convencerlos de que la paz les convenía.  En esa época no habían ocupado tanto territorio nacional y por lo mismo eran vulnerables. En cambio hoy están en todas partes.  En mi época no fui a la Costa, ni a Caldas por motivos de negociaciones de paz, pues allí no habían problemas.  Lo mío se concentró sobre todo en el Magdalena Medio, donde había una guerra más grande que la de los países centroamericanos. Hace veinte años la guerrilla no podía morder y por lo tanto tenía que ceder también. Hoy en día hay que auscultar cómo se convencen.

L.C.R/  ¿Era claro que si no avanzaba simultáneamente en las negociación con los distintos grupos guerrilleros iba a ser muy difícil consolidar la paz?

J.A.R/  Yo tenía simultáneamente reuniones con todos. Yo tuve al M-19 y al EPL en la misma mesa. No tenía mucho entusiasmo con el M-19, pero sí con el EPL. Pensaba que primero hacía la paz con las FARC, que son el 95% de los hombres alzados en armas. Si se hace la paz con las FARC lo demás no es grave. Después seguía el EPL en esa época, y posteriormente el M-19.  Cuando el M-19 se enteró de que yo estaba negociando con el EPL nos llamó, y nos dijo ­- caminen, nosotros también estamos interesados. Entonces terminamos conversando con todos. La totalidad del EPL hizo la tregua.   Aún hoy las FARC recuerdan y elogian los acuerdos de paz de la Uribe.

C.C/ ¿Cuál es su opinión de Jaime Bateman?

J.A.R/ Bateman me llamó por teléfono en Semana Santa. Me dijo: - maestro, quiero hablar con Usted.  Cinco o seis días después, me llamó por teléfono la víspera del encuentro, y me dijo: - no tengo la plata. Después me explicaron que valía un millón y medio de pesos verse conmigo, porque había que poner una cadena de hombres para que lo resguardaran mientras venía a hablar.

C.C/ ¿O sea que Usted nunca se vio con Bateman?

J.A.R/ No me vi con Bateman. Las decisiones importantes se tomaron con Alvaro Fayad. Antonio Navarro no tuvo nada que ver con el proceso de paz, aunque después participó en las comisiones. Incluso, en la última reunión que tuvimos con Pizarro Leóngómez, no lo dejó entrar. En esas conversaciones informales Iván Marino Ospina me dijo que era comunista, mientras Fayad me aseguró que él no lo era, pues prefería ser un socialista al estilo de Felipe González. Plata, el médico me confesó: - yo soy godo como Usted. Todos eran algo distinto.

L.C.R/ ¿Era más fácil en aquella época tener un encuentro informal con la guerrilla?

J.A.R/  Sí.  Ellos disponían todo. Yo lo único que les decía era que no hablaba con encapuchados.

J.S.B/  ¿Cree que las FARC están interesadas en crear un nuevo partido político?

J.A.R/  Cano insistía mucho en volver a hacer otro partido político. Hay que incentivarlo en eso. Ellos no quieren rehacer la Unión Patriótica por que los matan.

L.C.R/  ¿Dentro de los acuerdos con las FARC se vislumbró alguna vez la posibilidad del desarme y la desmovilización?

J.A.R/ Para eso era la Unión Patriótica, un partido político y por ahí iban desmovilizándose.

L.C.R/ ¿El proceso de inserción política  tenía futuro?

J.A.R/  Para mí todo dependía del éxito electoral de la Unión Patriótica. Estaba seguro de que les iba a ir muy bien. Tal vez por eso mataron a muchos de ellos. Claro que no fueron tres mil, pero sí mataron 300 personas. Tengo la impresión de que si la Unión Patriótica sigue, tendríamos un partido de izquierda importante, manejable y tolerable. Además, el grupo de izquierda que estaba en esa época detrás de las FARC estaba compuesto por personas a las que yo conocía por razones profesionales.

J.S.B/  La Fundación Ideas para la Paz está trabajando en construir argumentos para la negociación.

J.A.R/  El Presidente Álvaro Uribe es capaz de hacerlo porque tiene planeación y tiene cabeza. El paso concreto es convencer a Marulanda de que dejen de entretenerse en pendejadas y pidan cosas grandes para que el Estado asuma compromisos grandes.  Si se centran en los grandes temas nacionales es posible ponerle un límite al diálogo y alcanzar las metas deseadas. A esto no se le puede poner color político, con la paz es suficiente, dígale al Presidente, doctor Luis Carlos, que yo le ayudo con lo que quiera.

MANUEL MARULANDA

C.C/  ¿Cómo fueron sus relaciones con Marulanda?

J.A.R/
 Llegué a estar 14 horas junto con Marulanda, convenciéndolo, no de salvar a Colombia, ni de salvar al Gobierno, ni de salvar a los niños, ni a las mujeres, ni a los curas. No. Convenciéndolo de que la paz le convenía a él.  Si uno se pone a convencer al otro con las cosas que me benefician a mi, no se llega a ningún lugar. Eso quiere decir que usted tiene que buscar cinco pensadores que empiecen a analizar por qué le conviene al grupo alzado en armas la paz.

Si no hay cómo convencerlos de que les conviene la paz, pues no hay nada que hacer, sobre todo en momentos como este, en que no se sabe quién está ganando.  Alguien hace la paz y cree que está ganando la guerra. Por eso me gusta lo de Uribe, de tratarlos duro y decirle a los militares que tienen que ir a cualquier lugar a defender la patria, porque en realidad este es el único país del mundo, así no nos guste, donde la Policía no está para defender la ciudadanía sino que  la ciudadanía tiene que salir a defender a la Policía.

Hay un reportaje mío de hace 20 años, en que le digo a Manuel que se va a volver un caso perdido. Yo sé que todos somos vanidosos, unos con razón y otros no, y ese fue mi caballito de batalla, pues descubrí que Manuel tenía vanidad.

En las reuniones con las FARC todo el mundo hablaba. Reuniones gigantescamente largas. Y Manuel se aguantaba los cuarenta discursos y al final decía: "bueno, yo creo que lo que hay que hacer es esto". Hablaba cinco minutos, decía algo que había que hacer, lo demás era como si no hubiera ocurrido.

L.C.R/   ¿Qué concepto tiene de la capacidad intelectual de Marulanda?

J.A.R/ En mi concepto es uno de los tipos más inteligentes que he conocido. A mi dos personas me deslumbraron por lo inteligentes: Gilberto Alzate y Marulanda, lástima que éste no hubiese tenido educación.

J.S.B/ ¿Usted cree que el discurso de Marulanda sobre el robo de las gallinas y los marranos, se le convirtió en una obsesión?

J.A.R/
 En una de esas conversaciones le dije: Manuel me comprometo a que te devuelvan tu finquita en Génova. y es más, si hubieran inconvenientes legales yo de mi escaso patrimonio te la devuelvo, eso hubiera costado la paz, $ 80.000 pesos. Las cosas tienen un principio pero no tiene fin. Marulanda vivía con su familia en la finquita, llegaron los chuladitas, mataron al papá y a la mamá, violaron a las hermanas y destruyeron sus pertenencias. Marulanda era un chico de 14 años que termina en la guerrilla liberal. Ahora, las cosas tienen un principio. Marulanda vivía con su familia en la finquita. Llegaron los chulavitas, mataron al papá y a la mamá, violaron a las hermanas y destruyeron sus pertenencias. Marulanda, era un chico de 14 años que termina en la guerrilla liberal.

L.C.R/ Usted cree que Marulanda sigue siendo ese campesino que quisiera pasar a la historia como un revolucionario?

J.A.R/ Yo le dije un día a Marulanda, ahí recostados en el suelo, que - no me gustaría estar en tu pellejo: o pasas a la historia como un revolucionario, o pasas como un bandido, tu escoges. Con el que tu has hecho y en lo que te has metido, yo pasaría a la historia como un revolucionario, y no como un bandido. Incluso, lo alcance a decir por escrito y salió en un reportaje en El Espectador, donde planteé - no te vayas a convertir en un caso de Policía, eso es lo que todo el mundo quiere. Eso es no tener un problema político sino un problema de Policía.

Todo esto que les he contado era el tema de un capítulo del libro que quería escribir y que no lo hice. Seguiré soñando que lo voy a escribir un día.



Notas:

1 Acuerdos de Paz. Acuerdo de prorroga suscrito el 2 de Marzo de 1986 en la Uribe (Meta). Pp 11.

2 Ibid. Pp 11 .

3 Ibid. Pp 11.

4 Ibid. Pp 5.

5 Ibid. Pp 6.

6 Ibid. Pp 6.

7 Ibid. Pp 7.

8 Ibid. Pp 11-12.

 

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