INTERVENCIÓN DEL JEFE DE LA MISIÓN DE APOYO AL PROCESO DE PAZ DE LA OEA, (MAPP/OEA), SERGIO CARAMAGNA
Santuario, Risaralda
Diciembre 15 de 2005

La Organización de los Estados Americanos -OEA-, a través de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, celebra la firme determinación de las Autodefensas Unidas de Colombia para la desmovilización, la reintegración y, por consiguiente, por la paz tan ansiada y tan imprescindible en la vida de los colombianos.

Esta decisión, la de entregar las armas y disponerse a incorporarse a la vida civil deberá recordarse como un paso trascendente. Sin ella ya no hablan las personas, no se comunican y, por lo tanto, priva el imperio del fusil, de la sin razón, de la insensatez, de la locura, del dolor de miles de víctimas de comunidades enteras, de Colombia toda.

Por esa decisión estamos hoy aquí. Y por la firme decisión de las autoridades del Gobierno que asumen una tarea enorme, una tarea que requiere de una gran energía, un rumbo claro y firme, pero que también requiere de apoyo y solidaridad.

Apoyo y solidaridad que no sólo debe darse cuando las cosas están claras, y los escenarios y condiciones definidas. Apoyo que debe encontrar y crear, si fuera necesario, esos escenarios. Crear si fuera necesario esas condiciones.

Nada está escrito en este esfuerzo colombiano. Sólo algunos principios generales, sólo la imagen y el sueño de los millones de hermanos de esta querida tierra, que desean profundamente condiciones de vida mejor, condiciones de vida más digna, respirar más libremente mirando el horizonte aunque el camino sea difícil. Incluso cuando el camino no esté claramente dibujado. Ese sueño, esa fe y esa esperanza son la fuerza principal que anima y que alienta todos los esfuerzos que son menester realizar.

El dolor de los colombianos es nuestro dolor. Las víctimas colombianas de la violencia son nuestras víctimas. Las angustias y sufrimientos son los nuestros. No podía ser de otra manera. También la disposición a ponerse de pie cuando somos golpeados. Una y otra vez, esa es a nuestro juicio la solidaridad, la cooperación, el apoyo.

Aún cuando las condiciones no estén dadas, según dicen algunos expertos. Aún cuando los escenarios no estén claramente determinados. El apoyo solidario va mucho más allá que esos cálculos. El apoyo solidario está, incluso, en asumir los inmensos riesgos.

Con ese espíritu comenzamos la tarea en Colombia. Apoyando la labor que ustedes iniciaron. Apoyando sus iniciativas. Respaldando cada paso necesario cuando fue importante nuestra participación. Vinimos a Colombia con un sentimiento sincero de respeto por este país. Respeto que significa para nosotros tomar en cuenta, seriamente, lo que ustedes son como personas y como proyecto colectivo, como instituciones construidas, como talentos y capacidades. Como experiencias recogidas hace muchos años de lucha por la paz.

Respeto por haber sobrevivido tantos y tan largos años a una violencia de diferentes orígenes, pero con muy similares efectos en la vida cotidiana de millones de hermanos y de hermanas.

Acompañar es caminar de lado. No es venir a decir lo que hay que hacer. Es conocer y reconocer la experiencia que ustedes tienen y las formas y ritmos en que son capaces de aplicarlas en la realidad práctica. Acompañar no es dar lecciones como si las hubiera. Es descubrir esas lecciones andando juntos. Descubrir lecciones y descubrir problemas.

Acompañar es decirle que no están solos y que seguramente, ahora más, estarán un poco mejor apoyados y comprendidos.

Apoyar la desmovilización de todos aquellos grupos armados al margen de la ley, que se dispongan a entrar en diálogos con el Gobierno Nacional.

Apoyar la reintegración de todos ellos a la vida civil y productiva. Acompañar a las comunidades que han sido afectadas por la violencia, creando medidas de confianza para su paulatina institucionalización. Verificar todo el proceso, es decir, dar seguimiento celoso a todas las etapas del proceso de paz para poder decir hasta qué punto la voluntad de paz es cierta y sostenible. Y hasta qué punto los acuerdos se cumplen o no.

Estos son los temas fundamentales del mandato de la Misión al Proceso de Paz en Colombia, y para que sea creíble nuestro accionar deberá hacerse con independencia, flexibilidad y ajustado a los principios fundamentales que son la razón de ser de la Organización.

El respeto a los derechos humanos, la búsqueda y construcción de la verdad, de la justicia y de la reparación. No sólo como enunciados generales y abstractos sino como compromiso de acción práctica, como tarea cotidiana. No sólo como discurso.

Verificar la desmovilización y la entrega de armas, y los listados de las personas que acceden al proceso de paz es un paso muy importante. Acompañando la tarea del Alto Comisionado para la Paz en los esfuerzos incansables que despliega, para alcanzar esa meta tan esperada.

Verificar en el tiempo y desde los territorios donde tuvieron influencia, la verdadera voluntad de paz de los bloques de las Autodefensas Unidas de Colombia que se desmovilizan. Señalar oportunamente los problemas que puedan presentarse. Advertir sobre situaciones que puedan poner en tela de juicio esa voluntad de desarme real.

Esta es y deberá ser, más a partir de febrero y marzo, una de las tareas fundamentales de la Misión. No se trata sólo de entregar las armas y desmovilizarse. Es, sin duda, un paso extraordinario. Se trata de trabajar duro para que nadie intente jugarle mal a Colombia y a los que creemos en este proceso, para que nadie se pase de vivo dejando grupos en la retaguardia creando estructuras armadas ilegales con fines inconfesables.

Desde los territorios y con el concurso de las instituciones y las comunidades que ansían la paz, con la Iglesia y con las instituciones que tienen como causa esa paz, tendremos la fuente de información y comunicación necesaria para saber informar sobre la marcha de esa voluntad.

Verificar la marcha del proceso de reintegración en Colombia, en merced de los esfuerzos realizados y las voluntades desarrolladas, se han estado configurando territorios que son potenciales escenarios de la construcción de la soberanía del Estado. En esos territorios y escenarios están tratando de reintegrarse miles de personas que dejaron las armas como hoy lo hacen ustedes aquí.

Es motivo de preocupación para esta Misión, e imprescindible necesidad, la de hacer mayores esfuerzos, de emplear los mejores medios disponibles y el mayor compromiso para acompañar con programas efectivos esta reintegración a la vida civil de miles y miles de colombianos.

No se puede fallar en esta tarea. Si hasta la fecha no hemos empleado todos los recursos y esfuerzos, es tiempo de hacerlo. Y hacerlo ya. Estamos a tiempo.

Todos sabemos que es una tarea enorme que tiene ingentes dificultades; que no ha habido hasta la fecha suficiente apoyo, pero sabemos, también, que en este proceso de reintegración se juega en buena medida la suerte del proceso de paz en su conjunto.

Aún son muchas las amenazas. Aún no están dadas todas las condiciones. Aún se corren riesgos importantes. Lo que se está construyendo es un camino con innumerables obstáculos. Con críticos implacables y con pocas propuestas. Con peligros, pero ese es el camino. El único posible hoy. Y sobre ese camino debemos empeñarnos en alcanzar la meta que los colombianos desean profundamente.

En este tema de la reintegración a la vida civil no debemos, no podemos equivocarnos. Todavía estamos a tiempo. En esos territorios donde Colombia se juega la posibilidad de construir soberanía estatal y mejores condiciones de vida para todos, sin excepción, la Fuerza Pública tiene un rol fundamental.

Sin el concurso básico de la Fuerza Pública no es posible pensar en el éxito del esfuerzo iniciado. Una Fuerza Pública que, merced a la mayor confianza con las comunidades, restablezca el principio de autoridad y de seguridad plena. Sin esa decisión y ese concurso es muy difícil asumir los desafíos que el proceso tome por delante.

Los miles y miles de colombianas y colombianos que conforman las comunidades, veredas y corregimientos que han vivido azotadas por la violencia tienen mucho que decir, tienen mucho que enseñarnos, siempre que estemos dispuestos a escuchar.

Ellos tienen un papel fundamental en esta empresa nacional. El programa que se desarrolla en la antigua zona de ubicación en Tierralta, así lo confirma.

Seguramente, amigos y hermanos colombianos, a partir de enero la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia contará con mejores posibilidades para acompañar este proceso. Con oficinas regionales fortalecidas y otras que deberán abrirse en otros departamentos que el mismo proceso va prefigurando, seguramente por el enorme compromiso que ha asumido el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos -OEA-, el doctor José Miguel Insulza y su decisión de respaldar claramente este proceso de los colombianos.

Y desde esa decisión y desde ese compromiso, muchos países americanos y países observadores de la OEA están acercando su respaldo y su solidaridad. A todos ellos nuestro agradecimiento y nuestro reconocimiento.

Un abrazo muy grande a todos los hombres que hoy en esta parte del territorio colombiano dejan sus armas.

Muchas gracias.

 

COPYRIGHT © 2003 PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA OFICINA ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ