DISCURSO DEL ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ, LUIS CARLOS RESTREPO, DESMOVILIZACIÓN DEL BLOQUE BANANERO
Finca La Macarena, corregimiento El Dos, Turbo – Antioquia
Noviembre 25 de 2004

Urabá ha sido una tierra ensangrentada. Las más duras y crueles páginas de la historia de Colombia se han escrito con sangre, en medio de este verde esplendoroso y de este mar hermoso que nos baña. Tiene por eso una altísima significación que sea precisamente acá, en el corregimiento El Dos, en el municipio de Turbo, donde el Bloque Bananero deponga hoy sus armas ante la institucionalidad y tomen sus miembros la decisión inquebrantable de reincorporarse a la vida civil.

Estas casas y estas calles han sido escenario de terror, de una lucha despiadada que durante años ha confundido a Colombia. Podemos decir que con el acto de hoy empezamos a salir de esa horrible noche.

¡Cuántos años de confusión e indolencia! Cuando miramos hacia atrás la historia de la Patria, sentimos el profundo dolor de una clase dirigente indolente que, frente a la amenaza del terror, abandonó a los ciudadanos a su propia deriva. ¡Qué confusión histórica la de la Patria. ¡Qué terrible que, en un determinado momento, hayan creído los ciudadanos que tenían que tomar entre sus manos las armas para autodefenderse o para imponer sus propios modelos de justicia!

A una equivocación se sumó otra equivocación. A un desastre se sumó otro desastre, y la Patria empezó a resquebrajarse. Entró Colombia en la más grave crisis institucional que haya vivido en cien años. Hace apenas tres años, incluso cuando se iniciaba este Gobierno, muchos se preguntaban sobre la viabilidad de Colombia como Nación.

Hoy, gracias a un Gobierno que se ha empeñado en la recuperación de la autoridad legítima del Estado, podemos decir que Colombia es viable. Hemos recuperado la esperanza, los ciudadanos hemos demostrado que podemos contener el terror sin sobrepasar los límites que nos imponen las instituciones democráticas.

Hoy Colombia es un país más seguro, pero es también un país más plural. Este Gobierno tiene para mostrar no sólo una reducción significativa en los homicidios, masacres y actos violentos, sino también en el contexto de que haya sido precisamente bajo el mandato de la Seguridad Democrática, cuando la izquierda haya accedido a cargos importantes dentro de la estructura de poder de la Nación, cosa que hasta hace pocos años era inimaginable.

Y nos sentimos orgullosos de esa combinación, porque el horizonte de la Seguridad Democrática es el pluralismo político, porque el horizonte de la Seguridad Democrática es que haya orden, pero también que haya libertad. De lo contrario no tendría sentido esta empresa.

Así se lo hemos dicho a las Autodefensas desde el primer momento que inició esta negociación. Si alguna vez, por alguna razón, hubo alguna justificación para que existieran grupos de seguridad ilegales, hoy es completamente inadmisible permitir que tales grupos existan. Sólo el Estado legítimo debe prestar seguridad.

De allí el propósito central definido en el Acuerdo de Santa Fe de Ralito por la Paz de Colombia, firmado el 15 de julio del 2003. Con claridad diamantina se establece en ese Acuerdo que el horizonte del proceso de paz no es otro que la recuperación de la fuerza en manos del Estado, el monopolio legítimo de las armas y de la justicia.

Desde ese entonces teníamos claro el norte. Siempre lo hemos tenido claro, a pesar de que de tanto en tanto se levantan voces diciendo que no sabemos para dónde vamos, sospechando y creando desconcierto y suponiendo que aquí no hay transparencia.

Dios es testigo de nuestro compromiso con el país, de nuestra entereza en este proceso, de nuestra constancia y persistencia, y de la fijación clara de un derrotero: la recuperación de la institucionalidad y el fortalecimiento de la democracia.

En ese mismo Acuerdo del 15 de julio de 2003, las Autodefensas dicen con claridad que su mayor contribución a la paz del país es avanzar hacia la total desmovilización. Y fijamos una fecha: nos dijimos que íbamos a avanzar, de manera paulatina, hasta llegar al 31 de diciembre de 2005 para completar esa desmovilización total. Y vamos cumpliendo.

Hoy, coincidencia feliz, se cumple un año de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara. Qué importante decisión histórica. Una estructura armada urbana se desmoviliza en su totalidad y, como resultado de esto, tenemos hoy una consolidación de la convivencia en Medellín, que muestra resultados nunca antes vistos en la historia de la ciudad.

Qué admirable compromiso el de la Alcaldía de Medellín. Qué admirable compromiso el de los desmovilizados entregados cotidianamente a reconstruir sus vidas. Pero también qué incomprensiones, qué cantidad de dudas y sospechas, qué cantidad de vendas sobre los ojos para no mirar la realidad.

Aquí acontece el milagro y lo negamos. Aquí producimos hechos y los enredamos con falacias. Pero hemos continuado con nuestro propósito, y hoy damos este segundo paso: el Bloque Bananero de Urabá.

Sé de las dudas y de las angustias de ustedes, hombres y mujeres del Bloque Bananero, para dar este paso. Por eso, mi sincera felicitación. Dentro de unos instantes, cuando entreguen sus armas, serán ustedes más dignos, más libres y tendrán también la grandeza de haber dado un paso fundamental para la pacificación del país.

Qué bueno que este paso que se da, abra los corazones endurecidos de una Patria surcada por los odios. Qué bueno que este paso despierte la generosidad. Porque aquí hay que cambiar también el lenguaje y la dinámica de la paz. Aquí no se trata de adelantar negociaciones mezquinas de cuánto te doy o cuánto me das, de cuánto vale el capital de muerte que tengo entre mis manos. Aquí tenemos que entrar en la lógica de la gratuidad, del regalo, de la reciprocidad, del doy y me das.

Por eso valoro de manera significativa lo que las mismas Autodefensas han llamado “un acto de fe por la paz”. Dar un paso adelante, entregar sus armas, desarticular su estructura y quedar completamente en manos del Estado.

Esperamos que estas manos no sean torpes. Esperamos que los odios acumulados no terminen fracturando lo que apenas comienza. Colombia ha sufrido históricamente de una especie de incomprensión e indolencia capitalina que, sin untarse de barro, sin conocer la realidad de las regiones, opina desde la academia y opina desde los clubes bogotanos sobre lo divino y lo humano.

Recordaba yo, en estos días, un episodio histórico de esta Nación. Cuando en 1854 la élite capitalina aplastó las nacientes sociedades democráticas porque no toleraba la diversidad que ellas predicaban. Y me pregunto: ¿hasta dónde ese despotismo sigue funcionando y actuando? Los que somos provincianos, los que somos montañeros, los que hemos vivido en carne propia la violencia de este país, los que recordamos nuestra niñez cubierta de sangre y de muertes, sabemos lo equívoco y errático que ha sido el manejo de esta Nación.

Por eso ante ustedes, jóvenes, mujeres, hombres, niños y niñas de este corregimiento, quiero dejar claro que sólo si entendemos de manera plena el sentimiento de la región, sólo si entendemos de manera plena el hastío por la violencia que vivimos en estas regiones apartadas de la Patria, sólo entonces tendremos capacidad de reconciliación y perdón.

Porque aquí tenemos que encontrar ecuación precisa entre la justicia y la paz. Es tan dañino el fundamentalismo de la justicia, como puede ser dañino el fundamentalismo de la paz. En las sociedades democráticas hay que hilar fino y en las sociedades profundamente golpeadas y heridas, como la colombiana, hay que saber en qué pensar. Aquí necesitamos sanadores sociales.

Las posturas endurecidas e inflexibles, las críticas extremas que laceran, las sospechas infundadas, la duda persistente que empaña los esfuerzos de paz, terminan conduciendo a nuevos hechos de violencia.

Queremos abrir un camino. Un camino también para las Autodefensas y para la guerrilla. Porque somos firmes en combatir la ilegalidad, somos también generosos en abrir las puertas de la reincorporación.

Sólo cabe pedirle a Dios que nos dé iluminación y que nos dé prudencia. Sólo cabe pedirle a Dios que nos ayude en este camino que hoy emprendemos. Encomendémonos a Él.

Y ustedes, hombres y mujeres del Bloque Bananero que hoy ingresan a la civilidad, sepan que tienen en el Gobierno una mano amiga.

Empezamos tal vez el más difícil de todos los retos. Reconstruir lo que ha sido destruido. Reparar lo que ha sido dañado. Pero con el calor que nos ofrece esta gente y esta tierra de Urabá, y, confiando en Dios, sé que lo lograremos. Muchas gracias.

 

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