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DISCURSO DEL ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ,
LUIS CARLOS RESTREPO
TEMA: PAZ
FECHA: OCTUBRE 5-2003-CARTAGENA
Intervención Alto Comisionado para
la Paz, Luis Carlos Restrepo
Panel sobre "perspectivas de paz en tiempos de terrorismo"
Cartagena, octubre 5 de 2003
Una de las condiciones básicas para
la existencia del estado democrático es el monopolio
de la fuerza, el monopolio de las armas en manos de la Fuerza
Pública. Colombia presenta un caso excepcional ya
que todavía contamos con la presencia de grupos armados
irregulares, ejércitos privados que intentan imponer
por la vía del terror su orden y su control. Es decir,
le disputan al estado legítimo el monopolio de las
armas, podríamos decir que estamos todavía
en lo que los clásicos llamaban una situación
de barbarie y que hacemos grandes esfuerzos por ingresar
al estado de civilización.
De alguna forma la existencia de estos grupos
armados irregulares tiene hondas raíces en la desconfianza
que desde décadas atrás miembros de estos
grupos han alentado frente al estado de derecho y a la sociedad
democrática.
Han jugado también un papel importante
ideologías fundamentalistas como es el caso del marxismo
que llevó a muchos de estos grupos a declarar una
guerra a muerte contra el estado de derecho y la sociedad
democrática y ha incidido también de manera
fundamental la problemática de las drogas. Es indudable
que sin los recursos de la droga, los grupos armados ilegales
que existen en Colombia no tendrían el poder ni la
capacidad de daño que tienen en la actualidad.
Tal como lo entendemos hoy en el mundo contemporáneo
cualquier uso de la violencia con propósitos políticos,
raciales, étnicos o religiosos lo calificamos de
terrorismo, aún más cuando como en el caso
colombiano tenemos una democracia pluralista, tenemos una
constitución fundamentada en los derechos humanos,
una constitución garantista, que está por
completo abierta a la diversidad de opiniones y está
por completo abierta a la diversidad de matices propia de
las sociedad abiertas y liberales.
No dudamos entonces en calificar a los grupos
armados irregulares que actualmente operan en nuestro país
como grupos terroristas. Sin embargo al calificarlos de
esta forma, debe quedar claro que estamos ante todo condenando
sus métodos, es decir, es por completo inadmisible
el uso de la violencia para instrumentar sus propósitos.
No se trata pues de una calificación de esencia,
no estamos tampoco cayendo en un nuevo fundamentalismo,
ni utilizando la palabra terrorista como un nuevo estigma
para calificar una nueva encarnación del mal, no,
aquí somos objetivos y positivistas, estos grupos
son terroristas porque de manera expresa acuden a la violencia,
acuden al terror para intimidar a los ciudadanos y para
tratar de instrumentar sus propósitos.
¿Cómo es posible conversar
con estos grupos terroristas?. Muy sencillo, es posible
conversar con ellos y buscar alguna alternativa negociada
si ellos abandonan sus métodos de terror, si ellos
abandonan sus métodos violentos, si ellos están
dispuestos a dejar al lado el uso de la violencia, al interior
de la sociedad democrática podemos explorar caminos
para su inclusión de tal manera que eso nos permita
un fortalecimiento del pluralismo.
La paradoja que en algunos momentos se presenta
y que algunos analistas, o algunos observadores internacionales
ven como una contradicción, en realidad no existe.
Vuelvo e insisto, estamos dispuestos a conversar con estos
grupos siempre y cuando muestren su disposición a
abandonar los métodos violentos.
De allí que desde la campaña
el Presidente Uribe sintetizó en esta frase lo que
es su propuesta más global para los grupos armados
ilegales: urgencia para el cese de hostilidades, paciencia
para la desmovilización y el desarme. Es decir, urgencia
para que dejen de matar, urgencia para que se auto limiten,
se contengan; urgencia para que dejen de descargar su furor
y su odio sobre la sociedad y paciencia para ganar confianza
y para que finalmente lleguen a la desmovilización
y el desarme.
El cese de hostilidades aparece como un
punto de partida, fundamental para adelantar un diálogo
útil, la desmovilización y el desarme aparecen
como un puerto de llegada, como la consolidación
de un proceso. Creemos que después de analizar las
experiencias anteriores es indudable que un diálogo
útil en Colombia debe pasar por un cese de hostilidades.
Un cese de hostilidades que tampoco hay que mirar de manera
dogmática, un cese de hostilidades que se puede ir
perfeccionando, que puede ir desde el cese de hostilidades
unilateral hasta la concentración de tropas bajo
supervisión internacional. Un cese de hostilidades
que hay que ir también construyendo paso a paso,
a partir de la voluntad política de abandonar por
completo los métodos violentos.
Igualmente desde su campaña el Presidente
Álvaro Uribe planteó la posibilidad de conversar
con todos los grupos armados ilegales. Durante mucho tiempo
se consideró que era posible hablar con la guerrilla
porque tenía motivaciones políticas, específicamente
la de derrocar el estado, pero no con los grupos de autodefensas
ilegales ya que estos eran un simple apéndice del
estado o un simple apéndice de los intereses establecidos.
Por nuestra parte nosotros consideramos
que tanto unos como otros, entorpecen la acción del
estado, tanto unos como otros podrían bien tener
motivaciones políticas pero no los calificamos como
grupos políticos. Esa es la razón por la cual
presentamos el año pasado al honorable Congreso de
la República una propuesta modificando la ley 418,
que establecía como requisito para poder adelantar
conversaciones con los grupos armados ilegales el que se
los calificara por parte del ejecutivo como grupos políticos,
o como movimientos políticos, sin desconocer que
puede existir algún tipo de motivación política
y aún más, alguna ambición de poder
tanto nacional como local, consideramos que no corresponde
al ejecutivo calificar a estos grupos por su motivaciones,
sino que en esto nos atenemos a la descripción escueta
del artículo primero del protocolo II, que los considera
simplemente grupos armados organizados al margen de la ley
que intentan mantener sobre un territorio un control aunque
no lo logren, ya que nuestras fuerzas armadas institucionales
impiden que realmente se puedan constituir zonas liberadas
o repúblicas independientes.
Se trata simplemente de grupos armados ilegales
que interfieren con la acción del estado, con los
cuales estamos dispuestos a conversar, siempre y cuando
accedan a abandonar su métodos violentos y siempre
y cuando podamos abrir un espacio de concertación,
de creación de confianza para que ya como ciudadanos
puedan integrarse plenamente a la civilidad.
Desde comienzo del gobierno se ha señalado
una política frente a la participación de
la comunidad internacional, hemos considerado pertinente
la participación de la comunidad internacional, en
cabeza de Naciones Unidas. Desde el mismo día de
su elección como presidente, el presidente Álvaro
Uribe dejó abierta la posibilidad de una gestión
de buenos oficios con Naciones Unidas, que ya empieza a
rendir sus primeros frutos, hace unas semanas el grupo de
las FARC solicitó la posibilidad de una entrevista,
una conversación con Naciones Unidas, que esperamos
sea el primer paso para un proceso de paz serio.
Igual con el ELN, desde comienzos del gobierno,
dejamos abierta la posibilidad de las negociaciones, recurrimos
al papel facilitador de Cuba, papel que ya venía
cumpliendo este país desde el gobierno anterior.
Le hicimos al ELN una propuesta que mantenemos hasta el
presente, sacar adelante la convención nacional,
discutir sobre algunos puntos de ubicación para los
miembros de este grupo armado, sin que esto implique zonas
de despeje, o zonas de distensión, y después
de que este grupo unilateralmente rompió las conversaciones
a finales del año pasado en Cuba, hemos seguido alentando
la facilitación de la comunidad internacional, se
le dio un papel al grupo de países amigos, se ha
alentado también la participación de la comisión
facilitadora civil, últimamente el Presidente ha
planteado como alternativa la posibilidad de excarcelación
de dos miembros de este grupo que están en la cárcel
de Itagui, de tal manera que se puedan dedicar de manera
completa al trabajo de la paz, y en los últimos días
el Presidente ha reiterado la disposición nuevamente
de buscar con este grupo una salida política.
También empezamos conversaciones
con las autodefensas. Con este grupo finalmente logramos
a mediados de junio firmar un acuerdo, el acuerdo de Santa
Fe de Ralito, por medio del cual las Autodefensas Unidas
de Colombia se comprometen a desmovilizar a la totalidad
de sus miembros antes de finalizar el años 2005.
rompimos así un viejo paradigma según el cual
las autodefensas no podían desmovilizarse si primero
no lo hacia la guerrilla, tenemos ya la disposición
y la voluntad de este grupo a desmovilizarse plenamente,
ahí enfrentamos dificultades especiales, y por eso
necesitamos también el acompañamiento de la
comunidad internacional.
La primera y más importante de todas,
que la desmovilización de estos grupos sea transparente,
tanto para el país como para el mundo, que en las
zonas donde se desmovilizan estos grupos no vuelvan a aparecer
nuevos grupos de autodefensas ni aparezcan otros grupos
como por ejemplo grupos guerrilleros, a tratar de copar
el territorio.
Necesitamos adelantar un trabajo con las
comunidades, durante muchos años, muchos ciudadanos
han tratado de buscar a través de las autodefensas
ilegales una salida a sus problemas de seguridad, por supuesto
esta es una salida no institucional, necesitamos también
reinsertar esas comunidades a la democracia, y acostumbrar
a estos ciudadanos a cooperar eficazmente con el estado
y por supuesto se nos viene la tarea enorme de la cual ustedes
ya hablaron el día de ayer, de la desmovilización
de los miembros de estos grupos de tal manera que los saquemos
de su oficio de la guerra y los integremos plenamente a
la civilidad.
EL gobierno insiste en que tiene abiertas
las puertas al diálogo, a la conversación,
estamos dispuestos incluso como sucede en este momento en
el congreso, a tramitar alternativas legislativas que nos
permitan buscar salidas a problemas graves que tienen los
dirigentes de todos estos grupos como son los delitos atroces,
no indultables, ni amnistiables, hay un sano debate nacional
al respecto, creemos que es oportuno, y lo hemos estado
alentando y consideramos que todos los esfuerzos que nosotros
hagamos por aclimatar la paz son importantes, siempre y
cuando por supuesto, mantengamos claro el horizonte.
De lo que se trata es de buscar una salida
civilista, una salida para estas personas que están
con las armas en la mano de tal manera que puedan integrarse
plenamente a la democracia.
Muchas gracias.
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