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DISCURSO DEL ALTO COMISIONADO
PARA LA PAZ - DR. LUIS CARLOS RESTREPO.
TEMA: ACUERDO HUMANITARIO
FECHA: Mayo 15 de 2003
EL ACUERDO HUMANITARIO DESDE EL GOBIERNO
Quiero agradecer de manera
muy especial a la Cámara de Representantes y al doctor
William Vélez y en nombre de todo el país
y del Gobierno que haya convocado este Panel, este espacio
de debate tan necesario en estos momentos difíciles
que vive la Nación.
Y quiero, igualmente, darle un saludo muy especial, nuevamente
a todos los familiares de las personas secuestradas, que
también han expresado su opinión en este espacio.
Tal vez nada resume mejor la propuesta de gobierno del presidente
Uribe que su lema de campaña: mano firme y corazón
grande. Este lema se aplica en todas las esferas del Gobierno
y también, por supuesto, en la esfera de la seguridad
democrática. El presidente Uribe ha recibido un mandato
claro y contundente por parte de los colombianos para recuperar
el principio de autoridad. Y para recuperar la seguridad
se ha firmemente comprometido con esa propuesta de seguridad
democrática que busca restablecer plenamente la vigencia
de los derechos ciudadanos, fortalecer el pluralismo político
y ofrecer sin distinción: seguridad y bienestar para
todos. Sin embargo, la postura de mano firme en la recuperación
de la autoridad en ningún momento excluye la posibilidad
del diálogo, de las salidas humanitarias y de una
salida negociada al difícil problema de violencia
que vive Colombia.
No hay entonces una contradicción
entre el planteamiento de la seguridad democrática
y las posibilidades de diálogo. Y así como
con el ejercicio de la autoridad se busca recuperar el imperio
de los derechos y favorecer el pluralismo, también
mediante el diálogo se busca recuperar el imperio
de esos derechos y fortalecer el pluralismo político;
y ser capaces de llegar con una propuesta de seguridad para
todos. Fue por eso que, desde el mismo momento de su posesión,
el Presidente en su discurso dejó abierta la posibilidad
de buscar un camino negociado para lograr la libertad de
las personas que, en Colombia, padecen el flagelo del secuestro.
En ese momento su propuesta de buscar la liberación
de las personas secuestradas estuvo ligada también
al pedido de un reinicio de conversaciones, acompañado
de un cese de hostilidades, específicamente al grupo
de las FARC. Desde aquel momento
quedó claro que existía un interés
presidencial por avanzar en este camino y por buscar una
alternativa humanitaria para las personas secuestradas.
Desde el primer momento de su posesión el Presidente
ha estado atento, de manera directa, al dolor; a los pedidos
y a las quejas de los familiares de los secuestrados; se
han reunido de manera colectiva; en grupo; de manera individual,
con algunos de ustedes.
Personalmente yo he recibido instrucciones para que esté
atento y para que en todo momento atienda sus inquietudes
y sus solicitudes. Y fue tal vez por estar tan abierto al
dolor y al sufrimiento que padecen los familiares de las
personas secuestradas que, muy temprano en el curso del
Gobierno, a finales del mes de septiembre, después
de haber
conversado con los familiares; después de haber conversado
con el señor Secretario General de las Naciones Unidas
y después de haber conversado con el señor
Canciller de Francia, el Presidente tomó una decisión,
rectificando su posición inicial: desde aquel momento,
25 de septiembre del año 2002, decidió el
Presidente adelantar un Acuerdo Humanitario, independientemente
del cese de hostilidades, independiente del reinicio de
las negociaciones.
Esta fue una decisión fundamental que tomó el Presidente de manera sopesada.
Desde aquel momento
hasta la presente, el Presidente ha fijado unos criterios
públicos para la realización del Acuerdo Humanitario.
Quiero referirme en detalle a esos criterios y hacer algunas
aclaraciones pertinentes.
La primera aclaración: el Gobierno jamás ha
hablado de canje o intercambio. La propuesta del Gobierno
ha sido siempre la de adelantar un Acuerdo Humanitario porque
nos ceñimos a la posibilidad de adelantar este Acuerdo
en términos del artículo tres común,
de los
Convenios de Ginebra que habla de la posibilidad de celebrar
acuerdos especiales entre las partes comprometidas dentro
de un conflicto armado interno, como lo es el caso colombiano.
No ha habido, entonces, contradicciones, cuando algunos
altos funcionarios,
como el señor Ministro del Interior o el señor
Vicepresidente han dicho que el Gobierno no cuenta con una
política de canje o intercambio.
Y se ha planteado así porque el Gobierno es profundamente
respetuoso del Derecho Internacional Humanitario, norma
de normas que tiene en Colombia rango constitucional. Y
como ha dejado claro el Comité Internacional de la
Cruz Roja, el CICR, garante universal de los Convenios de
Ginebra; y también el sistema de Naciones Unidas,
no puede hablarse de intercambio en el caso de rehenes,
como es el caso colombiano. De allí que el pedido
del Gobierno haya sido el de la liberación inmediata
de todas las personas secuestradas, abriendo simultáneamente
la posibilidad de un Acuerdo Especial Humanitario, para
ir mas allá del mínimo humanitario y explorar
normas que puedan brindar alivio
en otras esferas. Incluidos algunos beneficios para los
guerrilleros presos, para las personas que han perdido la
libertad, con ocasión del conflicto, según
reza estrictamente, el Protocolo II .
No hay entonces tampoco contradicción en este asunto,
cuando el Presidente plantea el primer criterio para el
Acuerdo Humanitario, que es el de la liberación de
todos los secuestrados. No solamente está actuando
en concordancia con las normas del DIH y está pidiendo
que, de manera inmediata se liberen todos los rehenes, sino
que también - por supuesto como Presidente de la
República - está pensando en todos los colombianos
que sufren esta dolorosa situación del secuestro.
Bien ha
dicho el Presidente que desde el Gobierno no podemos aceptar
que hayan secuestrados de primera, de segunda, ó
de tercera categoría; el Gobierno ha planteado con
claridad que el dolor de todos los secuestrados es el dolor
nuestro. Y que por lo tanto la pretensión es lograr
la libertad de todos. Esto no excluye que pueda darse un
mecanismo gradual para la liberación de secuestrados.
Eso hace parte de los
acuerdos a los que se pueda llegar en una mesa; y por supuesto,
eso hace parte de un mecanismo de aplicación de esos
acuerdos.
Un segundo criterio que ha fijado el Gobierno en lo que
tiene que ver con un Acuerdo Humanitario es que aquellos
guerrilleros detenidos en las cárceles, que eventualmente
puedan beneficiarse con alguna medida de excarcelación,
es que no cometan nuevas ofensas contra esta sociedad; que
no se cometan nuevos secuestros; que no se cometan nuevos
actos delictivos.
El Gobierno ha planteado un mecanismo, una alternativa:
que los guerrilleros que puedan ser beneficiados con excarcelación
puedan eventualmente quedar bajo tutela de un país
amigo; y se le ha pedido expresamente al Gobierno de Francia
que considere esta posibilidad. Estos, podríamos
decir, son los dos puntos sustanciales, sustantivos,
de un Acuerdo Humanitario que reciben mayoritariamente el
apoyo, como lo han mostrado las encuestas de los colombianos.
Hay otros dos puntos que tienen que ver más con asuntos
de procedimiento. El tercer punto: el Gobierno sugiere que
dentro del Acuerdo Humanitario y las conversaciones con
las FARC jueguen un papel, el Secretario General de las
Naciones Unidas; que actúe como gestor de buenos
oficios. Creemos que eso da confianza entre las partes y
que por supuesto le da seriedad, le da altura y garantiza
la adecuada ejecución del Acuerdo que se llegue a
firmar.
Y un cuarto punto, también procedimental, es que
el Gobierno no considera necesario, ni pertinente, la existencia
de zonas desmilitarizadas para hablar sobre el Acuerdo o
ejecutarlo. El Gobierno considera que los mecanismos de
encuentro y de ejecución del Acuerdo pueden recurrir
a otros procedimientos que no necesariamente reproducen
la figura de las zonas desmilitarizadas; que en meses anteriores
generaron un alto repudio entre la población.
Estos puntos han sido públicamente fijados por el
Gobierno. El Presidente los considera unos puntos razonables;
considera que son unos puntos mínimos aceptables.
Entendemos por supuesto, que existen otros criterios fijados
públicamente por las FARC y que será el asunto
en una mesa de negociación: Tratar de buscar caminos
para avanzar. Sin embargo, confiamos en la racionabilidad
y en la pertinencia de estos puntos y criterios fijados
para el Acuerdo Humanitario y creemos que, con ellos, se
puede adelantar un Acuerdo beneficioso, no solamente para
todos los secuestrados y sus familias, sino también
un Acuerdo beneficioso para toda la Nación.
¿Qué esfuerzos ha hecho el Gobierno para sacar
adelante el Acuerdo
Humanitario?
Una vez fijados estos criterios públicos, el Gobierno
ha manejado con tanta responsabilidad este asunto que, incluso
desde antes de la posesión, en los días finales
del gobierno Pastrana, el Gobierno entrante decidió
aceptar una decisión tomada por el gobierno Pastrana;
en el sentido de mantener la salvedad a los crímenes
de guerra, en lo que tenía que ver con la competencia
de la Corte Penal Internacional.
Entre otras cosas, porque en ese preciso momento, a finales
de la Administración Pastrana, se debatía
ampliamente la posibilidad de un Acuerdo Humanitario inminente
y entre otras razones nos parecía inconducente que,
simultáneamente con esos esfuerzos, nosotros abriéramos
la puerta para que de manera inmediata un Tribunal Internacional
viniera precisamente a juzgar a los jefes de grupos
guerrilleros de las FARC por el crimen de toma de rehenes.
Lo cual seria
insostenible ante la opinión pública pues
en el mismo momento en que se
iniciaba ese proceso, intentábamos nosotros adelantar
un diálogo con ellos.
Por eso apoyamos, para dejar abierta una puerta hacia la
paz, esa salvedad para que no sea aplicado el artículo
octavo la competencia de la Corte Penal Internacional sobre
crímenes de guerra en Colombia y hasta la presente
se ha mantenido esa postura. Aunque valga decir, no ha sido
ni bien interpretada, ni ha sido bien entendida, ni creemos
que este esfuerzo del Gobierno haya sido suficientemente
valorado desde el mismo día de la posesión.
Vuelvo e insisto: el Presidente dejó abierta la posibilidad
de la negociación; veinticuatro horas mas tarde el
señor Secretario General de las Naciones Unidas,
el 8 de agosto, se comunicó con el Presidente y dijo
que estaba dispuesto para iniciar su labor de buenos oficios.
Parecía entonces que era un asunto fácil.
Sin embargo, no fue así; pasaron los días,
se empantanó esa posibilidad; se dilató ese
encuentro y de una vez el Presidente tomó la decisión
de adelantar el Acuerdo Humanitario de manera independiente.
Por todos los medios nosotros hicimos conocer a la insurgencia
nuestra decisión, aunque la voluntad política
era clara y expresa, tampoco tuvimos una respuesta rápida.
Era tan clara nuestra decisión de avanzar que, en
el mes de noviembre, hicimos una propuesta concreta a las
FARC, tal vez como se decía ahora: con lugar, fecha
y procedimiento establecido. Propusimos una reunión
en la frontera con Venezuela para los primeros días
de diciembre y ofrecíamos a los guerrilleros, un
mecanismo de seguridad prestado por el Gobierno de Francia
para que ellos pudieran trasladarse a esta reunión.
Tampoco hubo respuesta positiva.
No quiero entrar a calificar lo que en ese momento dijo
la guerrilla sobre nuestra propuesta. Pero me da la impresión,
ó que no se entendió; o que se ridiculizó;
o que de pronto no hubo la confianza suficiente para avanzar.
Como nos dimos cuenta que no avanzábamos por esa
vía, entonces se decidió - en diciembre -
conformar una Comisión Facilitadora encabezada por
Monseñor Luis Augusto Castro, Vicepresidente de la
Conferencia Episcopal, quizás la persona con
mejores capacidades y posibilidades en Colombia para acercar
a las partes. Comisión que ha estado acompañada
por el ex ministro Angelino Garzón y el padre Darío
Echeverri. Esta Comisión adelantó sus labores
inicialmente de manera discreta y confidencial; pero a petición
de ellos mismos, a comienzos de este año, se hizo
pública con la convicción incluso de ellos,
que esto facilitaría los acercamientos.
Lamentablemente tampoco dio el resultado esperado, creemos
que no se entendió la propuesta. Es indudable que
existe desconfianza entre las partes, pero también
es indudable que por la vía de los comunicados públicos
no podemos avanzar más. El Gobierno ha fijado sus
criterios; la guerrilla tiene también unos criterios
públicamente fijados y creemos que lo que se necesita
es avanzar hacia un encuentro directo. Nosotros seguimos
confiando en que ese encuentro puede darse; seguimos confiando
en la labor que adelanta la Comisión Facilitadora;
seguimos confiando en la labor que adelanta Naciones Unidas;
seguimos
confiando en las labores y los esfuerzos que adelanta el
mismo Gobierno - que encabezo yo desde mi oficina - para
poder lograr ese acercamiento entre las partes.
Si ustedes me preguntaran cuáles son las decisiones
que debemos tomar, cuáles son los puntos que debemos
resolver para avanzar hacia el Acuerdo Humanitario, yo les
diría lo siguiente:
El primero de ellos: lograr un encuentro inicial entre las
partes. En nuestro
concepto ese encuentro difícilmente se logra por
comunicados públicos. Definir las condiciones de
tiempo, modo, lugar, generar las confianzas; dar las seguridades
mutuas para que las partes se puedan sentar, no es asunto
que se pueda debatir a partir de comunicados a los medios
de comunicación. Por eso confiamos en toda la labor
de Facilitación que tanto las instituciones encargadas
para tal fin, como personas que se le han encomendado específicamente
esa tarea, puedan adelantar para lograr ese encuentro inicial.
Una vez se dé el encuentro tendremos que resolver
un segundo asunto: concertar el Acuerdo. Es innegable que
existen criterios distintos, por eso se trata de construir
un Acuerdo; nosotros creemos que los planteamientos del
Gobierno son razonables, que se ajustan perfectamente a
las pretensiones de los colombianos. Todos por igual, tanto
las personas secuestradas como todo el resto de la opinión
que nos acompaña, confiamos que ese acuerdo se logre.
Existe la decisión política del Gobierno para
lograrlo.
Tengo instrucciones precisas del Presidente de la República
para avanzar en ese sentido. El presidente Uribe es un hombre
de palabra, es un hombre de honor y él ha dicho con
claridad, ante el país, que está dispuesto
a realizar ese Acuerdo y ha fijado los criterios. Creo que
aquí no debe haber sospechas de ningún tipo:
el presidente Uribe es un gran interlocutor; valga decirlo,
pero la guerrilla puede encontrar en el
presidente Uribe a un hombre dispuesto con todo su corazón
grande en avanzar hacia los caminos de la reconciliación.
Concertado ese Acuerdo tendremos un tercer asunto que resolver:
cómo ejecutar, cómo ponerlo en marcha. En
las últimas semanas importantes personalidades han
emitido conceptos jurídicos en el sentido de que
basta firmar un Acuerdo Especial, en términos del
articulo 3 común, para que el Presidente inmediatamente
tenga facultades para ordenar la excarcelación de
guerrilleros.
Para justificar esta argumentación hay veces se hacen
apreciaciones que no corresponden exactamente al Derecho
Internacional Humanitario; pasando por encima del principio
de extinción entre combatientes y no combatientes,
se le da a los rehenes el carácter de personas privadas
de la libertad con ocasión del conflicto o prisioneros
de guerra; es decir, se les da el calificativo de combatientes
y se considera que por esa vía podríamos avanzar.
Y de pronto haciendo una pirueta con el DIH, tomándolo
como una norma "supraconstitucional", firmar un
Acuerdo que lo permitiera.
De manera que el asunto no es tan fácil. El DIH es
un marco adecuado para firmar el Acuerdo, pero creemos que
es necesaria, además, una medida dentro de la legislación
interna; la que permita al Presidente, sin prevaricar, sin
pasar por encima de la distinción de poderes: ordenar
ó sugerir la excarcelación o la libertad condicional
de personas que están pagando condenas en las cárceles
por delitos que, dentro de nuestra constitución,
no son imputables o excarcelables.
Esa es la razón por la cual creemos que, así
firmemos el Acuerdo y recurramos a esa figura del artículo
3 común, necesitaríamos, dentro de la legislación
interna, algún soporte adicional. Similar a lo que
en el derecho anglosajón se conoce como el derecho
de gracia. Una cierta facultad que, eventualmente, debería
concederle el Congreso al Presidente para poder tomar la
decisión sobre excarcelaciones de personas que están
pagando condenas por delitos no indultables, en términos
de la Constitución.
Vemos entonces positivo que se abra la posibilidad a ese
debate. Permítanme decirles, a manera de resumen
y de globalización: tal vez como nadie el presidente
Uribe ha sentido el dolor de ustedes, los familiares de
los secuestrados. Tal vez como nadie, el presidente Uribe
está movido por sentimientos humanitarios.
Es tan cierto, que rectificó su posición inicial;
que accedió a la posibilidad de explorar ese Acuerdo
Humanitario, sin que simultáneamente se diera el
cese de hostilidades y el reinicio de negociaciones. Los
familiares de los secuestrados tienen en el Gobierno el
más incondicional apoyo. Todos queremos que las personas
secuestradas vuelvan a casa. Los criterios que hemos planteados
no son caprichosos; son sopesados, son cuidadosos son responsables.
Cuando hablamos de la liberación de todos los rehenes
estamos actuando de manera acorde con las normas del DIH
y con los conceptos del Comité Internacional de la
Cruz Roja y del sistema de las Naciones Unidas.
Es decir, no es una postura caprichosa, cuando decimos que
los guerrilleros que reciban algún tipo de beneficio
no pueden volver a delinquir. Estamos expresando de manera
plena un sentir del país; sería supremamente
grave para el futuro de la paz de Colombia que firmáramos
un Acuerdo Humanitario y que al otro día Colombia
se sintiera burlada; y que al otro día 20, 30 ó 40, 50, 100 personas que
recibieron el derecho de gracia por parte del Presidente,
estén nuevamente delinquiendo y ofendiendo.
Creemos que lo más adecuado, incluso, para los mismos
guerrilleros, es que no vuelvan a delinquir. Y por supuesto,
creemos que eso se complementa de manera perfecta con toda
la política de seguridad democrática, que
implica hacer los máximos esfuerzos para que los
derechos de los colombianos no sean vulnerados.
Y un punto final: cuando hemos insistido en la necesidad
de una gestión de buenos oficios por parte de Naciones
Unidas y hemos insistido en la necesidad de que la Comisión
Facilitadora cumpla su labor es porque estamos pensando
en el encuentro. Estamos tan comprometidos con la posibilidad
de realizar el Acuerdo Humanitario que no nos desgastamos
en un debate público, sino que el Presidente ha dicho
con claridad: hay unos mecanismos señalados para
que personas o instituciones de la mas alta confiabilidad
acerquen a las partes.
Lo que necesitamos ahora es precisamente ganar esa confianza
para que las partes puedan acercarse y puedan sentarse,
en condiciones pactadas, con la mayor transparencia y con
la mayor seguridad; por eso nuestros esfuerzos se dirigen
en este momento en ese sentido. Y otro punto: cuando decimos
que no tenemos todas las herramientas jurídicas en
nuestras manos, para realizar el Acuerdo Humanitario es
porque estamos pensando con responsabilidad; es porque queremos
realizar un Acuerdo Humanitario que se pueda ejecutar, seria
irresponsablemente de nuestra parte; hacer malabarismos
jurídicos; hacer interpretaciones de academia y tratar
de acomodar el Derecho Internacional Humanitario a nuestra
manera, cuando sabemos que este es un estado de derecho,
eso no es serio para sustentar la decisión del Presidente.
Entonces invitamos a que se reflexione con toda claridad
y con toda seriedad sobre esos mecanismos jurídicos.
Y por supuesto será en este recinto, doctor William;
será en el Congreso de la República donde
deberá decidirse si hay que entregarle al Presidente
de la República nuevos instrumentos para la reconciliación.
Y si es necesario, el Gobierno apoyará, motivará,
presentará las iniciativas correspondientes para
que eso pueda salir adelante. El camino que hemos señalado,
creemos, es el camino justo para llevarnos a feliz término.
No hay capricho acá. Hay razón y detrás
de esa razón, un profundo sentimiento de solidaridad
de ustedes; y de todos los colombianos con esta decisión
del Presidente Uribe, de sacar adelante un Acuerdo Humanitario
que nos permita decir, después de firmarlo y ejecutarlo:
¡tenemos una Colombia mejor!.
Muchas gracias.
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