INTERVENCIÓN DEL ALTO COMISIONADO PARA LA PAZ - DR. LUIS CARLOS RESTREPO PLENARIA DEL SENADO
Marzo 25 de 2003
TEMA: CORTE PENAL
Al finalizar la administración del presidente Pastrana y en el momento del empalme, el hoy presidente Uribe, y entonces, presidente electo, fue informado por parte del gobierno del doctor Pastrana, sobre la necesidad de depositar el instrumento que ratifica la Corte Penal internacional ante la Secretaria General de Naciones Unidas. Y de que el Gobierno acogiera al artículo 124 de dicho estatuto que faculta a los gobiernos signatarios para, por un periodo de siete años, mantener una salvedad sobre el artículo octavo relacionado con los crímenes de guerra, de tal manera que durante este periodo no haya competencia de la Corte sobre tales delitos.
El argumento central del gobierno anterior, fue el de mantener abierta una puerta hacia la paz. Mantener la competencia del gobierno nacional sobre este tipo de delito íntimamente relacionado con la dinámica de la violencia y el conflicto armado que vive Colombia, pero bajo ninguna circunstancia tender un manto de impunidad ya que quedó entonces claro que todos estos delitos estaban plenamente considerados dentro de la legislación nacional, e incluso, que para el caso de los funcionarios públicos había quedado plenamente establecido, también así lo dijo la Corte Constitucional que dichos delitos debían pasar a la justicia ordinaria.
Básicamente se trató de una decisión política de buena voluntad; un gesto prudente para acogernos a ese compás de espera establecido por el Estatuto de Roma. Quede claro que el artículo 124 hace parte integral del Estatuto de Roma aprobado por el congreso. Quede claro que esa facultad fue concedida al presidente en el momento en que se aprobó el estatuto y quede claro también, que entendemos que algún sentido tiene esa norma dentro del Estatuto de Roma, pues sería absurdo pensar que un estatuto tan juiciosamente elaborado tenga una norma absurda que no se deba aplicar o que sea inconveniente aplicar. Aún más, se consideró en aquel momento que esta norma de alguna forma estaba relacionada con una crisis como la que vivía Colombia. Una situación bastante delicada, donde de manera permanente, hay que hacer esfuerzos por encontrar vías para una salida negociada, que nos conduzcan a paz.
El presidente electo y hoy el gobierno, consideraron pertinente aceptar estos argumentos del presidente Pastrana y, por supuesto, que le dio un sí a la consulta que entonces se formuló. Desde entonces, hasta el presente, el presidente Uribe ha mantenido una postura serena, calmada y prudente frente a esta salvedad. El Presidente ha dicho de manera clara que no tiene un apego especial a esta salvedad, pero que no quiere cometer una imprudencia. Que si se consideró adecuado dejar abierta esa ventana, él no considera pertinente cerrarla de manera abrupta, y que se ha establecido un monitoreo permanente que de hecho se ha venido realizando para mirar la pertinencia de levantar esta salvedad. Es bien sabido que durante el periodo de siete años en cualquier momento el ejecutivo puede tomar la decisión de levantar esta salvedad.
Seguirá, entonces, el presidente Uribe atento al acontecer nacional, atento a los argumentos y las razones que se expresen, y atento a las peticiones de los ciudadanos para ver si en un momento dado es pertinente y necesario tomar la decisión de levantar esta salvedad. Sin embargo, quiero dejar claro que hasta el presente, no han tomado el presidente Uribe y el gobierno una decisión en tal sentido y por lo tanto, seguimos considerando pertinente el argumento central de dejar abierta esa puerta a la reconciliación.
Creo que es importante también dejar sentado lo siguiente: este es un gobierno comprometido con la Seguridad Democrática. Es un gobierno comprometido hasta los tuétanos con la recuperación del orden y con la recuperación de la seguridad para todos los ciudadanos. Pero simultáneamente, desde el mismo momento de su elección, el presidente ha dejado abierta las puertas a la salida negociada. Son muchos los gestos dados por el presidente. Desde ese primer discurso como presidente electo, cuando invitó a las Naciones Unidas para que adelantaran una labor de buenos oficios dentro del conflicto colombiano, como los múltiples gestos que desde entonces y hasta el presente ha mostrado para dejar claro a las FARC, al ELN y a las autodefensas que no se ha cerrado ese camino a la negociación y que simple y llanamente lo que pedimos los colombianos es un gesto de buena voluntad por parte de los grupos armados ilegales para que cesen en sus acciones de terror, para que con sus hechos demuestren que no son terroristas y por lo tanto puedan dejar abierta esa puerta a la negociación.
Entiéndase, entonces, esta actitud del gobierno como parte de un conjunto de gestos que pueden resultar menudos, pequeños, pero no por ello menos importantes. En la construcción del camino hacia la paz y la reconciliación, estos pequeños gestos de los que ha dado muestra con claridad el Presidente, al decir, una y otra vez que tiene una capacidad infinita de reconciliación, sin que ello vaya en desmedro, en ningún momento, de su decisión por recuperar el orden, no creo que deban ser menospreciados.
En ese sentido invito a la ciudadanía y a ustedes, honorables senadores, que miren con bondad esta actitud del gobierno entendiendo una y otra vez, lo repito, que aquí no se trata de tender un manto de impunidad. Todos estos delitos de los que habla el artículo octavo del Estatuto de Roma, están plenamente considerados en la legislación nacional, y bien sabemos que dicho Estatuto cumple es un papel subsidiario, es decir, entra a funcionar, sólo cuando colapsa la justicia nacional o cuando esta justicia nacional no se cumple cabalmente.
Nosotros no le estamos apostando al colapso de la justicia nacional. Le estamos más bien apostando a que el gobierno, a que Colombia mantenga todavía un manejo sobre este asunto espinoso, difícil y delicado. Es decir, es más una decisión política que nos permite tener un margen de manejo dentro de un problema tan grave e incomprendido, en el mundo como es la dinámica de violencia que nosotros vivimos.
Entonces, planteando claramente que no se trata de tender un manto de impunidad, que se trata más bien de un gesto que debe ser entendido como tal y como un gesto de apertura hacia una posible reconciliación. Yo pido que también ustedes entiendan esta postura del gobierno y, por supuesto, los invito a que sigamos analizando con cautela y con precisión lo que acontece con esta salvedad, para iluminar al presidente, y si es del caso, en un momento oportuno y así lo requieren las circunstancias del país, esta salvedad sea levantada. |