| PALABRAS DEL ALTO COMISIONADO, LUIS CARLOS RESTREPO, EN
LA PLENARIA DEL SENADO
TEMA: SECUESTRO Y ACUERDO HUMANITARIO
Diciembre 02 de 2003
El 24 de septiembre del
año pasado después de una reunión
sostenida con el señor Canciller francés
y el Secretario General de las Naciones Unidas, el presidente
Álvaro Uribe tomó una decisión de
gran importancia para el tema que nos ocupa. Modificando
lo que había sido su posición hasta ese
momento de condicionar un acuerdo humanitario para la
liberación de secuestrados al inicio de conversaciones
de paz, decidió separar los dos temas y fijar unos
criterios para adelantar de manera separada un acuerdo
humanitario que permitiera la liberación de los
secuestrados en poder de la guerrilla. Ese mismo día,
recibí instrucciones del señor Presidente
para hacerles llegar al grupo de las Farc el mensaje claro
y sucinto: el Gobierno estaba en disposición inmediata
de celebrar un acuerdo humanitario y fijaba las condiciones
públicas conocidas por ustedes y ya repetidas por
el Ministro del Interior y Justicia.
Por todos los canales
posibles mandamos este mensaje a la guerrilla. Desde ese
momento hasta el día de hoy el compromiso del Gobierno
ha sido total y pleno. Estamos dispuestos a sacar adelante
ese acuerdo humanitario. Sin embargo, el camino ha sido
tortuoso, el camino ha sido difícil y los resultados
no han sido los esperados.
Cuando el Presidente tomó
esta decisión, la tomó por razones humanitarias,
y yo enunciaría dos: una, haber sentido de cerca
el dolor de los familiares de los secuestrados ya que
desde el momento de su psesiòn se reunió
varias veces, individual o colectivamente, con ellos y
pudo constatar su angustia y su preocupación; y
segunda, proteger a las personas secuestradas ante el
peligro que corrían por eventuales acciones militares
que pudieran desarrollarse.
Consideramos en ese momento,
quizás con algo de ingenuidad, que eso iba a hacer
un asunto rápido, que si existía voluntad
por parte del Gobierno y existía voluntad por parte
de las Farc era muy sencillo definir un mecanismo operativo
para avanzar. No quiero entrar en detalles que ya en otras
ocasiones he explicado, pero hicimos muchos intentos que
resultaron vamos. Esperanzas centradas en Naciones Unidas,
no dieron los resultados esperados. Mucha dilación
por parte de la guerrilla para responder, para aceptar
esa gestión de buenos oficios confiada al señor
Secretario General y a su delegado. En algún momento,
incluso, recurrimos a los correos humanos, a los correos
escritos, pero tampoco dieron resultado. Por eso, a finales
del año pasado y aceptando la sugerencia de la
Iglesia se conformó una Comisión Facilitadora
para tratar de entender un puente con las Farc y abrir
una comunicación que nos permitiera avanzar.
Si embargo, no fue esa
la única carta que se jugó el Gobierno.
No solo señaló el camino de Naciones Unidas,
no sólo señaló el camino de la Comisión
Facilitadora. A finales del año pasado importantes
personalidades del país, como el caso del doctor
Alfonso López Michelsen, de manera confidencial
recibieron la confianza por parte del Gobierno para adelantar
gestiones en este sentido. Tampoco se obtuvieron resultados.
Durante este año,
en dos ocasiones, por instrucciones del Presidente de
la República me he reunido con los señores
expresidentes, en una de ellas para comentar sobre una
carta que ellos le enviaban a la guerrilla urgiendo con
rapidez un encuentro para hablar sobre el asunto del acuerdo
humanitario. En otra de ellas, para avalar una propuesta
que ellos hacían en el sentido de que se permitiera
de manera rápida una fórmula para la liberación
de los secuestrados que estaban en peores condiciones
de salud. Tampoco dieron resultado esos esfuerzos.
El Gobierno no ha dejado
de persistir. Una y otra vez hemos tratado de abrir caminos.
En estos días, algunos familiares, han planteado
que por qué no recurrimos a una figura tan importante
como el doctor Álvaro Leyva. Yo les he dicho lo
mismo que digo ahora ante ustedes: desde el comienzo del
Gobierno el doctor Alvaro Leyva ha tenido los canales
de comunicación abiertos con este gobierno. Yo
he estado autorizado desde el comienzo del Gobierno, incluso
antes de que el doctor Leyva fuera detenido en España
para viajar y conversar con el y explorar alternativas.
Recientemente en su estadía aquí en Bogotá
tuve oportunidad de conversar con el y siempre le hemos
insistido que estamos abiertos a que nos ofrezca soluciones.
En su modestia el doctor Alvaro Leyva ha dicho que el
no tiene fórmulas y por lo tanto tampoco facultades
en este momento para proponerlas.
Sin embargo, una luz de
esperanza se ha abierto. La Comisión Facilitadora
para el acuerdo humanitario con las Farc conformada en
este momento por monseñor Luis Augusto Castro y
el padre Darío Echeverri, ya que el ex ministro
Angelino Garzón renunció para dedicarse
a la actividad política, finalmente ha logrado
establecer contacto con este grupo guerrillero y ha entrado
a conversar con el ellos el tema del acuerdo humanitario.
Igualmente esta Comisión ha tenido oportunidad
de conversar con el gobierno; y esta Comisión ha
constatado algo importante para empezar: las diferencias
que hay entre los planteamientos de las Farc y los del
Gobierno. Por eso el Gobierno, nuevamente, ha centrado
las esperanzas en esta Comisión para que nos ayude
a construir una propuesta y una alternativa, ya que son
ellos los que por la vía de los hechos han establecido
un canal de comunicación con la guerrilla, entonces
que sean ellos, los que nos ayuden a construir una propuesta
y a superar dificultades.
De tiempo atrás
yo he dicho que tenemos tres grandes dificultades para
avanzar en el acuerdo humanitario. La primera, establecer
una comunicación con la guerrilla; la segunda,
acercar las propuestas; y la tercera, encontrar los caminos
jurídicos para que el acuerdo humanitario pueda
viabilizarse. Creo que en el primer punto ya dimos un
paso importante. La Iglesia está jugando ese papel.
Confiemos en la Iglesia. No es este el momento, después
de tantos meses de esfuerzo para cambiar los jugadores
en la cancha. Confiemos en q ue la Iglesia que tiene la
plena confianza del Gobierno, que ha sido igualmente recibida
por la guerrilla, pueda seguir con esta interlocución.
Ellos tienen todo el deseo, toda la voluntad pastoral
de hacerlo. Segundo, cómo acercar las posturas
de las partes. Sobre eso también puede trabajar
esta Comisión de la Iglesia. En especial, yo veo
un punto muy sensible y álgido donde tenemos que
ser, creo, creativos y abiertos. El Gobierno ha dicho
de manera clara que la liberación de guerrilleros
de las cárceles por motivo de un acuerdo humanitario
no puede culminar en que estos guerrilleros retomen las
armas, desafíen nuevamente la institucionalidad,
golpeen la conciencia nacional y por esta vía polaricen
las posturas y posiciones.
Esto seria un golpe mortal,
ha dicho el Presidente, a la Política de Seguridad
Democrática y considera que en este punto, es vital,
fundamental y urgente, que los guerrilleros que salgan
de las cárceles se comprometan a no volver a delinquir.
El Gobierno ha propuesto
fórmulas: que sean recibidos por una país
amigo, por ejemplo, que queden bajo la tutela de este
país. Sin embargo, valga decir que ahí estamos
dispuestos a explorar alternativas. Si se cumple finalmente
el objetivo y es que estas personas que reciben el beneficio
de la libertad no vuelvan a delinquir, no ofendan nuevamente
al país y se integren más bien a la dinámica
civil y democrática, pues yo creo que es posible
explorar alternativas y de allí el papel tan importante
que puede jugar la Iglesia.
Otro punto, supremamente
importante, tiene que ver con la libertad de todos los
secuestrados. El Gobierno no puede hacer distinciones.
Secuestrados de primera, secuestrados de segunda. Sin
embargo, aunque insiste el Gobierno en la libertad de
todos los secuestrados, también el Presidente ha
dicho que "estamos completamente abiertos a un modelo
gradual que se pueda aplicar en el tiempo", lo cual,
por supuesto, nos traería finalmente el alivio
que queremos, pero se ajustaría a las condiciones
pragmáticas que implica el desarrollo, la concreción
de una propuesta de estas magnitudes.
Hay un punto que siempre
que se plantea nos lleva a una especie de círculo
vicioso y es el de las zonas desmilitarizadas. Creo que
ese es un punto en el que el Gobierno ha sido bastante
claro. Es también un golpe para la Política
de Seguridad Democrática el que se plantee como
condición inicial que haya zonas desmilitarizas
para poder avanzar en un acuerdo de este tipo. El Presidente
ha dicho: podemos explorar unos mecanismos más
sencillos, que Cruz Roja nos ayude con unos dispositivos,
con un operativo para la liberación de los secuestrados,
como sucedió hace poco con los dos secuestrados
del ELN. Entonces, creemos que ahí hay que buscar
alternativas y confiamos en que la Iglesia nos ayude a
encontrarlas.
Queda, finalmente, un
punto en el que yo he insistido y no dejaré de
insistir: los instrumentos jurídicos para concretar
el acuerdo humanitario no son claros. Yo se que algunas
personas eminentes de la política nacional han
dicho que esos instrumentos no son necesarios, que basta
con que el Presidente lo quiera y esto se hace. Una y
otra vez yo les he dicho que por qué no me dan
la fórmula, que por qué no me dicen exactamente
cuál es el procedimiento para comenzar a trabajarlo
con mi equipo jurídico, sin embargo, es difícil
concretar ese mecanismo. Yo sigo insistiendo en que no
existen los mecanismos jurídicos claros. Los mecanismos
jurídicos a los que recurrió el Gobierno
anterior para el famoso acuerdo humanitario de la administración
Pastrana, ya no son aplicables en la actualidad. El mismo
Procurador General de la Nación, que fue quien
entonces encabezó desde el Estado esa solicitud
de liberación de los guerrilleros ha dicho que
ese procedimiento no se puede volver a aplicar.
Es importante explorar
ese punto con toda la tranquilidad del caso y que bueno
que nos ayuden colectivamente a buscar esa alternativa
para que cuando se consumen los hechos, cuando lleguemos
al momento de que ese acuerdo humanitario pueda realizarse,
tengamos clara la vía jurídica para lograrlo
y no nos enredemos, entonces, en ese asunto cuando hemos
tenido tanto tiempo para trabajarlo y desarrollarlo.
Posibilidades de que estas
personas vuelvan a casa, de parte del Gobierno, todas.
El Gobierno ha modificado su postura una y otra vez. El
Gobierno se ha mostrado abierto, ha fijado unos criterios
públicos y ha dicho que hay que construir de manera
confidencial un acuerdo como lo estamos haciendo a través
de la Iglesia. Yo entiendo que en medio de la angustia
se presione mucho más al gobierno, quizá
porque no hay mecanismos para presionar a la guerrilla.
Yo entiendo, incluso, que en ocasiones se sienta mucha
más rabia contra nosotros que contra los secuestradores.
Eso hace parte de la psicología humana. Estamos
completamente abiertos a acompañar a los familiares
en su dolor. Nosotros estamos trabajando con la mayor
seriedad y como se lo he dicho a algunos de ellos, este
asunto lo monitoreamos de manera permanente, paso a paso,
con el Presidente de la República. Se de algo deben
estar ustedes seguros es de esa voluntad y decisión
del Presidente de la República de avanzar en este
campo, siempre y cuando lleguemos a un acuerdo razonable.
Los criterios fijados con
el Presidente los entiende la nación. En una encuesta
que hicimos por parte de mi oficina, encontramos que en
un altísimo porcentaje, un 76 por ciento de los colombianos
consideraban razonables los criterios fijados por el Presidente
para avanzar en un acuerdo humanitario. Es decir, nos sentimos
igualmente respaldados por la opinión y el Presidente
lo ha dicho: si ustedes consideran que esos criterios por
el fijados no son razonables, entonces debatámoslos,
discutámoslos. El Presidente ha dicho: estoy dispuesto
a reformularlos. Se lo he dicho al señor Koffi Anan,
al señor Canciller francés y ellos han dicho
que les parecen razonables.
Confiemos en Dios, sigamos
avanzando. Creo que tenemos una pequeña luz y una
pequeña esperanza. Confiemos en la labor de esta
comisión de la Iglesia. Dejémoslos trabajar,
démosle todo el apoyo del caso y entre tanto, en
lo que a nosotros corresponde, si hay propuestas, iniciativas
creativas, por parte del Gobierno estamos dispuestos a
escucharlas.
Tal como le he dicho yo
a los familiares y a los señores congresistas que
se han acercado a mi oficina que las puestas del Gobierno
siempre están abiertas para tratar este tema.
Nuestro compromiso, nuestra
mayor felicidad es luchar por la liberación de
todos los secuestrados de Colombia. Y por mi parte, pueden
tener la absoluta seguridad que esas son las instrucciones
que tengo por parte del Presidente de la República.
Día a día, de manera silenciosa, pero permanente,
tratar de buscar las condiciones para que este acuerdo
humanitario sea posible y para que sea igualmente posible
la liberación de todas las personas secuestradas,
de tal manera que puedan volver sanas y salvas a sus casas.
Muchas gracias. |