Intervenciones Comisionado
Discursos - 2005

Discurso del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo
Bogotá, D.C., Hotel Tequendama
Noviembre 25 de 2005
Democracia familiar

Quiero hoy olvidarme un poco de este cargo y de esta investidura, y compartir con ustedes unas reflexiones éticas que me han servido a mí como derrotero, tanto para mi trabajo profesional como psiquiatra, como para mi propia vida personal. Entiéndase entonces mi intervención más en ese sentido.

No voy a hablar de políticas públicas. Cuando uno habla de políticas públicas generalmente se refiere a masas, a poblaciones. No. Voy a hablar de ética y cuando uno habla de ética se refiere a individuos a singularidades. Lo que quiero transmitirles no es tanto una política pública sino una invitación a la reflexión para que cada una de ustedes, para que cada uno de nosotros nos preguntemos si podemos construir un mundo mejor.

¿Por qué hablar de democracia familiar? Para poder responder a esta pregunta lo primero y fundamental es decir algo sobre lo que entendemos por democracia. A pesar de ser un término tan cotidiano, podemos decir que todavía no hemos acabado de inventar la democracia. La democracia es un sistema antiguo, políticamente hablando. Los primeros que exploraron la democracia fueron los griegos, hace 2.500 años. Era entonces una democracia limitada; era una democracia dentro de una sociedad esclavista. Sólo los hombres libres podían acceder a un sistema de votaciones colegiado. Sin embargo, desde sus comienzos caracterizó a la democracia un afán de igualdad. Que no existiera al interior de la sociedad un desequilibrio de poderes. Y al menos entre ese pequeño grupo de hombres libres, trataban de generarse unas condiciones de igualdad.

Fue tan celosa la democracia, desde el comienzo, por mantener la igualdad, que los mismos griegos que se inventaron la democracia, se inventaron una figura que hoy a nosotros nos puede parecer odiosa: la figura del ostracismo. Ostracismo quiere decir hoy destierro y de hecho hace referencia a una práctica común entre los griegos y era que, periódicamente, cada año, se reunían en asamblea todos los ciudadanos atenienses y expulsaban de la sociedad quitándole sus bienes a una de las personas más prestantes ¿Cómo tomaban esta decisión? A cada ciudadano se le entregaba una ostra y en la ostra escribía un nombre. Se le pedía que escribiera el nombre de quien considerara la persona más popular o quien considerara que era la persona que estaba acumulando más poder y riquezas. Después reunían esas ostras y la persona que obtenía más votos era expulsada de la ciudad y se le quitaban sus bienes.

Esa práctica se llama el ostracom que viene de ostra, y era como un castigo por ser demasiado destacado en medio de la sociedad democrática. Eso expresa el profundo temor que, desde su comienzo, hay en la democracia porque se acumule poder en una sola persona, ya que se considera que cuando hay demasiado poder en manos de una persona ya también se pierde la igualdad.

Muchos años después, 2.000 años después en 1900, después de la Revolución Francesa, la democracia se vuelve a poner de moda como una alternativa a las monarquías.

Queda establecido como un eje de la democracia, que lo propio de una democracia es la separación de los poderes. Por un lado está el poder ejecutivo, con el Presidente a la cabeza, por otro lado está el poder legislativo que son los parlamentos y, por otro lado, está el poder judicial. Y lo propio de la democracia es precisamente que estos poderes sean independientes. ¿Con qué propósito? Con el propósito de que se regulen mutuamente. Que un poder controle al otro y lo limite. Lo que diferencia la democracia de la dictadura, es que en la dictadura esas funciones se concentran en un solo individuo. Entonces el presidente dictador termina siendo además legislador, expidiendo leyes, que es un asunto de los congresos, o tomando decisiones judiciales que es un asunto de los jueces. Esta separación de los poderes ha ido avanzando mucho más en las democracias contemporáneas. Por ejemplo: dentro de las democracias contemporáneas se separan además de manera muy clara el poder civil y el poder militar. Siempre existe un gran riesgo de unificar estos dos poderes; es lo que igualmente pasa en las dictaduras. Se supone que el poder militar está sometido básicamente a la Ley y a la Constitución, no al capricho del gobernante; porque cuando el poder militar se somete al capricho del gobernante se revienta la democracia.

Pero aún más: Ha surgido en las democracias contemporáneas un nuevo poder, que aunque no está formalmente regulado y establecido como un poder público, sí es un poder muy importante, que es el poder de los medios de comunicación o es el poder de la opinión. De hecho nuestra Constitución ha ido mucho más lejos incluso que constituciones europeas, al consagrar la absoluta libertad de información Porque se entiende que un poder comunicador o informativo independiente es capaz de controlar al ejecutivo o es capaz de controlar a los políticos del Congreso o es capaz de controlar a los jueces. Pero no es esto suficiente para definir a la democracia. Dijéramos que es un elemento importante y ahora lo retomamos en el caso de la familia.

Es importante que haya una separación de poderes y que de alguna forma estos poderes se limiten entre sí. Pero se necesitan otros elementos adicionales para que haya democracia. Para que haya democracia se necesita además que haya libertad que haya un estímulo a la libertad; que haya pluralismo, que haya diversidad. Lo contrario de una democracia es la hegemonía; lo contrario de una democracia es el unanimismo; las democracias son multicolores, de allí la importancia de las minorías dentro de la democracia.

Hay veces, en las democracias, que las minorías son más bullosas que las mayorías, y de hecho las democracias están estructuradas para que así sea; para que se les pueda dar más voz a las minorías, porque las democracias tienen que esmerarse por conservar y proteger esas minorías. Y vamos al extremo: no solamente las minorías grupalmente consideradas, sino las singularidades. El propósito de una democracia debe ser el generar las condiciones para que haya seres diferentes. Es muy peligroso cuando una democracia se vuelve unanimista. Yo pongo un ejemplo: el nazismo o el fascismo que fueron democracias totalitarias de derecha, precisamente se volvieron peligrosas porque no aceptaron la diferencia. Los unanimismos en la democracia, y los unanimismos que se imponen en nombre del pueblo, terminan en genocidios. Entonces un propósito central de la democracia es fortalecer el pluralismo y fortalecer la diversidad. Pero también hay otro elemento muy importante dentro de la democracia, que tiene que ver con la justicia.

La justicia entendida en términos amplios como reciprocidad, como equidad. Si a mí se me daña o si yo daño, entonces en el primer caso debo ser reparado, y en el segundo caso debo reparar. Y como equidad también entendida en su visión más amplia, como esa posibilidad de favorecer la igualdad de condiciones para todos los sectores. Yo creo que estos principios que he señalado, el del equilibrio de poderes, el de fomentar la libertad y el de mantener unos mecanismos de justicia y reciprocidad, son perfectamente aplicables a la familia y cuando hablamos de democracia familiar estamos hablando más de la aplicación de estos principios a la vida familiar. Porque la vida familiar no es tan natural como aparece. La vida familiar es un sistema cultural y es un sistema cultural cruzado por el ejercicio del poder, igual que sucede con la vida política.

Lo que nos causa sufrimiento en la vida familiar es en gran parte el ejercicio del poder y lo que torna violenta la vida familiar es el ejercicio del poder. No es ni la maternidad en sí, ni la paternidad en sí, ni las rutinas alimenticias o cosas por el estilo. Cuando comportamientos que tienen un fundamento en la naturaleza como la sexualidad, como la alimentación, como el afecto, son cruzados por el ejercicio del poder, allí es donde aparece la problemática y allí es donde aparece el sufrimiento. Entonces lo más sano es ver la familia como un escenario de poder, y al verla como un escenario de poder nos convertimos en sujetos éticos que se hacen las preguntas:¿ qué hago con el poder que tengo en mis manos? ¿ qué hago frente al poder que se me impone?

Yo creo que esto nos da mucha riqueza para abordar la vida afectiva o familiar. Yo suelo decir que es un poco bobalicón decir me enamoré. La expresión exacta

Debe ser: me conseguí un conflicto amoroso, porque ahí lo que se presenta es nada más ni nada menos que un combate. Y un combate bastante complicado porque es un combate con un ser que uno ama. Y un combate donde se pueden utilizar estrategias de poder bastante dañinas.

Si uno no reconoce claramente el escenario de ese combate le puede ir muy mal. Primera característica de ese combate: Por lo general cuando uno entra a un combate no hay mostrarle al enemigo su parte frágil. Su parte débil. Eso lo conoce cualquier general y cualquier estratega. Si el enemigo le conoce a uno la parte frágil, por ahí se le mete. Pero sucede que en este combate lo primero que le conocen a uno es su parte frágil, su parte débil. Porque la alianza amorosa tiene mucho de mutua alimentación, tiene mucho de apóyame, te apoyo.

Yo nací en un pueblo paisa, en un pueblo cafetero y de pequeño oía unos boleros a los que después les he puesto filosofía. Y hay uno que dice: Por la sangrante herida de nuestro inmenso amor, nos dábamos la vida...Yo me pongo a pensar: ¿Qué es esto? Es como si al momento de amar, allí hubiese algo doloroso, allí hubiese una especie de herida y es por esa herida por donde uno se ama.

Poniéndole filosofía al asunto me lo represento de esta forma: Cuando yo busco amor estoy buscando agua en tierra ajena. Como si yo viviera en una parcela y mi vecino o mi vecina tuviese agua, un pozo, y yo tengo que pasar diariamente al pozo de mi vecino o mi vecina a sacar agüita, sin la cual no puedo vivir. Entonces mi vecino o mi vecina conocen mi rutina y cualquier día en medio de una pelea yo paso por el agua y me la envenenan. Empieza la violencia doméstica o aún más: me manipula mi necesidad de agua. Como sabe que yo necesito pasar por agua me chantajea: Te doy el agüita, pero si me cumples esto o esto otro. Y se crea entonces esa dependencia malsana. Porque como yo necesito con urgencia este alimento, el otro o la otra, utiliza esa fragilidad para imponérsele y al imponerse me aplasta. Terrible porque es el peor de los mundos.

Todas estas cosas que pasan cotidianamente, hay veces que no las entendemos con claridad porque no nos damos cuenta de que lo que hay allí es una estrategia de poder.

A mí se me hace muy sano que en la vida amorosa y en la vida familiar se expliciten las estrategias de poder. Aquí no hay inocencia, no somos inocentes. Desde que uno esté vivo tiene un poquito de poder y lo usa para cualquier cosa. Y en el ejercicio doméstico el poder se usa de muchas formas. Yo por eso quiero invitarlas e invitarlos a que pensemos muy bien en lo que implican los poderes dentro de la estructura familiar.

Hay poderes masculinos, hay poderes femeninos y los niños también tienen poder; y a veces el poder se lo entregamos es al perro de la casa. Sabe muy bien cuando la casa necesita un jefe y él empieza a poner las órdenes cuando los amos no lo saben hacer. Y un tema que generalmente está vedado se pueda poner sobre el tapete y hablar con claridad. Hay típicos problemas masculinos y hay típicos poderes femeninos y muchos otros que son combinados.

Yo pienso que lo primero que tienen que hacer un hombre y una mujer es preguntarse por sus poderes y saber qué poderes tiene el otro. La tentación del hombre por la imposición es el otro. Yo creo que esa es en esencia la gran torpeza conocida. Diría que aquí le hace falta al hombre sutileza. Y tanto en la vida doméstica como en la sexual la tentación del hombre es la de agarrar, la del poder. Por eso a mí se me hace que lo que más hay que enseñarle al hombre es delicadeza. Pero existe un gran temor cultural. Por lo menos en mi cultura, en la cultura paisa, es mal visto el hombre delicado, eso como que no tiene buen sabor. Pero si uno mira las cosas a profundidad se da cuenta que un hombre que no es delicado es un peligro público, porque entre más fuerza física se tiene, más capacidad se debe tener de contenerla. De hecho, por ejemplo, yo siempre he creído que la delicadeza es un valor central de las Fuerzas Armadas e institucionales. Esa es otra versión de lo que llamamos los Derechos Humanos. Cuando a un militar o a un policía se le entrega un arma, no se le está entregando el arma para que la descargue contra la población. Se le está entregando el arma para que la use con la mayor delicadeza, y su honor depende en gran parte en que sea capaz de utilizar esa arma o esa fuerza que se le entrega con delicadeza frente al ciudadano. Porque, de lo contrario, vuelvo e insisto, es un peligro público. Las formas de la delicadeza son múltiples, desde la delicadeza verbal hasta la táctil y por supuesto la delicadeza del acercamiento sexual.

Es necesario modular ese poder del hombre. Incluso en el seno mismo de la cultura patriarcal existe una figura muy interesante que es limitante del poder masculino, que es la figura de la tolerancia.

Así como la ternura y ahora hago referencia a ella cuando hablo de la madre, es una figura que nace de lo femenino, la tolerancia es una figura que nace de lo masculino, y les cuento la historia: En la sociedad romana que era totalmente patriarcal, el reconocimiento del hijo por parte del padre era el acto central de la vida familiar.

El padre tenía la atribución de reconocer o no al hijo biológico de su esposa. Y en el momento que él reconocía al hijo, es lo que se llama en la tradición latina el tole tolere, que es un verbo que quiere decir levantar. ¿Por qué? Porque el acto con que el padre reconocía al hijo era tomándolo y elevándolo al cielo, ese es el tole, tolere, de allí viene tolerancia. ¿Por qué tolerancia? Porque desde ese momento públicamente, el padre se comprometía a respetar a ese niño. Antes de ese momento de reconocimiento lo podían matar y era como si nada hubiese acontecido. Después de ese reconocimiento el padre que es todopoderoso en la tradición romana, públicamente limita sus derechos y dice: me comprometo a darle a este niño un lugar en mi familia y a que sea sujeto de derechos, y si no los cumplo el Estado puede actuar sobre mí. Es decir la tolerancia nace en la sociedad patriarcal de ese acto de autolimitación del poder del padre, para no hacerle daño al niño y permitirle crecer con independencia.

Miremos entonces un momento la figura femenina. Hay lo que podemos llamar unas tentaciones del poder femenino, básicamente dadas por las rutinas domésticas. No hay nada más peligroso que una mujer con una escoba en la mano limpiando todo lo que se encuentre, porque muy fácilmente la mujer puede caer en un afán excesivo de limpieza y ese afán excesivo de limpieza, culturalmente sirve de semilla a los totalitarismos. Lo que caracteriza a todos los totalitarismos es una especie de afán de limpieza: de limpiar al mundo de indeseables, de limpiar el mundo de porquerías. Yo por eso creo que dentro de un modelo de democracia familiar es muy importante que la mujer se autocontenga en esta compulsión cultural. Así como la torpeza masculina de la que yo hablaba ahora no es propia de los hombres, sino que es la estupidez cultural que nos han inculcado, a las mujeres también nuestra cultura les inculca su propia estupidez cultural y esa propia estupidez pasa por volverlas obsesivas de esas rutinas de limpieza y rutinas alimenticias. Entonces soy mamá si alimento. Algo que de por sí hace parte de la cultura, alimentar, limpiar se puede convertir en un ritual permanente, repetitivo e incluso maltratante. Yo creo que es bueno para las mujeres, y también para los hombres eso es sano, que se rebelen un poco contra esos rituales de limpieza. Unas dos o tres cucarachas en la cocina no sobran y ayudan, yo creo, a desarrollar comprensión y tolerancia. Que de vez en cuando los niños estén mocosos y con un poco de mugre; que de pronto un día la casa quede empolvada, es sano. Yo como psiquiatra diagnostiqué un tiempo las obsesiones de limpieza como las más graves de todas, porque primero se pueden volver una rutina estéril. Las casas se pueden limpiar todos los días y eso va generando una especie de tristeza en el alma, porque es como una batalla perdida. Pero además se llega a extremos.

Los psiquiatras especialmente conocemos mucho estos extremos. Les voy a contar una historia que es clásica en la psiquiatría. Un pensador muy importante norteamericano, el señor Gregory Bateson, uno de esos genios multifacéticos, lingüista, sociólogo, antropólogo, filósofo, alguna vez se dedicó a la psiquiatría y se fue a hospitales mentales norteamericanos, y se dedicó a visitar a un joven esquizofrénico. Ustedes saben que la esquizofrenia es una de las más duras, terribles, enfermedades mentales, bastante incapacitante, que empieza muy temprano en la adolescencia y los chicos y chicas se quedan encerrados en un cuarto. Entonces él lo acompañó en el hospital y un día salieron para visitar su familia y Bateson decidió acompañarlo. Cuando él llegó con el chico a la casa no había nadie en la casa, pero la llave estaba al lado de la puerta. El chico abrió la puerta, entonces Bateson se dio cuenta que los muebles estaban tapados con plásticos y parecía que la casa estuviera en venta o no viviera aquí nadie. Él le preguntó al chico y él dijo: No. A lo mejor mi mamá no está, a lo mejor vuelve más tarde. Entonces decidieron dar una vuelta mientras llegaba la madre del joven. Pero Batenson se dio cuenta que en la casa había floreros, pero todos con flores plásticas. Mientras daban la vuelta él compró unas flores naturales para llevarle a la señora. Cuando regresaron estaba allí la señora y lo primero que él hizo fue regalarle las flores; la señora le dio las gracias y las botó a la basura.

La conclusión que él saca es: En esta casa no se pueden usar los muebles porque los muebles se ensuciaban, entonces estaban tapados todo el día, y era preferible tener flores plásticas a flores naturales, porque las flores naturales son más complicadas. Es decir un exceso de orden. Conclusión: Quítenle el plástico a los muebles, consíganse un perro con patas cochinas y que se paren encima de ellos. A ver: el ejercicio que hay que hacer igualmente para contener eso, es el orden. ¿Por qué? Porque si la mujer tiene esas rutinas ahí viene el hombre y los hijos y la manipulan. Los hijos son especialistas en manipular a las madres alimentadoras y también los maridos. ¿Por qué no hay desayuno? ¿Por qué no hay almuerzo? ¿Por qué no hay comida? Cierre la cocina por favor. Claro. Dénse el lujo de que el marido y los hijos se mueran de hambre a ver si son capaces. Dénse ese lujo pero sin remordimiento, porque si le da culpa hasta ahí llegó; con la convicción de que es bueno para la democracia familiar.

Miremos lo que es tal vez la más maravillosa figura de contención del poder materno que es la figura de la ternura. Así como la tolerancia es la figura masculina de la contención del poder, la ternura es una figura femenina de contención del poder. Ternura es una palabra que parece bobalicona, que parece pegajosa, melosa. La experiencia de la ternura es una experiencia de una profundidad enorme y es una experiencia que muchas veces nace del dolor. De haber constatado lo torpes que somos.

Empecemos por preguntarnos qué es la ternura. Yo se lo aprendí a una mujer excepcional, una gran escritora de la lengua castellana un poco caída en desuso, la señora Gabriela Mistral. Fue muy famosa hasta hace unos años, sigue siendo una persona muy recordada en su país natal. Sucede que Gabriela Mistral escribió las más hermosas canciones cuna de la lengua castellana. Es tal vez una de sus mayores habilidades poéticas, la de esta mujer campesina. Además ella nace y crece en un valle hermoso que hay en Chile, y alguna vez alguien, un periodista despistado le pregunta a la señora Gabriela Mistral que cómo define una canción de cuna. Semejante pregunta tan difícil. Pero lo más maravilloso es la respuesta que ella da y le dice: Ante todo tienes que saber que la madre no canta la canción de cuna para el niño, la canta para sí misma a fin de no hacerle daño al niño. Yo ya era papá y, por supuesto, en esta forma de democracia que es la democracia familiar que le toca a uno cuando vive en un apartamento pequeño. Como fue usual en todos los de mi generación les dimos tetero, cambiamos muchachitos y nos despertamos a media noche. Y me acordé lo que pasa. Empieza el muchachito a llorar y uno se levanta la primera vez y hace el esfuerzo. Y lo mueve para un lado y lo mueve para el otro y hasta le da tetero y lo duerme, pero por allá a las dos o tres de la mañana, ya está uno otra vez profundo y uno se levanta, y créanme que la tentación de pellizcar al muchachito es mucha. Uno quisiera torcerlo, taparle la boca y es, entonces, cuando uno se acuerda de cualquier canción, Y si no se acuerda de una canción de cuna, cualquier vallenato, tango, bolero, lo que se le ocurra es adecuado, porque uno empieza a cantar y qué maravilla: ya en vez de que la mano pellizque al niño se queda quietecita y uno cantando una canción de cuna, surge el milagro, y el niño se tranquiliza. Porque los niños se tranquilizan si los padres están tranquilos. Los niños se tranquilizan por contacto personal y, por lo tanto, la canción lo tranquiliza y al otro día uno se siente mejor ser humano porque no pellizcó al niño.

La ternura es como un conjuro. Miren: de los niños se hablan cosas muy hermosas pero los niños son bastante cansones e insoportables. Sobre todo porque con los niños hay un problema que lo viven más las mujeres. No hay vacaciones. Usted no puede decir: en veinticuatro horas dejo de ser mamá. Es bastante difícil. La misma experiencia de la maternidad, que hace del niño parte del cuerpo de la madre crea una cercanía difícil de superar, así uno se invente lo que se quiera inventar. Por más lindos que sean los niños lloran, piden cosas, quieren que uno les satisfaga sus caprichos, son demandantes, manipuladores, todas las cosas y, por supuesto, irritan, y cuando irritan pues humanos somos y viene el maltrato. La ternura es en gran parte descubrirse en ese momento antes maltratar o cuando se ha maltratado y uno dice se me fue la mano o metí la pata.

Yo les pongo otro ejemplo que tiene que ver es con los niños. Cómo enseñarles a los niños a manejar esa fuerza que ellos tienen y que los puede hacer crueles. A veces los niños son muy crueles. Y entre ellos son terrible- mente crueles y ahí es donde los adultos tenemos que entrar y enseñarles a los niños, así como en la democracia, a que cada cual contenga su fuerza. Les voy a poner un ejemplo que por lo menos a mí me pasó; no sé si le pasa a otros papás...

Mis hijos son unos señores universitarios que hace mucho pasaron por la infancia. Yo recuerdo que uno iba a fiestas infantiles y se había puesto de moda una práctica que a mí se me hace horrorosa que es regalarle a los niños pollitos o paticos y los niños se enloquecen con el pollito y apenas le regalan el pollito, uno siente una tristeza por el pollito pero el niño está feliz. Y el niño se lleva el pollito para la casa. Después hay que construirle una casa al pollito; uno hace lo divino y lo humano por conseguirse una caja de cartón, que a veces no es fácil en el mundo contemporáneo conseguirse una caja de cartón y le hace la casa al pollo, se la pone al lado de la cama, y ya a media noche uno está cansado del niño, del pollo, de la caja, de todo. Antes de acostarse el niño mete al pollito en la caja y al amanecer antes de que salga el sol uno escucha que el niño solloza y se levanta, y el niño está sentado al lado de la cama, llora, y al lado, el cuerpo del delito. El pollo aplastado a su lado. Y uno le pregunta: ¿qué pasó? Como el pollito a las dos de la mañana seguía piando, entonces, el niño de astuto e inteligente, creyó que el pollito tenía frío, lo sacó, lo metió debajo de la cobija y miren lo que pasó.

Miren, uno no puede decir que el niño sea psicópata, ni que tenga inclinaciones delictivas; tampoco le puede decir al niño que no tiene responsabilidad. Uno no le puede decir que hay asesinos de pollitos que entran a las dos de la mañana y los matan, no. La relación es clara. Y todavía más dramático: el niño lo que quería era acariciar al pollito y lo terminó aplastando. El niño lo que quería era consentirlo y le terminó haciendo daño. Incluso cuando en el día corría detrás de él y lo cogía, al papá le daba un susto terrible, porque lo cogía tan duro que había que ir encima del niño y enseñarle a coger el pollito con cuidado. ¿Por qué sucede todo esto? Porque el niño todavía es torpe motrizmente. No sabe calcular bien su fuerza, no tiene claro que es altamente peligroso meter a los pollitos debajo de la cobija. Bueno, él va aprendiendo que eso no se puede hacer. Pero a los adultos ¿qué nos pasa? Se va uno para una fiesta, a lo mejor se consigue una pollita, le parece bonita y le ofrece una casita; se la lleva, la mete debajo de su cobija y la aplasta.

Y al otro día cuando uno se levanta, pues ella esta ojerosa y menoscabada, y ni siquiera se le pasa a uno por la cabeza que es uno. ¿Qué te pasa? ¿Tienes lombrices? ¿Estás enferma? Vamos donde el médico que te estas poniendo muy fea, carajo.

Miren, visualizar esas ocasiones en las que uno puede hacer daño, es supremamente importante. Yo creo que parte de la democracia familiar consiste en eso, es decir, enseñarnos a limitar la fuerza y a que eso sea legítimo, es decir, a que yo te pueda decir y tú me puedas decir: no tan duro, juégueme limpio. Porque si por un problema que usted y yo tenemos o que yo tengo con el niño, entonces por el conocimiento que yo tengo de su parte frágil lo manipulo, eso no es juego limpio.

Quiero resumir esta intervención con un modelo bastante agropecuario de democracia familiar, pero que yo creo que permite comprender bien los asuntos fundamentales. Yo creo que a nosotros nos iría mejor, si nos tratáramos como matas de un jardín. Así pueda parecer un poco despectivo, que a uno le den tratamiento de mata, pero para el tratamiento que nos damos, yo creo que muchas veces es mejor ese. Lo más importante de un jardín es la diversidad de flores; lo más importante de una familia, es la diversidad de personas. Lo único que hace encantadora a la otra persona es que sea distinta de uno.

Miren donde uno se encontrara en el mundo personas iguales a uno, yo creo que habría un suicidio colectivo de todos. Realmente, no sólo la vida perdería todo su sentido, sino todo su encanto. Todo su sentido, porque lo propio de la vida es precisamente su diversidad; es decir, lo que nos permite engancharnos es eso. Pero qué dificultad tenemos para entender ese principio de la diversidad, porque nos da angustia la diferencia y nos da angustia la diferencia, por nuestro afán de control. Nuevamente aparece el poder. Yo quiero controlar, yo quiero tener poder sobre ti, y eso distinto que tú tienes, me asusta. Como en el jardín uno tiene que cultivar es la diferencia. Hay que enamorarse de la diferencia. Incluso, hay que evitar frases estúpidas como esa de "yo ya te conozco". No, mire, preferible vivir con una desconocida o con un desconocido. Preferible levantarse uno todas las mañanas y decir: ¿Es la misma? ¿Es el mismo? Porque cuando uno dice ya te conozco, volvió al otro una cosa, lo simplificó. Generalmente lo que nosotros nos conocemos son las metidas de pata, las torpezas.

Cuando uno se encuentra una persona por primera vez y se enamora, en gran parte se enamora porque no la conoce. Por eso los muchachos dicen, nos encarretamos, es decir, nos echamos carreta juntos, Después de algunos años, ya no le echan a uno carreta, porque ya lo conocen.

Entonces es preferible para que se pueda mantener ese espacio de encanto, estimular y amar esa diferencia, pero esa diferencia es frágil. No hay nada más frágil que un jardín. Si no se le da el agua necesaria, la flor muere. Entonces la familia también tiene sentido, en cuanto es un sistema de riego y esa función alimentadora no es necesariamente femenina. Es una maravilla que hayan hombres y niños alimentadores, porque alimentar es un término muy amplio. Uno no solamente da alimento físico: huevos, víveres, chicharrones, bandeja paisa, sino afecto y uno alimenta a través de los gestos. Si usted se levanta por la mañana y lo primero que ve es a alguien haciéndole mala cara al lado, eso es terrible; eso es una contaminación ambiental; eso es un atentado contra el ecosistema íntimo; eso debería estar prohibido por las leyes ambientales.

Lamentablemente, pasa con frecuencia. Las personas sonríen en la calle y cuando entran a la casa, yo no se qué les pasa, pero fruncen el ceño y empiezan a gruñir. Afuera hablaban, pero en la casa, ladran.

Bueno, si se entiende esa mutua función alimentadora y se entiende que es un espacio para la diferencia, yo creo que mucho se avanza. Pero si además se entiende que somos seres humanos con poder y que en la familia hay una pequeña guerra de poder, y que esa guerra de poder debe ser hablada.

Terminé siendo psicoterapeuta de parejas homosexuales. A mí lo que más me admiró era ver como las guerras entre estas parejas homosexuales, eran muy similares a las guerras entre parejas heterosexuales. Es decir, allí el asunto hombre - mujer, es secundario, frente a estas ambiciones de poder que tenemos los seres humanos entre sí, y que nos llevan a dominar al otro y a hacernos la vida imposible. Pero igual yo he encontrado parejas con esos valores tradicionales invertidos. Entonces se supone que la mujer es la que se encarga de lo doméstico y que el hombre está afuera. No, yo he encontrado relaciones donde el hombre está adentro en lo doméstico y la mujer afuera, y funcionan; pero igual, allí se dan las pequeñas guerritas de poder, por cualquier cosa. Las guerritas del dinero, las guerritas de quien toma una decisión. Incluso los animales domésticos terminan sufriendo. Los animales domésticos son altamente propensos a presentar estrés, arteriosclerosis, diabetes, hipertensión, todas esas enfermedades que nos dan a nosotros, porque es tal la tensión de la vida familiar que hasta a ellos los afectamos. En Francia ya hay una especialidad de la psiquiatría que es la psiquiatría de animales domésticos, bastante lucrativa por cierto, para tratar a estos pobres perritos y gaticos que la gente enferma.

Entonces, si nosotros somos capaces de hablar claramente sobre esas estrategias de poder, que quede claro que no puede haber chantajes ni manipulación y que cuando aparezcan los podemos explicitar, porque siempre van a aparecer así uno diga que es la maravilla, así yo les eche este discurso aquí, mañana puedo estar exactamente en lo mismo, porque los seres humanos somos seres expuestos al equívoco.

Lo importante, entonces, es que cuando aparezca esa situación se pueda hablar y haya una legitimidad para hacerlo. Yo creo que ahí es donde hay que ganar un espacio de palabra, un espacio de diálogo, justificado, ambientado socialmente, de tal manera que eso que permanece silencioso se pueda decir. Porque lo más terrible de la violencia doméstica es que parece natural, como si siempre hubiese sido así, y como es así, no hay a quien decírsela y lo único que queda es soportarlo. Falso. Eso es un asunto cultural, y dentro de una democracia, y dentro de una democracia familiar, es el asunto central para ser tratado. Porque si ese asunto del poder no se trata, todos los ecosistemas se contaminan. El agüita que nos dan, ya no sirve para nada, porque es agua envenenada; el jardincito se marchita, porque ahí no pueden nacer buenas flores. Es lo que pasa con frecuencia. Esa es la razón por la cual a tantas personas el matrimonio las afea; precisamente por eso. Porque en vez de ser lo que dicen los cuentitos de hadas, un nido amoroso, se convierte en un sitio de maltrato permanente.

Entonces, yo si creo que el gran reto que todavía tenemos, es el de ganarnos ese espacio doméstico y manteniendo toda la disposición a amar, manteniendo toda la disposición a entregar cariño; asumiéndonos en la más plena fragilidad, porque cuando uno está en el espacio doméstico es frágil. El espacio doméstico es como el espacio para la bobería. Es el único espacio donde uno puede ser medio bobo, porque afuera ya no lo dejan; tiene que producir resultados todo el tiempo. Es el espacio donde yo me alimento, manteniendo toda esta serie de condiciones. Ojo, no ser ingenuos. Ese espacio esta cruzado por el poder y, entonces, con toda la claridad y transparencia, de la misma forma que uno da agua y recibe agua, de esa misma forma, debemos ser capaces de poner sobre la mesa los asuntos del poder y que haya palabras para tratar ese tema, que haya posibilidad de tratarlo y haya posibilidad de modificarlo, porque esta enorme torpeza afectiva, estos dolorosísimos ejercicios de poder en la intimidad, los padecemos como una fatalidad, pero son plenamente modificables, y al modificarlos realmente, ganamos un espacio de calidad de vida que con urgencia le sigue haciendo falta a esta sociedad.