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CONFERENCIA ALTO COMISIONADO
PARA LA PAZ
TEMA: CONVIVENCIA.
Pasto, septiembre 20 de 2002
En medio de las dificultades que vive
el país, hay un milagro cotidiano que yo quiero resaltar
el día de hoy. Y es el milagro de miles de ciudadanos
que bajo el asedio del terror se han reafirmado de manera
cotidiana en el ejercicio de la democracia y en el espíritu
de la participación.
Es insólito para
la mirada internacional que en un país como Colombia
azotado por un conflicto armado interno haya tal vocación
democrática y tal afirmación de los valores
ciudadanos en lo local y en lo regional, porque si hay algo
vivo, esperanzador en la Colombia actual es, precisamente,
el compromiso cotidiano de los ciudadanos con la democracia.
Ha sido ese compromiso el
que ha impedido que las amenazas de los actores violentos
sobre las autoridades locales, finalmente, lleven la institucionalidad
local al colapso. Ha sido ese compromiso cotidiano de los
ciudadanos con la democracia el que ha permitido enfrentar
las oleadas de terror que hemos vivido este año en
el país. Y es ese compromiso cotidiano con la democracia
el que se expresó en la pasada elección presidencial
en el mandato que recibió el doctor Alvaro Uribe
Vélez, por parte de la ciudadanía.
Como bien decía,
el doctor Alvarado, es erróneo considerar que el
mandato recibido por el señor presidente es un mandato
de guerra. Eso hace parte simple y llanamente, de las consignas
de los contradictores políticos en época de
campaña electoral.
Los colombianos votaron
masivamente en contra de la violencia, por hastío
con el conflicto armado interno. Esa misma voluntad que
se expresó hace más de cuatro amos en el Mandato
ciudadano por la paz, cuando 10 millones de colombianos
depositaron un tarjetón verde para decirle a los
violentos que exigía una salida pacífica negociada
al actual conflicto armado y el inmediato cumplimiento de
las normas de protección del Derecho Internacional
Humanitario en relación con la población civil,
se expresó nuevamente en las pasadas elecciones,
cuando el presidente Uribe recibió de manera clara
y contundente un mandato para recuperar la seguridad democrática.
Como bien lo señaló
el presidente cuando era candidato, su propuesta de seguridad
democrática está muy lejos del viejo modelo
de seguridad nacional. La propuesta de seguridad democrática
no busca, como se buscó en antaño, perseguir
al disidente político. Al contrario, busca fortalecer
el pluralismo, busca fortalecer la diversidad de opiniones
y busca fortalecer la libertad de expresión. El modelo
de seguridad democrática no busca defender al Estado.
No, lo que busca es defender al individuo y respetar los
derechos fundamentales del individuo. Y el modelo de seguridad
democrática no es un modelo de unos pocos contra
muchos, sino que es un modelo participativo, es un modelo
que convoca abiertamente a la ciudadanía y es un
modelo universal para brindarle seguridad al empresario,
al campesino, al líder político y al líder
sindical.
Dentro de este modelo de
seguridad democrática la esperanza de una salida
negociada es parte estructurante, no es simplemente un aditamento
o un capricho. El señor Presidente considera que
el mejor horizonte para Colombia es alcanzar una salida
negociada al conflicto. Sería lo que más rápidamente
nos permitiría superar la crisis humanitaria, garantizar
el respeto a los derechos fundamentales de todos los ciudadanos,
incrementar el pluralismo y fortalecer todo este proceso
participativo del que nos sentimos tan orgullosos en nuestra
patria.
Sin embargo, para que sea
viable esa salida negociada necesitamos un diálogo
útil. El diálogo, no puede ser un diálogo
interminable. El diálogo y los procedimientos acordados
para la negociación deben crear confianza dentro
de la ciudadanía. Deben ser percibidos por los ciudadanos
como algo que les ayuda cotidianamente a vivir más
plenamente su democracia, y de manera muy especial, tal
y como lo señalan los señores Gobernadores
en el documento que han presentado en esta asamblea, ese
diálogo debe ir acompañado de un cese de hostilidades.
El cese de hostilidades se ha convertido en una urgencia
nacional. Nadie entendería, ni los propios ni los
extraños, ni nosotros ni el mundo que estemos en
un proceso de diálogo mientras continúan las
acciones de terror.
Para que el diálogo
sea útil, para que, realmente, podamos hablar de
una auténtica negociación debemos llegar a
un cese de hostilidades. El gobierno está dispuesto
a explorar ese mecanismo y a explorarlo con todos los grupos,
tanto con los grupos guerrilleros como con los grupos de
autodefensas. Creemos que para encontrar una paz estable,
es necesario involucrar a todos los actores del conflicto,
a todos aquellos que con las armas confrontan la legalidad
del Estado. Se han definido unos procedimientos, unos escenarios,
los estamos manejando con la mayor confidencialidad, pero
todas y todos ustedes deben tener confianza en que el gobierno
seguirá insistiendo 24 horas al día en la
posibilidad de abrir esos espacios de negociación.
Existe la voluntad política, existe el deseo de avanzar
y quisiéramos, --como ha dicho el presidente Uribe--,
no para mañana ni para hoy, sino para ayer poder
anunciarles a los colombianos que, realmente, es posible
una superación del conflicto por la vía negociada.
Sin embargo, nuestros esfuerzos
de paz no pueden concentrarse única y exclusivamente
en la búsqueda de la salida negociada. No podemos
desconocer lo que señalaba al comienzo de mi intervención.
El esfuerzo de miles de colombianas y colombianos que construyen
cotidianamente democracia. El esfuerzo de quienes hacen
resistencia civil, el esfuerzo de quienes se levantan cotidianamente
frente al terror. El esfuerzo de quienes, a pesar, de las
amenazas siguen convencidos de las bondades de un sistema
pluralista y de una sociedad abierta.
Yo, a veces, he comparado
a estos ciudadanos con los tripulantes de un arca similar
a la de Noe. En medio del diluvio cientos de colombianas
y colombianos han construido sus pequeñas arcas con
sus manos artesanales y navegan en medio de la tempestad
sorteando las dificultades, desplazándose por encima
de las olas, construyendo dentro del arca convivencia, relaciones
de solidaridad, relaciones de respeto, poniendo en práctica
proyectos de dignificación de la vida. Es impresionante
ver cómo en medio de las amenazas se han multiplicado
en Colombia en los últimos años los proyectos
de convivencia, los proyectos de construcción de
ciudadanía, los proyectos de reconstrucción
del afecto. Cómo miles de personas valoran, cada
vez más, la importancia de la solidaridad, del amor,
de la ternura. Ese es un auténtico capital nacional.
Ese es un auténtico capital social y nuestra tarea
desde el Gobierno va a ser acompañar todos estos
esfuerzos ciudadanos, para magnificarlos, para que se conozcan
entre ellos, para que todos estos esfuerzos de construcción
local de paz fortalezcan la democracia y nos permitan avanzar
hacia una reconciliación cierta.
De manera especial, en medio
de la crisis nacional yo he sido un gran defensor del valor
de la ternura, y ese valor, creo, debemos aplicarlo, ahora,
de manera simultánea tanto en la esfera nacional,
tanto las autoridades como los ciudadanos. De hecho, en
el modelo y la propuesta de seguridad democrática
está incrustado el valor de la ternura.
Desde la campaña,
tuvimos largas y fructíferas conversaciones con el
presidente y con el equipo sobre la manera de integrar efectivamente
el valor de la ternura dentro de un programa de gobierno
y que interesante ha sido ese reto de pensar cómo
puede incrustarse la ternura, por ejemplo, dentro de una
propuesta de seguridad democrática. Para nosotros
es claro que sin el valor de la ternura la propuesta de
seguridad deja de ser democrática para volverse autoritaria.
Con el valor de la ternura la propuesta de seguridad incluye
la autocontención de la fuerza, la delicadeza en
los procedimientos que es lo que debe caracterizar a la
autoridad legítima.
Estamos interesados en dignificar
la fuerza pública y la fuerza pública sólo
se dignifica en la medida en que se presente como garante
del cumplimiento de los derechos humanos. En la medida que
esa fuerza pública se acoja a la ley, se acoja a
las autoridades civiles, en la medida que ajuste su comportamiento
a unos procedimientos claramente establecidos por la ley.
Y allí, en contexto, está toda la delicadeza
que se necesita desde el estado de derecho para confrontar
a los actores violentos sin aplastar por eso al ciudadano
y sin aplastar por eso, las dinámicas participativas.
Deben ustedes, tener la
más absoluta confianza y seguridad que desde esa
perspectiva y con este valor la propuesta de seguridad adelantada
por el gobierno nacional tendrá como eje central
esa delicadeza en el trato con el individuo y ese respeto
por el individuo.
Pero también es necesario
desde el valor de la ternura asumir la crisis y el conflicto
social. Tener la inversión social como un eje central
de la política y por supuesto, en la vida cotidiana
como eje central de la dinámica, de la interacción
social. Necesitamos recuperar ese valor de solidaridad,
esos lazos amorosos que en medio de las dificultades y el
dolor nos permiten construir la convivencia.
Hemos querido el día
de hoy, aquí en Pasto contar con la presencia de
Ustedes para conocer en detalle qué proyectos se
están desarrollando, para que podamos ir avanzando
en una especie de concertación social sobre proyectos
de convivencia, para que las actividades que realizan cotidianamente
no terminen en el activismo sino que desde el gobierno nacional
podamos potenciar esos esfuerzos y definir metas colectivas
para avanzar en esta gran transformación cultural
que necesitamos, porque el propósito de la convivencia
no es a la larga otro que la transformación cultural,
que la modificación de comportamientos y allí
ahí un reto enorme, porque en Colombia el conflicto
no solo es un conflicto social, no solo es n conflicto político,
no solo es un conflicto armado, sino que también
es un gravísimo conflicto cultural. Así nos
duela reconocerlo, cotidianamente hemos legitimado la violencia.
Hace poco, Rodrigo Guerrero, ex alcalde de Cali realizaba
en su ciudad natal una encuesta para percibir la opinión
que tenían los ciudadanos sobre la guerrilla y sus
métodos, y me contaba en estos días, que con
asombro había encontrado que mientras mayoritariamente
la gente condenaba a la guerrilla, también, mayoritariamente,
justificaba los métodos violentos para solucionar
conflictos y para solucionar problemas.
Es decir, aunque no está de acuerdo con la guerrilla,
en su corazón legitima la violencia para enfrentar
los problemas cotidianos. De allí la necesidad de
reforzar todas las pedagogías de la convivencia que
nos ayuden a solucionar pacíficamente los conflictos,
de allí la necesidad de fortalecer dentro de las
dinámicas y los movimientos de resistencia civil,
el valor de estar desarmado en medio de un conflicto como
el que vivimos. De allí la necesidad de reafirmar
de un manejo delicado de los conflictos, no de un manejo
aplastante ni apabullador. La necesidad de asumir con cuidado
y delicadeza desde los conflictos familiares hasta los conflictos
sociales y los conflictos políticos.
Eso es lo que, nosotros,
queremos cultivar. Y digo cultivar, porque, realmente, la
semilla la aportan ustedes, ustedes son los que han empezado
a cultivar este campo cotidiano de la convivencia y lo que
nosotros queremos desde el Gobierno Nacional es apoyar,
hacer una especie de inventario de esos procesos de convivencia
y estimularlos, de tal manera, --como decía ahora--,
que se pueda llegar a esa concertación regional para
definir unas grandes metas. Que bueno sería que de
manera conjunta se pudieran definir unos propósitos
colectivos sobre cuáles son aquellos puntos que podemos
modificar y transformar.
Experiencias como la de
Bogotá nos han mostrado con claridad que es posible
bajar la tasa de homicidios, que es posible modificar el
comportamiento de los ciudadanos, que es posible mejorar
el clima de convivencia interactuando sobre asuntos, aparentemente,
pequeños, cotidianos, sencillos como por ejemplo,
repetir una y otra vez que la vida es sagrada; como por
ejemplo regular normas de tránsito; como por ejemplo,
enseñarle a los ciudadanos el valor de la transparencia,
el valor de la honradez, el valor de la honestidad que son
valores que se han perdido. Entonces, hagamos un esfuerzo
colectivo por esa gran recuperación de valores.
Estoy convencido que con
un gran esfuerzo cotidiano nosotros podemos, realmente,
avanzar de manera significativa en el control de la violencia
cotidiana y sentar las bases para que un eventual proceso
de negociación con los actores armados, también
encuentre un terreno fortalecido para que en el post conflicto
no sucedan problemas como los que ya vimos en países
como el Salvador, donde la violencia se dispara de manera
impresionante después de una negociación.
Nosotros necesitamos desde ahora, construir con mucho cuidado
esas relaciones de convivencia porque ese el gran capital
que vamos a apostar para la reconstrucción de la
nación. Ese es el gran capital que vamos a invertir
en todo ese proceso de reconstrucción de Colombia
que iniciado desde hoy quisiéramos desde hoy, por
supuesto, culminar y coronar con una salida negociada del
conflicto armado interno.
Finalmente, quiero invitarlos
a ustedes a que de manera simultánea con todos estos
esfuerzos por la paz y la convivencia tengamos presente
que es necesario recuperar y de manera muy profunda un componente
espiritual.
El asedio del terror
finalmente trata de someter nuestro espíritu. La
violencia finalmente trata de someternos psicológicamente,
la violencia trata de arrebatarnos la esperanza, la violencia
busca confundirnos.
interlocutores. Muchas gracias".
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