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EXCARCELAR GUERRILLEROS SIN QUE DEJEN LAS ARMAS ES UN IMPOSIBLE POLÍTICO, DICE COMISIONADO DE PAZ - EL TIEMPO
Diciembre 24 de 2003
Bibiana Mercado Rivera

En entrevista con EL TIEMPO, Luis Carlos Restrepo explica la posición del Gobierno.
Restrepo dijo que la exigencia que debería recaer sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) frente a la vida de los secuestrados se la están pasando al Gobierno, como si este fuera el secuestrador.

A juicio del encargado de la política de paz, esta administración ha venido abriendo puertas para un acuerdo humanitario, pero advierte que no puede perderse de vista que para las Farc la libertad de los que mantiene cautivos, lejos de ser un tema humanitario es político.

¿A qué conclusión llegaron en su encuentro del lunes el presidente Uribe y el ex presidente López, luego de la diferencia de criterios frente a las condiciones o no que deben mediar en un acuerdo humanitario?

El presidente Uribe le reiteró al ex presidente López su confianza para que adelante de manera independiente y autónoma labores de facilitación con el fin de buscar la liberación de los secuestrados en poder de las Farc. Hay una discrepancia de opinión en torno al acuerdo humanitario. El ex presidente López considera que el acuerdo no debe tener condiciones. El presidente Uribe considera que cualquier miembro de la guerrilla que salga de las cárceles por este acuerdo debe comprometerse a no volver a delinquir. De lo contrario, estaríamos yendo contra la política de Seguridad Democrática y en contra de la moral de la Fuerza Pública.

En el terreno, ¿cómo superar esta discrepancia?


Aspiramos a que el ex presidente López cumpla su labor de facilitador conociendo la postura del Gobierno. El lunes él planteó una alternativa: complementar el acuerdo humanitario con un acuerdo político, de tal manera que los guerrilleros excarcelados no vuelvan a delinquir. Los rehenes deberían ser liberados sin condiciones, pero, también en términos del Derecho Internacional Humanitario (DIH), es muy claro que la legislación penal de los países donde se aplica se mantiene. Entonces, no podemos pretender pasar por encima de la colombiana. Para conceder la excarcelación a un guerrillero, este tendría que solicitar el indulto, que solo se puede conceder si hay ese compromiso.
Serían dos acuerdos: uno humanitario y otro político...

Hay que diferenciar dos cosas. El aspecto humanitario tiene que ver con la liberación de los secuestrados, lo que implica que las Farc reconozcan el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra y libere, sin condicionamientos, a las personas en su poder. Simultáneamente, habría la posibilidad de un acuerdo político para que personas que están en las cárceles sean liberadas, siempre y cuando se comprometan a no delinquir.

¿El Gobierno se reafirma en esta condición?

No tendría presentación ante la opinión que un grupo de guerrilleros que reciben el beneficio de la excarcelación al otro día estén disparando contra la población y secuestrando. Esta es una condición de sentido común, mínima, básica y si se cumple, podemos avanzar de manera rápida en la materialización del acuerdo humanitario. De lo contrario, es un imposible político.

¿Imposible político?

Porque si se hace sin esa condición, se afectaría duramente la moral de la Fuerza Pública y de manera grave la gobernabilidad del Presidente sobre las Fuerzas Armadas. La Fuerza Pública ha expuesto su vida y ha hecho grandes tareas por capturar a los guerrilleros. Pensaría que sus esfuerzos son inútiles y las consecuencias políticas de esto son inmensas. La política de Seguridad Democrática quedaría en entredicho.

El ex presidente López hablaba de que hay de parte del Gobierno un viraje favorable...
El presidente Uribe ha ido abriendo cada vez más puertas. Al inicio del Gobierno condicionó este acuerdo a un proceso de paz, en diciembre pasado conformó la comisión de la Iglesia, a mediados de este año propuso constituir una misión médica para que personas en grave estado de salud pudieran ser liberadas en una primera fase del acuerdo humanitario. Ahora, insiste en la condición básica de la que estamos hablado para materializarlo.

¿La autonomía del ex presidente López hasta dónde va?

Su autonomía debe entenderse como independencia. No es un representante del Gobierno. Obviamente, tampoco de la guerrilla. Es un facilitador, que mantiene su independencia de criterio y que, por razones altruistas, busca acercar a las partes. Esta autonomía también tiene que entenderse en relación con la comisión de la Iglesia. Hoy tenemos dos labores de facilitación: una adelantada por el ex presidente López y otra por la Iglesia.

¿La exigencia de que salgan todos los secuestrados también se mantiene?


No podemos hacer distinciones entre secuestrados de primera y de segunda. Si se trata de un acuerdo humanitario, obligatoriamente tienen que ser liberados todos los secuestrados. Eso es lo que establece el artículo 3 común: que no puede haber rehenes.

En ese sentido, ¿el Gobierno aspira a un compromiso de la guerrilla frente al secuestro?


Esa es una exigencia que nos han hecho muchos sectores. El Presidente no la ha planteado expresamente, pero la consideramos una exigencia sana. Si pensamos en términos de la aplicación del DIH, debería haber ese compromiso.

Desde el punto de vista de realidades políticas, ¿ve el acuerdo más cerca o más lejos?

Lo que hay es un gran debate político. De hecho la pretensión de las Farc es política. No humanitaria. Cuando secuestran a unas personas y tratan de imponer sus condiciones, lo que buscan las Farc es golpear el corazón del Establecimiento y la política de seguridad democrática. Este es debate un político en el que, curiosamente, se ha cargado la responsabilidad sobre el Gobierno y la responsabilidad de las Farc queda olvidada, que son las secuestradoras, y son ellas las que están imponiendo condiciones, violando abiertamente el DIH.

¿Qué les responde a las familias que piden al Gobierno nombrar una comisión suya y no de facilitadores?

Este no es el momento de una comisión negociadora. Este es el momento de la facilitación para acercar a las partes. En eso estamos de acuerdo con el ex presidente López y la Iglesia. No podemos agotar de manera apresurada la función de los facilitadores. Todavía tienen un largo trecho que recorrer. Si ellos nos preparan el terreno va a ser mucho más fácil llegar al acuerdo humanitario.