| ENTREVISTA ALTO COMISIONADO
El Espectador
Proyecto de Alternatividad Penal
Agosto 24 en 2003
Beneficios judiciales no son negociables"
María Alejandra Villamizar
Luis Carlos Restrepo, alto comisionado para la Paz, es el
encargado de explicarle al país los alcances del
proyecto de ley para la reincorporación de miembros
de grupo al margen de la ley. Así habló con
El Espectador
P. ¿Cuál
es el origen del proyecto?
R. Hay una postura filosófica del Presidente y nace
de su corazón grande, no de su mano firme. Responde
a algo que ha venido pensando desde cuando vio la experiencia
en Irlanda del Norte y se dio cuenta que se aplicaba la
figura de la suspensión de la pena de prisión
para personas que pertenecían a grupos que habían
firmado un acuerdo de cese de hostilidades. Entonces empezó
a considerar que esto era aplicable a Colombia. Lo considera
como una especie de incentivo para que personas que en este
momento estén al margen de la ley se integren a la
sociedad y ayuden a la reconstrucción de la sociedad
con acciones de reparación. Estamos enviándoles
el mensaje a las personas armadas de que hay una alternativa
de que los delitos por los que son perseguidos no los conduzcan
directamente a la cárcel sino que puedan participar
en la reconstrucción del tejido social. Lo que hacemos
es ablandar la actitud de los guerreros y mostrarles que
desde la sociedad democrática hay caminos abiertos.
P. ¿Pero no es ablandar mucho la
justicia?
R. No creo que se ablande la justicia. Se
humaniza la justicia, que es distinto. Hasta hoy el sistema
penal ha estado centrado en el castigo, entendido únicamente
como pena de prisión. Y aunque todos los códigos
dicen que el horizonte es la resocialización, con
los métodos actuales es poco lo que se logra. Se
castiga al victimario pero no se repara a la víctima
y se considera que la víctima queda reparada por
el castigo al victimario. Es decir, que se trata de un asunto
de venganza. Pero la venganza del Estado no ayuda a reconstruir
el tejido social. Entonces estamos pasando de la noción
de castigo con cárcel a la noción de reparación,
donde se abre un espacio de encuentro entre el victimario
y la víctima. Pero no sólo hay reparaciones
materiales y simbólicas a las víctimas sino
también acciones de reparación, la contribución
a la pacificación del país. Porque aquel que
contribuya a desarmar, que ayude a esclarecer hechos sucedidos
en el conflicto, o contribuya a desarmar organizaciones
criminales, también está desarrollando acciones
de paz.
P. ¿Pero los
delincuentes que han cometido delitos mayores? Es atractivo
pero no necesariamente efectivo.
R. Creo que las personas que
en Colombia conforman grupos armados ilegales tienen confusión
sobre la dinámica de la democracia. Hace rato le
declararon la guerra a la legalidad y no tienen otra alternativa
que derrotar a la democracia para imponer su sistema. Y
la democracia no tiene otra alternativa que derrotarlos.
Esa es la vida de la guerra. Pero como estamos pensando
en una salida negociada, hay que pensar en una transacción
donde se fortalezcan los intereses de la justicia, pero
también logremos los intereses de la paz. Es decir,
que estas personas depongan las armas. Ahora no las van
a deponer si no existe ningún atractivo para traerlos
hacia la vida civil. Los cánones de la justicia moderna
no dicen verdad, justicia y castigo, lo que dicen es verdad,
justicia y reparación. Cumplimos con la justicia
porque hay un fallo y enfocamos todo hacia la reparación
de las víctimas, superando esa noción estrecha
de castigo. A mí me han dicho a veces es que a los
jefes guerrilleros no les interesan los beneficios judiciales,
y creo que eso es falso. El interés del presidente
es fortalecer la seguridad democrática para defender
los derechos de los ciudadanos, y dejamos un camino abierto
para aquellos que quieran reincorporarse.
P. ¿Y dónde
se establece que la persona va a cumplir las condiciones
que el juez dictamine?
R. El Presidente es quien decide
si dialoga con un grupo. Si opta por una opción militar
o una opción de paz. Si permite una zona de concentración
de grupos armados. Este proyecto es un instrumento para
sacar adelante esta política de paz que tiene una
incidencia en la política criminal a cuya cabeza
también esta el Presidente. Por supuesto que se juega
políticamente el Presidente.
P. ¿Esto está
acordado con los grupos armados?
R. Son decisiones discrecionales
del Presidente. El asunto de los beneficios judiciales no
se negocia. El Estado podrá hacer ofertas para aclimatar
la concertación nacional. Y no sólo con un
grupo, sino con varios grupos armados. Lo que hay es modificaciones
para abrir espacio para la reconciliación de los
grupos. Pero no nos imaginamos una mesa de negociación
donde nosotros estemos transando los beneficios.
P. ¿El Presidente
sabe el costo político de solicitar beneficios para
Carlos Castaño?
R. Cualquier mandatario que
tome una decisión en el campo de la paz asume un
costo político. El asunto de la negociación
y de la paz implica un costo político. Entonces este
instrumento para la paz debe ser utilizado discrecionalmente
por el Presidente en las mismas condiciones en que toma
decisiones para la paz y para abrir un acuerdo negociado.
Y eso es indelegable. No le pongamos nombres a la aplicación
de esta ley, porque en su origen no los ha tenido. Es decir,
en su origen parte de una convicción del Presidente
y la ley es igualmente aplicable a todos los miembros de
grupos armados al margen de la ley. Si en este momento Manuel
Marulanda dice paro la máquina de guerra y ayudo
a construir la democracia, yo creo que habría una
sensación de júbilo nacional. Hay que valorar
las acciones que determinadas personas que participan en
el conflicto armado interno pueden desarrollar para aclimatar
el conflicto interno.
P. ¿Cómo se entiende
que un gobierno de mano dura presente un proyecto de tal
naturaleza?
R. Yo
tengo mi propia lectura sobre el fenómeno Uribe.
Creo que el anhelo colectivo de Colombia es la paz. Yo tuve
la experiencia de convocar y ser coordinador del Mandato
nacional por la paz, donde 10 millones de colombianos votaron
por la paz. Pero también votaron por un no tajante
a la violencia. Creo que la gran equivocación del
gobierno Pastrana, y la gran equivocación de quienes
abrieron el proceso de paz anterior, fue que no entendieron
el no tajante a la violencia. Creyeron que era simplemente
buscar la paz a cualquier precio. Es importante para irle
enseñando a Colombia cómo la fuerza puede
combinarse con la delicadeza. Cómo la fuerza hay
que combinarla con la prudencia. Esta es una excelente oportunidad
para mostrar esa combinación de fuerza y delicadeza,
de fuerza y prudencia, de fuerza y magnanimidad que hay
en este gobierno.
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