INTERVENCIÓN DEL JEFE DE LA DELEGACIÓN DE LA OEA EN COLOMBÍA, SERGIO CARAMAGNA
EN LA COMISION SEGUNDA DEL SENADO
Febrero 24 de 2004

Una de las tareas primeras de la misión de la OEA en Colombia es explicarle a los colombianos el apoyo al proceso de pacificación en Colombia, desde ahora y desde la firma de ese convenio entre el Secretario General César Gaviria y el Presidente Uribe, conocida como MAP-OEA. Hemos tenido la oportunidad de estar viajando, de estar integrándonos lenta y poso a poco con la realidad de este querido país y tenemos que agradecer y hacer público ese agradecimiento a todos los colombianos sin excepción, por su extraordinaria hospitalidad, por su apertura, por los gestos enormemente positivos que hemos recibido desde las instituciones, desde el hombre común de la calle, en el campo en las comunidades que hemos visitado, el buen recibimiento a raíz de la designación que nos hiciera el Secretario General; y también quiero agradecer aquí públicamente la tarea y el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de Paz, el Doctor Luis Carlos Restrepo, que nos ha guiado y nos ha permitido integrarnos y participar en esta compleja realidad de la pacificación y el desarme de los grupos al margen de la ley antes de que se firmara el convenio.

Estamos viniendo y compartiendo con los colombianos desde fines del mes de noviembre del año pasado, y tuvimos la oportunidad de participar en la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en la ciudad de Medellín, también tuvimos la oportunidad de asistir a la desmovilización de las autodefensas de Ortega en las montañas del Cauca en Cajibío. Tuvimos la oportunidad de recorrer algunas regiones y de hablar con los colombianos y las colombianas que quieren un enorme compromiso con el proceso de pacificación en este país, y que por suerte son los más; y de esta comunicación cor ustedes, esta comunicación con las instituciones oficiales y no oficiales, propusimos al Secretario General y propusimos al Alto Comisionado y al gobierno de Colombia lo que podría ser el mandato de una misión de apoyo al proceso de pacificación.

La OEA está aquí en Colombia a través de esta misión para apoyar el proceso de paz de los colombianos, sin ninguna clase de prejuicios, sin ninguna clase de lecturas previas, sin ninguna interpretación previa a ese proceso, por más que nosotros somos sensibles a los distintos aspectos que conforman a los distintos actores de este conflicto.

Quiero decirles que venimos de una experiencia, que creo que el Secretario General Gaviria tomó en cuenta para la designación que es la experiencia de acompañamiento en Centroamérica, del primer proceso de desarme, desmovilización y pacificación después de la guerra fría y tal vez la primera misión de paz que conoce el hemisferio. Esa misión de paz, como dijo el senador Clopatofsky se denominó Comisión Internacional de Apoyo y Verificación, y tuvo un mandato original de los cinco presidentes centroamericanos destinados a la desmovilización y la reinserción o reincorporación como le gusta a Juan Diego Ángel de los ex miembros de la resistencia nicaragüense y la cancelación de una etapa dolorosa de una guerra civil que involucró a gran parte de la población nicaragüense: Quiero decirles que tal vez ese proceso fue el proceso que involucró a mayor cantidad de gente en toda Centroamérica, contando el proceso salvadoreño y el proceso guatemalteco; como dijo el senador más de 22.500 hombres se desmovilizaron, más de 18.000 familias se reintegraron desde el exilio a la población nicaragüense y lo que nosotros descubrimos y nos permitió hacer una lectura y una redefinición del mandato fue el descubrir una realidad económico-social y cultural en las montañas de Nicaragua que fueron los escenarios de ese conflicto una realidad económico-social basada en la población campesina que no estaba en la información previa y en los datos de las misiones internacionales.

Nos permitió descubrir a un sujeto cultural, no a un beneficiario, a un sujeto cultural, que no estaba en los planes, en los programas o filas de reinserción y que muchas veces no figura tampoco en los programas políticos, a veces tampoco figuran en los programas económico-sociales y a veces tampoco figuran en las agendas de los organismos internacionales pero que está y que constituye grandes franjas de los territorios y de la población de nuestra América Latina tan sufrida por estos conflictos internos.

Llegamos a Nicaragua con una percepción del conflicto en sus actores y debimos cambiar el Casette, al conocer, la estar cerca, al convivir y al escuchar sobre todo a esos sujetos sociales, que daban una visión de la realidad de su vida, del conflicto, de la solución del conflicto que no estaba ni en las élites ni mucho menos en los organismos internacionales.

Ese mandato, para dar un ejemplo de lo que la realidad es mucho más dinámica que nuestros planes, ese mandato fue dividido entre Naciones Unidas y la OEA; para Naciones Unidas en función de la operatividad territorial, le correspondió Honduras, lugar de asentamiento principal del ejército rebelde de la resistencia nicaragüense y a la OEA le fueron otorgadas tareas menores de recepción vinculadas a temas humanitarios y a la reincorporación de grandes grupos de personas exiliadas.

Sin embargo, sin que se hubiera previsto en ningún manual de reinserción porque no existía, ni de pacificación, los miembros de la resistencia nicaragüense se negaron a desmovilizarse en la República de Honduras y decidieron entrar en el territorio nicaragüense. Recuerdo que un amigo colombiano que formaba parte de la misión, y que cumplió la tarea de jefe de operaciones de aquel primer experimento internacional de apoyo a un proceso de paz, la única instrucción que nos dio al llegar fue: hay que apagar incendios; esa fue exclusivamente la única misión, no había manuales, no había experiencias previas, no había lecciones, no había ni siquiera errores que tomar en cuenta para no repetir y la experiencia de la pacificación se hizo sobre la marcha.

Yo he escuchado al Alto Comisionado de la Paz, doctor Luis Carlos Restrepo decir que el camino de la pacificación es un camino culebrero, difícil sobre una cornisa; hay abismos de uno y de otro lado, hay muy poca luz, se camina a veces de noche y se corre el riesgo siempre de caerse sobre uno y otro lado, y yo comparto plenamente ese proceso.

Sin haber experiencias previas hubo que abrir el monte con machete y hacer el camino sobre la marcha, hubo que improvisar en forma permanente. Y tomen en cuenta lo siguiente en cuenta también y quiero hacer esta introducción para explicarles a ustedes cómo llegamos a la República de Colombia a apoyar el proceso de pacificación:

Ninguna de las dos fuerzas políticas que disputaron las elecciones en 1990, y de cuyo proceso se abrió la posibilidad de la desmovilización y la terminación de la guerra, me refiero al Frente Sandinista de la Liberación Nacional y me refiero a la UNO, una presidida por Ramiro Ortega y la otra presidida por doña Violeta Barrios de Chamorro, ninguna de esas dos fuerzas políticas tenían en su programa de gobierno nada que hiciera referencia al proceso de pacificación, ni a la reinstalación o reinserción, ni que tareas y obligaciones le correspondían al estado en función de la cantidad inmensa de personas que dejarían las armas e intentarían incorporarse a la vida civil, ni qué pasa con un proceso de postconflicto y cuál iba a ser el proceso y los recursos para reconstruir el país desde el punto de vista material y humano, parecía una agenda elaborada en otro contexto político y cultural.

De manera que desgraciadamente le correspondió a la misión internacional de apoyo y verificación muchas veces, y desgraciadamente, lo vuelvo a repetir, ocupar en algunas zonas del territorio el lugar del estado, cosas que no están ni para el país receptor ni para el organismo internacional.

Después vinieron la experiencias de El Salvador y de Guatemala, y los Salvadoreños inteligentemente aprendieron de los errores, y aprendieron de los aciertos que podía tener el proceso nicaragüense y los guatemaltecos mucho más, y esos procesos tal vez en menor plazo cometiendo menos errores, ajustando más los acuerdos, incorporando mas la decisión del estado pudieron salir adelante más rápidamente.

En Nicaragua hasta 1997 grupos de rearmados de diferente signos políticos, asolaban zonas del país reclamando acuerdos incumplidos, y sometiendo a la población campesina una y otra vez durante seis o siete años a la violencia, a la irracionalidad, a las brutalidades que provoca la privatización de la violencia en manos de grupos irregulares. De manera que la tarea no fue solamente acompañar administrativamente un proceso de desmovilización, que creo que habiendo voluntad política es lo menos complicado, y presentarse ante las cámaras y ante la prensa internacional diciendo: se ha logrado un gran éxito político en la desmovilización, sino que la primera lección de Nicaragua es que el proceso duro, fuerte, que requiere una voluntad permanente y diaria es el proceso inmediatamente posterior a la entrega de las armas y que si nos descuidamos en ese proceso, es muy probable que los obstáculos que se presenten puedan ser dolorosos y carguen con vidas humanas y en daños materiales especialmente a la población más humilde.

Esas son las experiencias que traemos, no somos nosotros especialistas en procesos de pacificación, ni tenemos las soluciones a los procesos que se generan en ese sentido, no tenemos esas soluciones pero tenemos el espíritu de sumarnos a los colombianos para tratar de encontrar juntos esas soluciones y eso no es una frase sino que es un sentimiento de parte de los que integramos incipientemente la MAP OEA; a diferencia de esas experiencias centroamericanas o algunas de esas experiencias centroamericanas, encontramos en Colombia, y esto de hoy en día lo demuestra a una población no solamente preocupada por el proceso de paz sino a una población activa y comprometida en el proceso de paz y a instituciones que están vibrando en función de ese proceso de paz.

Encontramos a un estado que tiene decisión para llevar adelante ese proceso de paz y conducirlo; no es un estado indiferente, no es un estado que delegue tareas a factores externos para resolver estos temas, vemos a instituciones que están funcionando activamente y discutiendo activamente todos los pasos de este proceso, vemos instituciones de enorme valor como la Iglesia Católica, que tiene un compromiso extraordinario en el campo con las víctimas de la guerra y que tiene una enorme credibilidad en función de manejar los temas cotidianos de la violencia en Colombia, vemos las comisiones de verificación y a una sociedad civil sumamente activa, comprometida, vemos que una de las tareas también primordiales de esta misión será conocer mucho más a fondo y establecer relaciones orgánicas y articuladas, con esas expresiones colombianas que tienen hace muchos años un profundo conocimiento del proceso de paz y un profundo compromiso con ese proceso de paz. La OEA nunca va a hacer un montaje pensado desde afuera para que independientemente de lo que piensen los colombianos se pueda llevar adelante el proceso de paz, como si Colombia fuera una tabla raza donde se pueda sembrar cualquier tipo de iniciativa.

La OEA viene a Colombia teniendo un gesto de confianza en las instituciones colombianas y en el pueblo colombiano, y vuelvo a repetir, esta no es una frase sino es que es una convicción inicial y una convicción que se ha ido acrecentando y reforzando en la medida en que hemos ido conociéndolos a ustedes, conociendo las instituciones, compartiendo con ustedes las preocupaciones, conociendo a los mecanismos que han utilizado y la experiencia, la larga experiencia que han desarrollados los colombianos para tratar de ir dándole solución a un problema de tantos y tantos años.

El mandato entonces se construyó en buena medida, desde abajo hacia arriba, como creo que deben construirse realmente estos mandatos y se apuntó esencialmente en lo siguiente: apoyar el proceso de desmovilización de todos los grupos armados fuera de la ley. Le pedimos al Secretario General y lo compartimos plenamente con el Alto Comisionado de Paz, que el mandato de una misión de la OEA no fuera un mandato hacia uno solo de los actores del conflicto, sino que fuera hacia todos los actores del conflicto, y quiero decir públicamente que nuestra actitud sobre todos los actores del conflicto va a tener el mismo ímpetu, la misma dedicación y el mismo compromiso.

Ahora se ha comenzado el proceso de desmovilización de las autodefensas y vamos a estar trabajando firmemente en ese sentido, vamos a estar habilitados por ese mandato a apoyar las tareas de reinserción, ese mandato tiene una parte muy sensible que significa la verificación del cese al fuego, la verificación del desarme, la verificación de los acuerdos, la verificación de la reintegración a la vida civil de este proceso. Con eso creemos que se puede dar una contribución importante a la transparencia y a la credibilidad del proceso de paz iniciado por los colombianos; y hay un tercer acuerdo que es muy significativo también que es apoyar a las comunidades afectadas por la violencia en crear medidas de confianza y fortalecer la seguridad.

Normalmente cuando se elaboran estos mandatos, cuando se habla de los conflictos, se habla de una serie de actores, se habla de las instituciones, se habla de los organismos internacionales, se habla de los grupos armados, normalmente queda muy poco espacio para hablar, creo yo, de un elemento fundamental en todo esto, que es la población afectada por el conflicto, que son las víctimas del conflicto; a veces discutimos demasiado académicamente los temas vinculados a la justicia, a los derechos humanos, a la verdad, la reparación de las víctimas y eso es necesario que lo hagamos, y es necesario que cada día reafirmemos nuestro compromiso con esos valores, para nosotros es inevitable porque son los valores que sostienen a la OEA y le dan razón de ser.

Sin embargo, no tenemos a veces la capacidad o la aptitud de escuchar con mayor humildad a las víctimas de la violencia, a las comunidades que fueron sometidas a la violencia de distintos signos y escuchar de ellos la perspectiva del conflicto, la posibilidad de una salida del conflicto, cómo ven ellos los temas vinculados a la justicia, cómo ven ellos los temas vinculados a la reparación, cómo ven ellos el final de esta tragedia que viven cotidianamente todos los días: Nosotros a veces vemos el conflicto desde afuera y lo estoy diciendo en términos de los propios organismos internacionales, vemos el conflicto desde la discusión académica y es importante hacerlo, pero es también importante hacer el esfuerzo de leer el conflicto a partir de los sujetos que sufren ese conflicto, por eso la misión va a ser un esfuerzo muy especial no solamente por tener una oficina abierta a todos ustedes y a todos los colombianos en la ciudad de Bogotá, en la capital sino que va a ser el esfuerzo de tener oficinas, de tener oficiales de verificación en las zonas de conflicto para tener articulación con las instituciones que están vinculadas a estas áreas y para tener una lectura clara de esas áreas a partir de un contacto y una comunicación con las personas que han sufrido el conflicto durante todos estos años, y cuando hablo de comunicación no estoy diciendo en lo que le vamos a decir nosotros a la población afectada sino especialmente lo que ellos nos van a transmitir a nosotros.

Es posible que si hacemos este acto de humildad mayor, de escuchar a esas poblaciones podamos aprender y podamos cometer menos errores de los que hemos hecho en otras latitudes.

Esta es la propuesta general, ese es el mandato general. La última vez que entramos a Colombia, lo vamos a reiterar, lo hicimos por Medellín, lo hicimos por Medellín porque ahí en ese lugar en ese epicentro, en esa ciudad se está dando el ejercicio de la reincorporación de 876 miembros del Grupo Cacique Nutibara, tener contacto con las instituciones, que ahí están trabajando por eso, con las autoridades de la Alcaldía, con la Oficina del Alto Comisionado, con la Iglesia, con la comisión de verificación de Antioquia, tener el contacto con los desmovilizados, saber quiénes son, cuáles son sus historias personales, cómo ven la solución de su problema, cómo ven su reintegración a la vida civil, hablar con los dirigentes, analizar sus expectativas y relacionarlos con las comunidades que hoy todavía siguen sufriendo el proceso de la violencia a lo mejor en mucho menor medida que ocurría hace dos años o antes de la desmovilización por parte de la práctica que pudimos hacer con la Doctora Claudia Pérez de Vargas

Queremos decirle a esta honorable sesión del Congreso de los Representantes de Colombia que la información en general es alentadora, que se están llevando procesos judiciales a un ritmo determinado pero se estàn llevando adelante, que hay un esfuerzo en el tema de reinserción que los desmovilizados están contenidos en talleres de capacitación, que hay que hacer un mayor esfuerzo de parte de la empresa privada porque el tema del empleo rápido y la capacitación acompañada con el empleo puede ser una medida de enorme valor para solidificar y consolidar este proceso de pacificación. Que ese proceso de Medellín es clave para los colombianos, porque es el primero de esta etapa y si sale bien va a invitar a los otros grupos y va a dar confianza a los otros grupos, va a despejar dudas en actores de la comunidad internacional, va a abrir espacios de participación también en ellos y va a ser el primer escalón exitoso, y si sale mal, que no creo que sea así, puede ser un traspiés muy fuerte para poder superarlo. Creo que están dadas todas las condiciones para que eso salga bien porque están todos los elementos que concurren en la posibilidad del éxito.

Vuelvo a agradecer a todos los colombianos, a las instituciones, al gobierno, al pueblo colombiano en general la forma como nos han recibido, la hospitalidad extraordinaria y a la posibilidad de ir descubriendo poco a poco a este hermosísimo país; crean que venimos con la idea de sumarnos y acompañar un proceso que ustedes vienen llevando hace mucho tiempo, crean realmente que venimos con la idea de encontrar las soluciones junto con ustedes, no venimos a dar lecciones de lo que hay que hacer en la pacificación, creo que aquí hay una experiencia importante en la medida que se reconozcan así mismos en el valor de esa experiencia, el proceso va a ganar muchísimo, va a ser un proceso básicamente colombiano, es importante que el proceso sea un proceso dirigido, conducido por los colombianos en el cual los organismos de control tenemos una tarea de acompañamiento, de sugerencia, de apoyo, de sumar la solidaridad efectiva, no solamente retórica de una comunidad Iberoamericana, americana, de un sistema americano, que hoy tiene un dinamismo mayor, un compromiso mayor con los problemas reales del continente, con una OEA que tiene una nueva visión de ese continente, que participa activamente en los conflictos más serios de este país, de estos países y que tiene un compromiso muy fuerte con los derechos humanos, con la justicia sobre todo con la paz y con la democracia, así que yo les agradezco nuevamente la oportunidad de expresar el mandato y estoy absolutamente dispuesto a escuchar sus inquietudes, sus preguntas o su evaluación de esto

Muchísimas gracias.

 

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