|
PALABRAS DEL NUNCIO APOSTÓLICO DURANTE SALUDO DEL
CUERPO DIPLOMÁTICO AL PRESIDENTE URIBE
Discurso del Decano del Cuerpo Diplomático,
Monseñor Beniamino Stella, Nuncio Apostólico
al Presidente de la República durante el saludo del
Nuevo Año, realizado hoy en la Casa de Nariño:.
"Señor Presidente:
En nombre del cuerpo diplomático
acreditado ante la República de Colombia, le presento
un respetuoso y cordial saludo de año nuevo y los
mejores deseos de todos nosotros para que este 2004 traiga
satisfacciones y logros para la querida nación colombiana.
El acostumbrado encuentro del comienzo de
año nuevo con usted, señor Presidente, no
quisiera ser un acto formal de protocolo, sino la ocasión
deseada para que, aunque sea brevemente, podamos dar una
mirada llena de afecto a la realidad colombiana en que vivimos
y en la cual vamos echando raíces, quienes más
y quienes menos según el tiempo que llevamos en ella.
No dude que a Colombia nos unen vínculos estrechos
que son más que laborales y profesionales.
Ha pasado un año y medio desde que
usted, señor Presidente inició el periodo
de Gobierno para el que fue escogido con el voto democrático
de los colombianos, a nadie se le escapa que las circunstancias
que le ha correspondido conducir a esta Nación conforman
un escenario complejo donde aparecen luces y sombras.Aun
siendo observadores atentos, percibimos a menudo cierta
dificultad para hacer una lectura clara y nítida
de la situación del país. Desde nuestro ángulo,
podríamos decir que Colombia nos ha acostumbrado
a los contrastes. Es un país con inmensas riquezas
Humanas y abundantes recursos materiales donde, sin embargo,
en ese caudal de vida, en que cabe destacar el apego de
los colombianos a sus tradiciones democráticas e
institucionales, se experimenta también el trauma
de la violencia y del sufrimiento.
En medio de este panorama, usted señor
Presidente, ha ejercido un liderazgo que ha jalonado y ha
asignado esta historia reciente del país. Apreciamos
su firme determinación y arrojo, su proverbial y
reconocida capacidad de trabajo, la visión amplia
que posee del acontecer nacional, su cercanía a las
aspiraciones de los colombianos y su anhelo irrenunciable
de hacer cuanto sea posible para fabricar una Patria mejor
para las nuevas generaciones.
He leído, señor Presidente,
una frase suya en algún texto que no es público,
pero que si refleja su ánimo y su disposición
interior: "Yo le pido a Dios todas las mañanas
que no me deje equivocar en esta tarea, que me de todas
las energías para dedicarlas a Colombia con todo
afecto y transparencia, y que en este esfuerzo sea exitoso
para la Patria".
Sus gentes le han respondido no solo con
una valoración positiva de su persona, sino también
entrando en una dinámica de respaldo a su gestión
y manifestando mayor interés por la suerte del país;
todo esto ha creado un clima más esperanzador que
ha fortalecido las voluntades de los colombianos. Ya que
todos los que estamos aquí solemos, en mayor o en
menor medida, recorrer a Colombia, podemos decirle que la
Nación ha entrado en una nueva etapa de su acontecer,
superando un estado de ánimo fatalista que impedía
mirar positivamente el futuro del país.
Permítanos, señor Presidente,
apuntando de nuevo al significado profundo de este encuentro,
que le presentemos los sentimientos de nuestra cercanía
y nuestra voz de ánimo para el cumplimiento de su
alta responsabilidad de cara al pueblo colombiano.
Desde el primer momento, señor Presidente,
una de las metas prioritarias de su mandato fue la recuperación
del orden y de la seguridad ciudadana, así como un
fortalecimiento de la institucionalidad, no sólo
en las estructuras centrales del Gobierno, sino también
llevando la presencia del Estado y su autoridad, a todos
los rincones del territorio nacional. Nos parece que este
propósito merece nuestro reconocimiento y nuestro
apoyo ya que, como afirmaba Juan Pablo II en el reciente
Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial
de la Paz, 2004, párrafo 5: "el derecho favorece
la paz".
Estamos convencidos de que la edificación
de la paz ciudadana no puede prescindir del orden ético
y jurídico. Con usted percibimos, por lo mismo, que
es posible construir una sociedad en la que la violencia
sea reemplazada con la fuerza moral del derecho, previendo,
cuando la situación así lo exija, sanciones
apropiadas para los transgresores, además de la debida
reparación a las víctimas.
Señor Presidente, cuánto deseamos
que sus preocupaciones en ese sentido generen a lo largo
y ancho del país los mismos anhelos y se despierte
una corriente de responsabilidad ética en todos los
ciudadanos, suscitando, al mismo tiempo, un creciente afán
de transparencia y de coherencia en todos los hijos de esta
tierra y en las instituciones del Estado.
Los representantes de los gobiernos que
mantienen relaciones diplomáticas en Colombia, así
como de Organismos Internacionales, reconocemos la vital
importancia de no retroceder en este esfuerzo que ha de
legitimarse permanentemente con el más exquisito
cuidado de los derechos humanos, impidiendo así que
una concepción equivocada del derecho a la fuerza,
prevalezca sobre la fuerza de derecho.
El hecho de ser testigos, de nuestro que
hacer diplomático cotidiano, de esta historia dolorosa
del derramamiento de sangre con las consecuencias que arroja
toda confrontación armada de parte de grupos al margen
de la ley -pobreza, soledad y desamparado, destrucción
material y familiar-, así como de la experiencia,
cada día más evidente, de la necesidad de
la solidaridad de otros países, nos lleva a sentirnos
parte de la búsqueda de la paz que Colombia entera
persigue, con Usted , a la cabeza.
En consecuencia, como comunidad internacional
le reiteramos, Señor Presidente, nuestra disposición
para acompañar a Colombia hacia la paz que tanto
añoran todos. Una paz que es posible también
para esta nación, no obstante el prolongado y bien
conocido historial de conflicto, y cuyos pilares no podrán
ser, aquí como en cualquier otra situación
similar en el planeta, otros que la verdad, la justicia,
la solidaridad y la libertad.
Buscando con determinación soluciones
que quizás no sean inmediatas y fáciles, nos
queda a todos una cotidiana tarea que es educar para la
paz, sin dejarnos enceguecer por el resentimiento y el odio
de quienes no la quieren favorecer y sin olvidar que, en
ese necesario y largo avance hacia la paz, debemos hacer
todo lo posible para salvar las vidas de los que padecen
el brutal cautiverio o cualquier forma de arbitraria violación
de sus derechos humanos. Cuente , entonces, con nuestro
apoyo para llevar adelante los esfuerzos que tiendan a la
consecución de la paz, Particularmente en aquellas
iniciativas que su gobierno considere acordes con nuestra
misión diplomática.
Es nuestro convencimiento, por tanto, que
la oposición firme a la violencia armada ilegal,
al territorio y a todo lo que los alimenta y los soporta,
no debería hacer que decrezca un renovado interés
por las iniciativas concretas que vayan propiciando acciones
humanitarias y espacios de acercamientos entre las partes
y que faciliten, en su momento, de una parte, el cese al
fuego y la reintegración a la vida civil de los alzados
en armas y, de la otra, los imprescindibles programas de
inversión social sobretodo en los territorios que
han sufrido con mayor ahínco las consecuencias de
la violencia.
No nos ha pasado desapercibido el acento
que usted, señor Presidente, está haciendo
sobre la necesidad de construir la justicia social, la igualdad
de oportunidades para que todos accedan a los bienes del
país y la urgente superación de las situaciones
de extrema pobreza y de miseria. Comprendemos de sus palabras,
que la edificación de una Colombia mejor para todos,
exige un renovado compromiso con la implantación
solícita de estas metas. Se siente en el aire que,
a partir de experiencias internacionales dolorosas y de
situaciones de injusticia en lo material y espiritual, que
el derecho internacional, el cual ha sido durante mucho
tiempo un derecho de la guerra y de la paz, está
llamado cada vez más a ser exclusivamente un derecho
de la paz concebida y en función y como fruto de
la justicia y de la solidaridad.
Compartimos, por lo tanto, la urgencia que
representa para Colombia -y Usted, lo ha subrayado tantas
veces, señor Presidente- profundizar a las acciones
que lleven a la recomposición del tejido social y
llegar a una concepción de la política en
donde la preocupación por la justicia y por la vía
ocupe un puesto de primer lugar. Evidentemente esta sería
la tarea privilegiada de quienes desean dedicar su vida
al ejercicio de la política.
Deseamos, Señor Presidente, que,
bajo su conducción y con el concurso de todos, incluso
de la comunidad internacional, Colombia pueda seguir dando
pasos firmes en la recuperación agraria, en la oferta
educativa de modo particular aquella dirigida a niños
y jóvenes, en la justa remuneración del trabajo,
en el cubrimiento de las necesidades básicas para
las clases menos favorecidas, en la participación
ciudadana responsable y ponderada, en el cuidado del medio
ambiente, en fin, en todo aquello que rescate el porvenir
de este pueblo maravilloso que sin duda lo merece.
El Cuerpo Diplomático aquí
presente, también desea ofrecerle en este saludo
de inicio de año un vivísimo agradecimiento
por las atenciones que hemos recibido tanto en el plano
personal como en el de las instituciones que representamos;
le renovamos desde el corazón nuestro sincero deseo
propósito de cooperarle en cuanto usted lo considere
oportuno y conveniente.
Le deseamos, Señor Presidente, un
buen año en el cual usted pueda avanzar hacia la
consecución de los ideales y las metas que ocupan
sus días y sus noches. Que la esperanza que sentimos
al comenzar una nueva etapa en el tiempo que la providencia
de Dios nos regala, nos fortalezca a todos. Que Dios padre
nos colme de abundantes bendiciones y haga próspera
la obra de nuestras manos.
Finalmente, renuevo a usted señor
Presidente, a Doña Lina, su distinguida esposa, a
sus hijos, a los miembros de su gabinete de Gobierno y a
todas las demás instituciones del país, los
mejores deseos de bien y de prosperidad para este año.
Con el corazón, esto es, con la sinceridad
y con el afecto que nos mueven hacia la tierra que nos ha
acogido con los brazos abiertos, deseo recoger cuanto le
hemos manifestado , señor Presidente, en esta bien
conocida invocación y que hoy pronuncio en nombre
de todos mis colegas: "Que Dios bendiga a Colombia.
Muchas gracias".
|