Alto Comisionado para la Paz
Todos por un nuevo país
BOGOTÁ, 31 DE MAYO, 2016

Familias de cinco municipios del Tolima, agobiadas por más de 50 años de violencia, se benefician de las carreteras que desde el 2008 se están construyendo para mejorar su calidad de vida y el desarrollo económico de la región. La inversión en las vías de la paz, que hoy supera los 227 mil millones de pesos, continuará este año para beneficiar a las familias campesinas e indígenas que esperan ansiosas un acuerdo de paz que acabe con décadas de conflicto armado en su región.

Ediht, Astrid, Reinel, Raúl, Jeremías, entre muchos otros tolimenses, habitantes de los municipios del Sur del Tolima, han sido testigos de los cambios que desde el 2008 han traído los proyectos viales que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) y el Fondo de Programas Especiales para la Paz (Fondo Paz) de la Presidencia de la República desarrollan en esta zona del departamento buscando mejorar la calidad de vida de sus pobladores y la superación de más de cincuenta años de violencia que los ha agobiado y que ha impedido el progreso de su región. Para ellos, el Gobierno Nacional busca, con este tipo de inversión, generar las condiciones para el logro y mantenimiento de la paz, que hoy a poco tiempo de la firma de un acuerdo final con las FARC, resultan fundamentales.

Aunque reconocen que el camino por recorrer aún es largo, los beneficios que les ha traído la construcción y el mejoramiento de las vías intermunicipales de Chaparral- Rio Blanco, Ataco-Planadas y San Antonio- y cruce El Maito en la vía a Chaparral, les ha permitido mejorar sus condiciones de vida y tener una región más competitiva.

Los testimonios no son pocos, muchos habitantes del sur del Tolima empiezan a experimentar un mundo de oportunidades más amplio, ese mundo que estuvo limitado por décadas de violencia en su región. Para Raúl Durán, cafetero del corregimiento de Gaitania, en Planadas, “es muy importante para la región el mejoramiento de las vías, porque nosotros debemos entender que en una región tan alejada como es la nuestra, necesitamos unas muy buenas vías”.

Tolimenses como Raúl saben que la construcción de las vías mejora la comercialización de productos como el café, el fríjol, los frutales, muy comunes en la región.

Pero no solo esperan que más vías sean una realidad, a esta gente trabajadora, apasionada y luchadora les ha tocado lidiar con toda clase de grupos armados que han perturbado su tranquilidad. Tal vez por eso, es que hoy, más que nunca, guardan la esperanza de que se firme un acuerdo final de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC.

“Para nosotros es muy importe ese proceso de paz, ¿por qué?, porque hemos vivido muchos años en guerra”, aseguró Julián Luna, un joven que tiene su esperanza puesta en que se firme un acuerdo de paz que permita la reconciliación de los colombianos.

“Desde el año 1964 hemos vivido conflictos armados, la gente ya está cansada, la gente quiere ver un cambio, y nosotros esperamos ansiosamente que ese acuerdo de paz sea una realidad, para de una vez por todas borrar de este país todas esas cicatrices”, concluyó Julián.

Antes de iniciarse la construcción y el mejoramiento de las vías, la movilidad de los habitantes del sur del departamento era todo un desafío. Para ir de Planadas a Ibagué, sus habitantes se gastaban más de un día en trayectos destapados, llenos de barro, huecos y polvo. Ahora, muchos de los transeúntes aseguran sentir una mejoría enorme, pues redujeron los trayectos para movilizase a menos de la mitad del tiempo para ir de un lugar a otro y en condiciones muy diferentes a las anteriores.

“El beneficio es grandioso porque antes esta vía era un hoyo grande que se llenaba de barro y estiércol de los animales, y ahorita vemos esa maravilla que hicieron. Este caserío está muy contento por la obra que se hizo en este sector”, aseguró Darío Ortiz, agricultor de la vereda Mesetas del municipio de San Antonio.

LA ECONOMÍA
CAFETERA
SE REACTIVA EN
EL SUR DEL TOLIMA

Gracias a una mayor conectividad, que se tradujo en mejores oportunidades para el comercio y la economía, y a la persistencia de los tolimenses, el café se ha convertido en el principal sustento y fuente de desarrollo para los habitantes de los municipios del Sur del Tolima. Así lo reconocen agricultores, quienes como Reinel Pérez, aseguran que el Sur del Tolima ha encontrado un futuro para sus familias.






DATOS

El Sur Tolima tiene unos 21.772 cafeteros, propietarios de 25 mil fincas y más de 43 mil hectáreas de café. Existen alrededor de 52 grupos asociativos, en Ataco, Chaparral, Planadas, Río Blanco y San Antonio, municipios cuyo principal producto agrícola es el café. Planadas, es el municipio con el número más alto de cafeteros, cerca de 6 mil cafeteros, tiene casi 7 mil fincas cafeteras y 14 mil hectáreas sembradas de café. En el 2014 fue el productor número 1 de café del departamento del Tolima.

El departamento del Tolima es el tercer productor nacional de café, luego del Huila y Antioquia, con el 12,53%, en 2014 se produjeron más de 1.5 millones de sacos producidos.

Fuente: Comité Departamental de Cafeteros del Tolima, 2015

“Puedo decir que aquí ha venido gente de otros departamentos y ha encontrado el futuro para sus familias, porque estamos aquí prácticamente en un despensa agrícola del Sur del Tolima, del Huila, porque estamos muy cerca a la capital que es Neiva, entonces hemos entendido, la caficultura ha tenido una renovación, en cuanto a la capacitación que nos da el mismo Comité en programas”.

Para Reinel, así como para muchos otros habitantes del corregimiento de Gaitania, la inversión del Estado en vías y el acompañamiento permanente de la Federación Nacional de Cafeteros, a través del Comité Departamental de Cafeteros, con programas de capacitación y desarrollo han convertido al departamento del Tolima en el tercer productor a nivel nacional.

El impacto que han tenido los proyectos de inversión en vías, con el fin de mejorar la calidad de vida de los habitantes de las regiones más afectadas por la violencia, ha hecho que las expectativas frente al proceso de paz también crezcan en los tolimenses, muchos de los cuales consideran que la firma de un acuerdo beneficiará aún más su desarrollo social y económico, y sobre todo influirá para que sus próximas generaciones se queden en la región para fortalecer el negocio del café.

“La expectativa que hay es que detrás de las vías vengan otros proyectos grandes, macros como colegios, la educación, la salud que tanto se necesita en estos sectores, porque la verdad hubo tiempo que si nos sentimos muy abandonados del Estado, pero yo creo que todo tiene su tiempo y es el momento de nosotros también entrar a reclamar lo que nos pertenece a nosotros en este zona. Y tratar de que nuestra juventud, se nos quede, que se capacite y estudie y se venga acá”, aseguró el cafetero.

Paralelo a la construcción de las vías, la Federación Nacional de Cafeteros, quien ha sido el ejecutor de la mayoría de los convenios de mejoramiento y pavimentación de las vías, inició planes de capacitación en cultivos y comercialización de café. El Comité Departamental de Cafeteros del Tolima, hizo de la economía cafetera, una apuesta para la paz. Según Gildardo Monroy, rector ejecutivo del Comité de Cafeteros del Tolima, gracias al café en todo el Tolima se generaron unos 85 mil empleos directos y 186 mil empleos indirectos.

Gracias a la creciente oferta social y económica las expectativas de los campesinos tolimenses siguen creciendo y con la firma de un acuerdo de paz, y tras años de dificultades, los habitantes del Sur del Tolima esperan posicionarse por su excelencia en la producción de café y quitarse el estigma por ser la cuna del nacimiento armado de las FARC en la década del 60. Aunque reconocen que por algún tiempo se sintieron abandonados por el Estado, lo que buscan ahora es que las próximas generaciones empiecen a gozar los beneficios de una región en paz y con desarrollo para todos.

¿CUÁLES SON LAS
VÍAS DE LA PAZ?

La construcción de vías secundarias en el Sur del Tolima, se inició en agosto de 2008, cuando se firmó el primer convenio entre Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE)-Fondo Paz, la OACP, Acción Social (Hoy DPS) y la Federación Nacional de Cafeteros para la construcción de la vías Ataco – Planadas y Chaparral – Río Blanco.

Este acuerdo fue el primero de siete convenios, firmados hasta el 2015 y destinados a darle continuidad a la construcción y pavimentación de las vías Ataco-Planadas, Chaparral – Río Blanco y San Antonio - Cruce El Maito, en la vía a Chaparral.

Entre 2008 y 2015, la OACP a través de Fondo Paz ha invertido cerca de 227 mil millones de pesos. Esta inversión se ha hecho en obras de pavimentación, intervención de sitios críticos con obras especiales de estabilización, construcción y recuperación de puentes, drenajes y cunetas y pavimento rígido en centros poblados con adecuación de redes, incluyendo además las interventorías. La Federación Nacional de Cafeteros ha invertido 5.894 millones en estos proyectos viales, sobre todo en la adecuación de carreteras terciarias, superando el valor inicial convenido de 3.356 millones.

Todas estas obras se realizaron a través de la Federación Nacional de Cafeteros y su Comité Departamental del Tolima, gremio que funge como ejecutor y que tiene un papel determinante en el desarrollo económico y social del departamento, que con 62 mil familias dedicadas al cultivo de café, se ha convertido en el tercer productor nacional.

Según datos exactos del Fondo de Programas Especiales para la Paz los recursos se distribuyeron de la siguiente forma:

VÍA DEL SUR DEL TOLIMA LONGITUD VÍA
(KM)
LONGITUD DE VÍA MEJORADOS Y PAVIMENTADOS PRODUCTO DE LOS CONVENIOS MARCO DE COOPERACIÓN
(KM)
VALOR APORTE DAPRE-FONDO PAZ EJECUTADO OBRA (MILLONES DE PESOS) * VALOR APORTE DAPRE-FONDO PAZ EJECUTADO INTERVENTORÍA (MILLONES DE PESOS) TOTAL APORTE DAPRE-FONDO PAZ EJECUTADO (MILLONES DE PESOS)
Ataco - Planadas 74,6 42,69 135.659 5.803 141.462
Chaparral - Rioblanco 51,7 29,62 65.828 1.969 66.797
San Antonio - Chaparral 28,2 10,75 17.268 1.727 18.995
TOTALES 154,6 83,06 217.755 9.499 227.254

La inversión en estas vías del Sur del Tolima muestra como desde el último Gobierno del Presidente Uribe y los dos periodos del Presidente Juan Manuel Santos, la Presidencia de la República a través de la OACP y Fondo Paz han reforzado su compromiso con el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes del sur del Tolima y ha venido generando con estos proyectos las condiciones para la construcción de la paz en esta región.

EL PUENTE DE LA PAZ
Una deuda con los
habitantes de Marquetalia

Durante el mes de noviembre y diciembre del año pasado, una delegación del Gobierno Nacional en cabeza de María Inés Restrepo, directora del Fondo Paz y artífice principal de estas intervenciones, y Gerson Arias, asesor de la OACP, recorrió los municipios del Sur del Tolima, escuchó a sus habitantes y respondió sus principales inquietudes frente a la Mesa de La Habana, la construcción de paz y las obras de inversión social para zonas, que como el Sur del Tolima, han estado afectadas por décadas de violencia.

Durante una semana, los delegados del Gobierno viajaron por los municipios de Ataco, Planadas, Chaparral, Rio Blanco y San Antonio, y escucharon de los habitantes de esa región. A su llegada a Gaitania, corregimiento ubicado en el flanco de la cordillera central, y en su camino hacia la emblemática Marquetalia, vereda testigo del nacimiento de las FARC, los delegados del alto gobierno se encontraron con un improvisado puente en la vereda Villanueva, un puente construido por la propia comunidad.

Por este puente, que con gran esfuerzo es mantenido por la comunidad, transitan unas 2.500 personas de las veredas de Peña Rica, Villa Nueva, los Guayabos, Marquetalia y las veredas La Bella y Agua Blanca del resguardo nasawes’x. El puente, es el medio por el que se conectan los habitantes de estas zonas con el resto del corregimiento y del municipio de Planadas, por lo que es de vital importancia para la movilidad de más de 168 familias.

Durante ocho años, el esfuerzo de familias indígenas y campesinas ha sido enorme, así como su sufrimiento tras el incumplimiento de varias promesas de construir un puente que no represente peligro para su comunidad y que mejore el tránsito a estos lugares. Con la llegada delegación del Gobierno, y después de muchas preocupaciones expuestas por la comunidad durante la visita de la delegación oficial, los líderes y lideresas campesinas solicitaron ayuda para la construcción del puente:

“Una vez más asistimos a su Oficina, pues creemos en la Paz y el escenario favorable de posconflicto en el que viene orientándose el Estado colombiano, así como las personas de poblaciones como la nuestra, que han sufrido de manera crónica los riesgos y consecuencias del conflicto, para pedirle la construcción del Puente de la Paz, nombre que queremos darle al puente que hemos anhelado tanto, como la paz misma”, aseguraron los líderes locales de la región en una carta enviada a Sergio Jaramillo Caro, Alto Comisionado para la Paz.

Como respuesta a la petición de la comunidad, el 30 de diciembre de 2015, se firmó un convenio entre la OACP, Fondo Paz y la Federación Nacional de Cafeteros con el fin de “coordinar acciones de paz, de desarrollo y seguridad enmarcadas dentro del desarrollo social para adelantar propuestas y proyectos de inversión con el propósito de aliviar la afectación que sufren las comunidades que redunden en la generación de confianza y en el bienestar de toda la población colombiana y en especial de aquellas personas y regiones afectadas por los fenómenos de violencia, asegurando la buena inversión de los recursos, adoptando métodos de control y vigilancia”.

Actualmente, como producto de este convenio está en proceso la etapa de contratación de los estudios y diseños para construcción del puente vehicular , lo que sin lugar a dudas traerá enormes beneficios para familias de esa zona del país, más desarrollo y más oportunidades.

NOTICIAS
LA NUEVA ESCUELA DE MARQUETALIA       

La nueva escuela de Marquetalia

Una delegación de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) llegó a Marquetalia, una vereda al sur del Tolima, testigo del nacimiento de las FARC, para cumplir el compromiso de fortalecer la educación para la paz.

LOS NIÑOS DE LA HACIENDA          

Los niños de la hacienda

Al corregimiento de Gaitania, en el sur del Tolima, llegaron artistas del clown, para presentar a 30 niños y niñas la obra de teatro “Construyendo paz”.

INFORME ESPECIAL OACP: GOBIERNO LLEGA A TRES MUNICIPIOS SOBRE EL PÁRAMO DE LAS HERMOSAS

Gobierno llega a tres municipios sobre el Páramo de las Hermosas

​​Vías para la Paz, reactivan economías en sur del Tolima

INFORME ESPECIAL OACP: LAS VÍAS DE LA PAZ BENEFICIAN A LOS HABITANTES DE MARQUETALIA EN EL SUR DE TOLIMA

Las vías de la paz benefician a los habitantes de Marquetalia en el sur de Tolima

Cerca de 20 familias, habitantes de la vereda Marquetalia, cuna histórica de las FARC, se beneficiaron de los desarrollos viales que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP) y el Fondo de Programas Especiales para la Paz (Fondopaz) realizan en el Sur del Tolima.

INFORME ESPECIAL OACP:CONTINÚA EL RECORRIDO POR LAS VÍAS DE LA PAZ EN EL SUR DEL TOLIMA

Continúa el recorrido por las vías de la paz en el sur del Tolima

El recorrido en el sur del Tolima continúa por los municipios de Ataco y Planadas

INFORME ESPECIAL OACP:RECORRIENDO LAS VÍAS DE LA PAZ EN EL SUR DEL TOLIMA

Recorriendo las vías de la paz en el sur del Tolima

Se inició hoy en Ibagué el recorrido por las vías de la paz en el sur del Tolima

Edith Enciso ganadora del concurso Taza a la excelencia 2006

LAS MUJERES
CAFETERAS
UN EJEMPLO
PARA EL PAÍS

En el corregimiento de Gaitania, en Planadas, las mujeres han sido protagonistas en el desarrollo de su región. Luego del asesinato de su padre, Astrid Medina, tomó las riendas de la finca que le pertenecía a su familia, y se convirtió en la ganadora de concurso Taza a la Excelencia 2015, una competencia que premia al mejor café de Colombia.

Astrid es hija de Aureliano Medina, un líder cafetero de la región que fue asesinado en agosto del 2006, cuando fue tomada su finca ‘Buenavista’. No habían pasado dos años de la compra de la tierra cuando Astrid se vio forzadamente junto con su esposo a luchar por el legado que su padre había iniciado.

De tres hectáreas que su padre sembró, en ocho años pasaron a tener doce hectáreas obtenidas mediante créditos y con el amor y empeño en su trabajo y gracias al apoyo que la Federación Nacional de Cafeteros les dio en la capacitación y orientación.

El premio fue un justo reconocimiento no solo a su lucha sino además al amor por su región. “Uno se llena de mucha alegría, ese día de la premiación, cuando dicen que mi nombre es el primero, yo me acuerdo que yo me llené de muchos nervios y yo no lo podía creer y yo decía es bendición de Dios y es parte del trabajo y del amor que toda una vida uno a dedicado a una región”.

El reconocimiento por su amor al café no fue solo el premio, el 27 de septiembre del año pasado, Astrid viajó con la Federación Nacional de Cafeteros a Japón. Fue invitada a exponer lo mejor del café colombiano. Astrid define como una bendición los convenios que han permitido el mejoramiento y la pavimentación de las vías al sur del departamento. “Si nosotros tenemos café de alta calidad y los extranjeros nos quieren visitar, hacen que los tramos sean más cerca y los extranjeros nos visiten”./p>

Pero Astrid no es la primera caficultora de esta región en ganar el premio, en el 2006, Edith Enciso, ganó también esta distinción en el 2006, cuando la recolección aún se hacía en medio de las balas, haciendo del municipio de Planadas el primer productor de café de alta calidad en todo el departamento del Tolima. Para muchos tolimenses y colombianos, Astrid y Edith son un ejemplo de mujeres emprendedoras que están dentro de la actividad cafetera creando trabajo, progreso y ayudando a cambiar el imaginario de las décadas de guerra que ha tenido que soportar su región.

ÉSTA ES LA
HISTORIA DE
LA POBLACIÓN
DEL SUR DEL
TOLIMA EN DONDE
NACIERON LAS FARC

La Gaitania testigo del
nacimiento de las FARC

Llegar a Gaitania no era tan difícil como hasta hace unos años. Las trochas y viajes a lomo de mula por sus empinadas cuestas hacían de las rutas una tortura para los viajeros, sin embargo hoy los camperos que salen desde Planadas, su cabecera municipal, se van descolgando y zigzagueando por una carretera de 19 kilómetros a la que le faltan unos pocos kilómetros por pavimentar.

Es un viaje sobre la Cordillera Central por donde se abre paso el río Atá, que se ve desde las cumbres como un hilillo de agua que recorre caprichosamente buena parte del sur del Tolima. Es también la ruta que en los veranos permite ver al majestuoso Nevado del Huila con sus copos de nieve que brillan como diamantes en las montañas, lo que obliga a los viajeros a detenerse por instantes para ver ese espectáculo natural.

Si bien el recorrido produce un poco vértigo la primera vez, también es cierto que en el paisaje se admiran las fincas con cultivos de café sembrados en desfiladeros como enormes colchas de retazos con tonos verdes y degradé, las que convierten a campesinos de la región en verdaderos malabaristas durante las temporadas de siembra o cosecha.

En la medida que los visitantes y pobladores se acercan, la naturaleza se torna más generosa, sobre todo con aquellas personas que van al pueblo por primera vez y que como cualquier turista, no cesan de disparar sus cámaras de fotografía con el fin de dejar constancia en sus vidas de la existencia de un lugar del planeta que permite darle vida a todo los que se cultive y mueve.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos se llega a Gaitania, el corregimiento por donde se han cruzado todas las violencias de este país, el que permite conectar al sur del Tolima con el Huila, Cauca y Valle del Cauca. Pero también el lugar donde nacieron las Farc, el grupo guerrillero que después de 50 años de violencia, habla de una posibilidad de finalizar el conflicto armado y participar sin armas en la vida política y democrática de este país.

Gaitania está en movimiento continuo. Vehículos y animales que se cruzan a diario por sus carreteras, un alentado comercio de café que se carga y descarga en los camiones, de mercancías y otros productos agrícolas que permiten deducir al visitante que a pesar de todo lo sucedido, hay una economía que está creciendo y que la paz que anhelaron durante mucho tiempo sus habitantes, se acerca para espantar las sombras de la violencia.

Fundado en 1920 como una colonia penal a la que iban a purgar sus penas contrabandistas de tabaco y aguardiente, en el corregimiento sus habitantes aún no se ponen de acuerdo con la reconstrucción de su historia. Sin embargo, de esas tertulias callejeras y de algunos libros que han circulado, se tiene que primero se llamó San José de Huertas, después colonia El Tambo, luego San José de Atá y finalmente Gaitania, en homenaje a Jorge Eliécer Gaitán, al líder liberal asesinado el 9 de abril de 1948.

Otro tanto de controversia se genera con la de los primeros pobladores. Aun así, hay coincidencias en el sentido de que el origen del pueblo está en los reclusos de la colonia que vinieron a pagar penas y terminaron quedándose a vivir, entre ellos, Nemesio Salcedo, Agustín Trilleros, Aníbal Olaya, Esteban Medina, Tomás Castro, Luis Ángel Gallón, Luisa Morales, Fidel Osorio y Salvador Walteros.

Uno de los personajes considerados como historia viviente del pueblo, es Rogelio Orozco Morales, quien vive a la entrada del pueblo, por la vía que viene de Planadas, donde vende frutas y verduras traídas de otras regiones del país. A él todo el mundo lo conoce, tiene 68 años que no aparenta y cuando de historia se trata, es quien mejor describe las bondades y algunos pasajes de la vida cotidiana de Gaitania, hasta el punto de convertirse en una especie culebrero para ponerle emoción a sus narraciones.

- “Yo nací en Neira Caldas y en 1948 me trajeron acá a la edad de 10 años. Éramos un combito de siete muchachitos que después de un viaje de seis días por carretera y luego a lomo de mula, llegamos Gaitania. Esto era un pueblito de muy pocas casas donde vivían unas diez o quince familias, no había donde estudiar, no existía corregiduría ni junta de acción comunal, pero tampoco violencia”, dice al tiempo que recalca que en la colonia penal donde ponían a trabajar a los presos y cuando pagaban sus condenas, cada uno le echaba mano a un pedazo de tierra.

Al poco tiempo de estar en Gaitania, sus padres Rogelio Orozco e Inés Morales García, compraron una finca y los pusieron a trabajar hasta que en 1950 llegó la violencia. Fue cuando su papá le dijo a los amigos: “yo no puedo quedarme aquí con este reguero de muchachos, me toca volver a Neira”. Cinco años después, luego de idas y venidas a saber de la finca, regresaron.

Pero la accidentada historia seguía su curso. Por esa misma época ya había llegado junto con su tíos y primos otro poblador, se trataba de Pedro Antonio Marín, quien se convertiría en el fundador de las Farc, un campesino que trabajó como obrero recogiendo café y tumbando monte luego de salir corriendo de Génova, Quindío, hasta donde llegaron los ‘Pájaros’ a acabar con cuanto liberal vivía en el municipio.

“Yo conocí a ‘Tirofijo’ cuando tenía 18 años y era una persona común y corriente. Pasaba frente a la casa que teníamos a la orilla de un camino real que se llama El Diamante y vivía con su tío Tulio Marín, quien lo tenía trabajando en la finca voleando machete y cogiendo café desde 1948. Pero en el 50 se volteó todo con la llegada de Chulavitas y ‘Pájaros’, fue cuando él comenzó a formar una cuadrilla en la vereda Marquetalia”, afirma sin dejar a un lado su dejo paisa.

De lo que habla Rogelio con tanta emoción al ir desempolvando vivencias, es otro de tantos capítulos en la historia de violencia local, contado también por algunos pobladores que prefieren quedar en el anonimato a que la gente se entere de que fueron testigos de historias mudas que marcaron sus vidas y la del resto de los pobladores.

Lo cierto es que cuando llegaron los Chulavitas al corregimiento y quemaron las casas de los liberales y los conservadores, salió corriendo todo el mundo y al poco tiempo llegó Marín con su gente a terminar de incendiar lo que quedaba del pueblo para evitar que cuando los agresores volvieran, como lo prometieron, no tuvieran donde llegar. Después agrupó a los pobladores y se los llevó montaña arriba.

-Fue cuando los campesinos le dijeron: “don Pedro, nosotros qué vamos a hacer si no somos de violencia y guerra”, “Echen para arriba, a Marquetalia”, les contestó. Todos guardaron silencio y continuaron su travesía hasta llegar al punto ordenado, donde se dedicaron a trabajar y a sembrar comida en cantidades- recuerda Rogelio.

Pero el otro pedazo de esta historia se reconstruye en pleno centro de Gaitania, donde cada vez que alguien llega a recabar sobre el pasado, se organiza una improvisada tertulia de pobladores que casi siempre coinciden en que Marín, guerrillero liberal en ese momento, solía ir a un punto que se llamaba El Hueco a conversar con sus amigos. Eso era entre 1955 y 1956, tiempo después de que el general Gustavo Rojas Pinilla amnistiara a las guerrillas liberales en todo el país, incluidas las de Marquetalia.

Después, cuentan en el pueblo que estos guerrilleros se repartieron la región. Del Sur de Atá hacia Gaitania, quedó en manos de unos cuarenta hombres comandados por Pedro Antonio Marín y Jacobo Prías Alape, conocido en ese momento como “Charro Negro”. Del Sur de Atá hacia Planadas y Santiago Pérez, quedó José María Oviedo, alias “Mariachi”.

Tanto en los libros como en las versiones de habitantes, se está de acuerdo en que la división en bandos de este grupo de amnistiados de la guerrilla liberal se dio porque en ese momento Pedro Antonio Marín comenzó a militar en el Partido Comunista, mientras que “Mariachi” se alinderó del lado del Ejército, según los pobladores. De ahí vinieron los calificativos de “sucios”, en referencia a los hombres de Marín, y “limpios” para el caso de “Mariachi”.

“Cuando ya empezó el Frente Nacional y se acabó la amnistía de Rojas Pinilla, mi papá se encontró con ‘Tirofijo’ y en una de esas conversaciones que tenían con poca frecuencia, el guerrillero dijo: -Tocayo esto se va a poner muy bueno porque el gobierno que va a llegar nos servirá mucho, ponga cuidado y verá-”, añade Rogelio al continuar reconstruyendo los pasos de ‘Tirofijo’ en Gaitania, donde fue nombrado inspector de carreteras.

Entre tanto, ‘Mariachi’ seguía buscando comunistas por toda la zona, hasta que en enero de 1960, sus hombres ubicaron a Jacobo Prías Alape en el centro de Gaitania y lo mataron, lo que llevó a Pedro Antonio Marín a rearmarse esta vez contra el Estado porque el ejército no quiso detener a Jesús María Oviedo. A partir de ese momento, asumió el nombre de Manuel Marulanda Vélez, luego lo llamaron “Tirofijo” hasta su muerte.

Pero hubo otro factor que terminó una vez más involucrando el corregimiento con la violencia, pues desde el Congreso de la República en Bogotá, se estaba hablando ya de unas “repúblicas independientes”, lo que provocó la reacción del gobierno del presidente Guillermo León Valencia, quien en 1964 inició la Operación Marquetalia con el propósito de aniquilar a este grupo que después del 27 de mayo del mismo año, pasó a llamarse Farc.

LA GAITANIA DE
NUESTROS DÍAS

La historia de Gaitania y sus veredas se está reconstruyendo a partir de los desaciertos y aciertos de sus pobladores, y también del estigma de una parte del país que quiso mandar a la hoguera al pueblo por el solo hecho de que en 1964 en su territorio las Farc se proclamaron como una guerrilla comunista que iba tras el poder.

La nueva historia comenzó en 1996, cuando los campesinos atraídos por el embrujo del dinero fácil, cambiaron sus cultivos de café, plátano, fríjol y caña de azúcar por los de amapola, hasta el punto de que el 90 por ciento de sus fincas fueron dedicadas a la cosecha de esa flor.

Después comenzaron a llegar grandes cantidades de dinero, pero al mismo tiempo entraron otros males a Gaitania. Se incrementó la violencia, la prostitución y la drogadicción, sumado a esto la deforestación y tala de bosques que luego terminó afectando la fertilidad de las tierras por efectos de la fumigación con glifosato.

Sin embargo, después de cinco años de este cultivo ilícito, la bonanza que trajo el látex también se desinfló después de que comenzó a bajar el precio de este insumo para la heroína. Ese fue el punto de quiebre para que los campesinos tomaran la decisión de volver a cultivar café. Por eso es que hoy sus habitantes, sin temor alguno y a pulmón entero, dicen: “en Gaitania se cultiva y se toma el mejor café del mundo”.

Y tienen razón, en este corregimiento de Planadas, al sur del Tolima, hay sembradas no menos de 10.000 hectáreas de café, aunque hay quienes sostienen que podrían ser más. Pero la afirmación de mejor café del mundo no es de esas campañas publicitarias que se sacan de la manga para conquistar mercados y consumidores del producto, es verdad.

El año pasado en la decimotercera versión de la Taza de la Excelencia, promovida por la empresa norteamericana The Alliance For Coffee Excellence, que tiene como objetivo identificar y seleccionar cafés de alta calidad en países productores, con una calificación máxima de 90,2, la cafetera Astrid Medina Pereira obtuvo el primer lugar.

Pero este no ha sido el único premio. En octubre de 2006, Edith Enciso y su Esposo Wilson Rodríguez, también de Gaitania, entre 700 caficultores del país, se alzaron con el premio de la Tasa de Excelencia. Dos años después, en 2008 se ganaron el premio de mejor café del mundo en el “Roasters Guiad Cofee of the Year”, Estados Unidos, con Edith Enciso. De una manera u otra estos premios han estado compensando el estigma provocado por los años de violencia.

Pero la dicha no ha sido sólo por el café. En las cuentas de lo que hay ahora, de acuerdo con las historias de Rogelio Orozco Morales, a Gaitania sí se le está viendo el progreso también en la educación, sobre todo porque están estudiando casi todos los niños del corregimiento.

“De aquí han salido doctores nacidos y criados en el pueblo. Salió un cura y muchos profesionales más”, afirma al recordar la historia del padre Martínez, quien el día que salió de Gaitania para no regresar jamás, la nostalgia y el calor de la gente lo llevó a desempacar maletas y quedarse hasta el día de hoy.

“Gaitania es un paraíso. Aquí no conocemos de atracos, andamos libres de todo eso y andamos tranquilos por donde queremos”, concluye el hombre lleva viviendo 58 años en el pueblo y que ve con optimismo el futuro que les espera.

Por el momento, los habitantes del Gaitania esperan seguir progresando, para nadie en el pueblo es un secreto que la construcción de las vías es una fuente de oportunidades, que como cuentan se han reflejado en su economía y en más oportunidades para la educación y el desarrollo. Para ellos la inversión en su región es una ventana de oportunidad para alcanzar y mantener la anhelada paz.

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Entre montañas y colindante con la Cordillera Central está la única institución educativa de Marquetalia (Tolima). Allí, hablar de tecnología y garantías para el acceso a la educación era un sueño hasta hace muy poco.

AGRADECIMIENTOS

* A Maria Inés Restrepo Cañón, Directora del Fondo de Programas Especiales para la Paz de la Presidencia de la República

* Al equipo de ingenieros de Fondo Paz: Ernesto Gómez y Hugo Joaqui Zúñiga.

* Al Comité Departamental de Cafeteros del Tolima.

* A Gerson Arias, asesor de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, y su equipo de trabajo; Enrique Rivas, Paola Forero, Joanna Rojas y Carol Barajas.

* Al área de comunicaciones de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, y su equipo de trabajo, Laura Clavijo, Camilo Galeano y Omar Nieto.

* Créditos: Fotos: Omar Nieto - Fotos y videos: Enrique Rivas